Ante la noticia de que la ciudad estadounidense de Detroit entraba en bancarrota, han surgido desde la sociedad varias estrategias para darle nuevos aires a esta emblemática ciudad automotriz.

 

 

 

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Apenas en diciembre de 2013, nos enteramos que un juez federal de Estados Unidos anunció la declaratoria de bancarrota a la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, al noreste de la Unión Americana.

La noticia no era nueva: con la debacle de la industria automotriz de años recientes y la salida de armadoras como General Motors, Ford y Chrysler, Michigan se acercaba a un bache financiero prácticamente imposible de sobrellevar.

Así, para finales del 2013, la ciudad acumuló una deuda de 18,000 millones de dólares, sumándose a otras siete ciudades que a lo largo de 2012 se integraron a la lista de “en quiebra”.

Ante la insolvencia del gobierno, la sociedad ha desarrollado iniciativas para hacer llegar, desde distintos flancos, dinero a las arcas tanto personales como municipales y aminorar el impacto de esta crisis que no es menor.

Una de estas iniciativas, y que me llama muchos la atención, fue la que lanzó una organización de escritores de Detroit en la que llaman a darle vida y nuevos aires a la decadente ciudad.

Llamada “Write a house” (WAH) es una invitación a escritores y periodistas emergentes a habitar la ciudad, a cambio de algo de labor comunitaria relacionada con la cultura. Fundada en el 2012, “Write a house” tiene una sola misión: utilizar la formación profesional para renovar viviendas desocupadas y luego dar estos hogares a los escritores.

¿Sencillo, no? Es decir, de acuerdo a “Write a house”, lo que se busca es hacer de esa ciudad un referente cultural, un eje para escritores, poetas y periodistas que lleguen a vivir a sus edificios o casas, completamente sin costo.

¿La recompensa? La casa que elija el escritor o el periodista será de su propiedad, con la condición de que el novel talento viva en Detroit al menos por dos años y tenga, al menos, ingresos bajos.

De acuerdo con “Write a house”, los interesados no pagarán renta, pero sí tendrán que correr con los gastos del seguro y de impuestos.

El fondo de este programa tiene una función social: educar a los jóvenes de Detroit en habilidades como carpintería y la construcción, quienes se ocuparán de la reconstrucción de edificios y casas desalojadas que, según cálculos, esta cifra alcanza los 78,000 edificios, de los cuales al menos 39,000 se encuentran en riesgo o peligro de sufrir algún colapso.

Y alguna de esas casas rehabilitadas por los jóvenes será donada a miembros de la comunidad cultural que hayan aplicado para obtener una vivienda.

El proceso para aplicar y ser parte de lo que se denomina una “WAH Autor-in-Residence” no difiere mucho de otros procesos de selección o concursos de becas de universidades destacadas.

Hay que enviar al comité de “Write a House” una muestra de los trabajos que el escritor haya realizado, junto con su currículum vitae y una carta de los motivos por los que el escritor desea vivir en Detroit.

Por su parte, el escritor se compromete a habitar por dos años la casa que se le asigne, además de colaborar en un blog colectivo de “Write a House” y realizar labores sociales en la difusión y promoción de la lectura, específicamente.

Lo que me parece curioso es que “Write a House” considere que los autores deben de contemplar hacer de Detroit su ciudad de residencia por el resto de sus vidas. En la página web de la organización, se enfatiza con mayúsculas que “TODOS los solicitantes estarían interesados en hacer de Detroit su hogar permanente”, se lee de forma textual, con las mayúsculas incluidas.

Vamos, que esto no es un programa emergente o de un par de años de caducidad. Lo que busca “Write a House” es darle oxígeno por largo tiempo a la ciudad porque, seguramente, sus habitantes ven el futuro poco promisorio.

El ejemplo de esta organización con fines sociales y culturales nos da una clara idea que los tiempos de crisis son los mejores escenarios para echar a andar la creatividad.

 

 

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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