Por Felipe Vallejos 

Con pocas horas en suelo dominicano, por vez primera José Antonio Barbosa da cuenta de su impresión de Santo Domingo. “Desde mi punto de vista, como arquitecto y urbanista, hay una suerte de caos”, comenta. Y no está lejos de la realidad. Para nadie es un secreto que la capital de la República Dominicana tiene enormes desafíos ante un acelerado crecimiento económico, reflejado en los cada vez más complejos edificios y torres comerciales que se levantan a los pies del mar Caribe.

Con todo, Barbosa no es ajeno a la buena fama de la Zona Colonial de Santo Domingo, el casco antiguo donde todo inició de este lado del continente.

Al preguntarle si se le hace más cómodo hablar en inglés o en español —el portugués, por ahora, de este servidor no llega a ese nivel— nos confirma que prefiere hablar español, el cual maneja casi a la perfección. Dice con orgullo que pertenece a la ciudad de Porto, la segunda en importancia tras Lisboa. Fue ahí donde estudió y recibió clases de dos maestros de la arquitectura portuguesa, Eduardo Soto de Moura y Álvaro Siza, ambos premios Pritzker, y este último, su gran inspiración, “por ser quien mejor representa la esencia de la arquitectura de Portugal”.

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El elemento sísmico

Aunque en su enorme currículum, que incluye innumerables premios a nivel internacional, al cual se suma el reconocimiento que le otorgó la Universidad Iberoamericana (Unibe), no incluye trabajos en países sísmicos como Chile y Perú, Barbosa no cree que su trabajo se vea afectado por hacerlo en tierras con inestabilidad geográfica.

A esto responde con un ejemplo de su natal Portugal: “es un país sísmico como tal, donde debemos cumplir con las altas exigencias legales de construcción, por lo que no habría problema en construir en estos países, para nosotros no tiene dificultad hacerlo”, explica.

Mismo paralelo hace en la vida de ciudad entre Europa y América Latina. Explica que el orden del Viejo Continente contrasta con el caos de este lado del mundo, algo que se justifica en cierta forma por el acelerado crecimiento de las ciudades de la región. “Aquí hay un gran crecimiento de las ciudades, cosa que no acontece en ciudades viejas como Porto; por tanto, cuando hay poco crecimiento es más fácil tener todo organizado, pero cuando un país está en un desarrollo muy grande, hay un reflejo en la arquitectura y el urbanismo”, argumenta.

De todos modos, Barbosa hace una advertencia que va más allá de la edificación de grandes obras en las principales urbes del mundo: “Mucho más importante que edificios, es vital para las ciudades rescatar sus espacios públicos, donde la arquitectura juega un papel fundamental por su rol social”, enfatiza.

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José Antonio Barbosa. (Foto: Reynol Rosado)

Vistazo a Santo Domingo

“Para ser sincero, yo diría que como arquitecto y urbanista con un trabajo premiado en base a edificios que construí, lo primero que me llamó la atención, lo que me causó una impresión fue de orden caótico en lo urbano, un poco de anarquía; en contraste con Europa, donde todo está muy bien definido. Para mí entonces es un poco extraño”, comenta Barbosa al momento de hablar de la capital dominicana.

El arquitecto portugués, quien confiesa tener una gran conexión con Brasil, en donde posee una empresa en el norte, “nada relacionado con la arquitectura”, dice que cambiar una ciudad como Santo Domingo llevará décadas. “No es una cuestión de días o de que un político venga y diga mañana cambiaré la ciudad”, sostiene. Agrega que con base a la gestión social que debe tener la arquitectura, el rescate de los espacios públicos se torna fundamental, pues acondicionar un barrio, como sus calles, sus parques y otros espacios, llevará a que los vecinos del lugar hagan lo propio con sus hogares, por efecto de imitación, explica.

No obstante, Barbosa siente un gran respeto por el casco antiguo de la capital. “Sé que Santo Domingo tiene una zona histórica preciosa. Pienso que es algo importante, para cualquier ciudad preservar y recuperar su patrimonio histórico. Por tanto, pienso que hay un trabajo para consolidar en República Dominicana, en Santo Domingo”, expresa.

En nuestra entrevista, Barbosa estuvo acompañado de Paulo Alves, vicepresidente ejecutivo y fundador de la Cámara de Comercio Domínico Portuguesa, entidad a través de la cual se gestionó su visita al país para recibir el premio de Unibe.

Barbosa no duda en señalar el principal desafío de América Latina por delante: crecer con orden y respetar y rescatar el patrimonio histórico de sus ciudades. “Cambiar una ciudad o un territorio es una tarea muy larga, no es una cosa de unos días, demora décadas, y para ser totalmente sincero, pienso que demorará 10 o 20 años para implementar todas las transformaciones que conduzcan a tener ese nivel de desarrollo similar a ciudades como París y Roma, o a ciudades de Portugal como Porto o Lisboa”.

Dice que la pobreza y las necesidades básicas de muchos países del continente frenan la inversión en espacios públicos, porque a juicio de Barbosa, problemas como la falta de vivienda y servicios básicos deben cubrirse primero. “Cuando la principal preocupación es dar vivienda a las personas, es muy difícil decir a los ciudadanos, ‘no te voy a dar una casa porque haré un parque, unas piscinas o un teatro’. Sólo cuando esas gestiones sociales quedan establecidas, se abre la posibilidad de invertir en el espacio público, de lo contrario, es muy difícil”, argumenta.

Da como ejemplo la metrópoli brasileña de Curitiba, de condiciones muy similares a Santo Domingo. En esa ciudad medidas sencillas, pero efectivas, se llevaron a cabo, relata Barbosa. Un ejemplo fue pagarle a los ciudadanos por recolectar y llevar basura a oficinas designadas. Otro caso fue darle a las personas pintura para pintar los muros interiores y exteriores de sus hogares, empujando a sus vecinos a imitarlos, construyendo un ciclo virtuoso, explica.

Animado por la charla, Barbosa asegura que la imaginación para hacer más eficiente un país es fundamental. Dice, citando a uno de los grandes de la arquitectura portuguesa Eduardo Soto de Moura, “si tienes una calle bien mantenida y espacios públicos bien tratados, en esos predios puedes aspirar a que los hogares tengan buen estado, empujados y motivados por su entorno”.

Para el final, una reflexión que refleja su pasión por lo que hace. “No es casualidad que llevo conmigo un block para dibujar constantemente, tal cual hace un músico o un atleta en sus disciplinas. Un buen arquitecto debe dibujar todos los días para continuar haciendo dibujos que sean al final eficaces”. A juzgar por su trayectoria, será mejor hacerle caso y tomar un block y un lapicero y comenzar a soñar.

Previo a salir de la sala, José Antonio Barbosa nos detiene y deja ver su satisfacción por el tipo de entrevista que se le realizó. “Pensé que me ibas a preguntar por mi música favorita o qué perfume uso, nada de arquitectura”. Entre risas, le confirmamos que Forbes no entrevista a nadie sin previa preparación.

 

Más allá de planos

Paulo Alves, vicepresidente ejecutivo y fundador de la Cámara de Comercio Domínico Portuguesa, comenta: “La educación pública es uno de nuestros principales ejes de trabajo”. Con perfecto español y una trayectoria marcada por su trabajo en multinacionales, Paulo Alves vio un nicho que pocos visualizaron: que el intercambio comercial entre Portugal y República Dominicana podía ser más amplio y conveniente para ambos países. Esto se tradujo en lo que es hoy la Cámara Domínico Portuguesa, fundada en 2014.

Aunque reconoce que la colonia portuguesa en el país es mínima, la estima en 250 personas, el intercambio comercial es significativo: alrededor de 300 millones de euros anuales. En adición, de inmediato le pone una condición para estimarlo con exactitud: “muchos productos entre países pasan primero por Panamá, Estados Unidos o España, no directamente de Portugal”.

Casado con una dominicana, Alves, al llegar a República Dominicana vio que Portugal no tenía ni consulado ni embajada, ni tampoco había algún acuerdo bilateral. Apunta que la cámara intenta cubrir ese vacío y ser un motor para que las empresas de Portugal busquen oportunidades en el país y viceversa.

Dice que el proyecto más importante que tienen a corto plazo es la educación, principalmente en el sector público, “para elevar la calidad de la educación en el país con herramientas tecnológicas y en la forma de aprendizaje, primero con un proyecto piloto que toma buen tiempo, para luego buscar un consorcio que permita consolidar un ecosistema educacional, involucrando a los profesores, alumnos y padres, permitiendo que, por ejemplo, una computadora entre por primera vez en un hogar de escasos recursos”.

El directivo de la Cámara revela su entusiasmo hacia el futuro: “Buscamos triplicar el intercambio comercial en cinco o seis años”. Portugal nos avisa: va en serio.

 

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