Estimular el dinamismo económico sin procurar una sociedad con mejor calidad de vida puede ser un error costoso en el largo plazo.

 

 

El jueves 26 de septiembre tuve la oportunidad de asistir a la Residencia de Francia para la entrega de la Condecoración de Caballero en la Orden Nacional del Mérito que el gobierno francés otorgó al Doctor François Boucher por su trayectoria en temas de desarrollo económico y rural.

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Durante el evento platiqué con sobre distintos aspectos del desarrollo económico y algunas de las influencias de su trabajo, como lo fueron  los premios nobel de economía Amartya Sen y Elinor Ostrom.

La conversación giró en torno del trabajo de Sen y Ostrom, el concepto de capacidades y la administración de bienes públicos.

La charla me recordó el poco interés que se le presta al desarrollo, en muchos casos equiparando directamente con crecimiento económico. Si bien el crecimiento es un factor importante y una condición necesaria para conseguir mayor desarrollo, no es una condición suficiente para el mismo.

Siguiendo los conceptos de Sen respecto al desarrollo y cómo debe ser aproximado vía las capacidades de las personas, el desarrollo debe pasar mucho más por una mejora continua en la calidad de vida y un creciente número de oportunidades y las capacidades para sacarles provecho.

Sin embargo la atención de la opinión pública suele centrarse en las variables macroeconómicas coyunturales y poco en cómo las mejoras en las condiciones de vida realmente están detrás de gran parte del desempeño de toda la economía. Esta es en buena medida la diferencia entre un país que le da importancia a sus ciudadanos y no solo busca un  porcentaje del PIB que reportar a conveniencia.

La opinión pública pone muy poca atención a las condiciones de vida de las personas, hasta que pasan desastres como los ocurridos a causa de las tormentas que golpearon al país. Más bien parecería que se ignorara la realidad hasta que resulta físicamente imposible hacerlo.

Discusiones  sobre la  falta de seguros que cubran los daños materiales deberían ser asuntos obvios dado el pésimo funcionamiento del sistema financiera mexicano en sus funciones básicas (entre ellas la de mitigación de riesgos y la de suavización del consumo en el tiempo). Sin embargo son temas tratados como grandes cuestiones circunstanciales, que de forma sorprendente, se busca  atribuir a las personas. No se les trata como los problemas verdaderamente estructurales que son, en buena parte, atribuibles a una mala regulación.

Lo mismo pasa con la gran mayoría de las administraciones públicas en México a todos sus niveles, demasiado ocupadas en cómo hacerse de mayores cantidades de recursos y no en cómo ejercerlos de mejor manera. Sin entender que  la mejora en servicios y bienes públicos tienen impactos simultáneos en las capacidades de las personas. Por consiguiente en el crecimiento futuro vía aumentos en productividad, progreso técnico, etc.

En el contexto de las reformas que se discuten.  Los incrementos de impuestos como los que se plantean en la reforma fiscal serian mejor aceptados si existiera una perspectiva de desarrollo en las autoridades y el gasto público favoreciera una redistribución que realmente se viera reflejado en servicios  y bienes públicos de mayor calidad.

Una perspectiva de desarrollo plantea preguntas muy relevantes para distintos aspectos de la economía y las políticas públicas, en crecimiento, comercio, educación, seguridad social, el medio ambiente entre muchas otras. Reducir el desarrollo a un simple indicador de crecimiento o programas sociales mal diseñados, como los de la cruzada contra el hambre, es simplemente renunciar a la generación de una mejor sociedad y a poner la calidad de vida de todos como un eje central de las políticas públicas.

Para una buena lectura que resume en gran medida la perspectiva de desarrollo dentro de la economía el libro “La Idea de la Justicia” de Amartya Sen es muy recomendable. De la misma manera para entender más de bienes públicos el libro “Gobernando a los Comunes” de Elinor Ostrom es sumamente recomendable.

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Por el inicio de la época de entrega de premios nobel aquí mi lista de economistas que me gustaría lo ganaran este año  y que cuentan con las credenciales para eventualmente poder hacerlo.

 

1.- William Nordhaus

2.- Paul Romer

3.- Dani Rodrik

4.- Avinash Dixit

5.- Esther Duflo

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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