Por: Luis Javier Álvarez Alfeirán*

El 27 de septiembre, la Organización Mundial del Turismo, organismo de las Naciones Unidas, celebra el día de Mundial del Turismo. La fecha en sí misma es un reflejo la unidad que existe en esta noble industria. Conmemora en primer lugar, la fecha en que se adoptan los Estatutos de dicha organización en 1980, pero también porque en estas fechas coinciden el final de la temporada turística en el hemisferio norte y el inicio de esta en el hemisferio sur.

El Turismo como tal, diferenciándolo del mero hecho de viajar, resulta una manifestación de unidad con sociedades o culturas diferentes; el hecho mismo de viajar implica una apertura a descubrir lo que otros tienen por ofrecernos, conlleva un aprendizaje abandonando las costumbres que nos son cómodas o familiares, dándose en esta apertura, la riqueza del intercambio de experiencias. Hoy día el Turismo es una actividad compleja, generadora de riqueza y que presenta infinidad de variantes: el turismo de aventura, el médico, de negocios, de lujo o el ecoturismo, por citar quizás lo más conocidos, son sólo apenas una muestra de la diversidad de esta actividad que no es menor.

Las consecuencias de la pandemia han puesto sobre la mesa de los países y de las propias personas la relevancia de esta actividad y su importancia para el desarrollo económico. Hace unos meses hablamos del fenómeno conocido como «over tourism» o turismo de masas y el cómo las ciudades más populares que son afectadas gravemente por el mismo protestaban buscando su regulación; ciudades que hoy se dan cuenta de la gran dependencia que tienen de los turistas, colocando en la balanza la cuestión del equilibrio; es decir, de si es mejor tener mucho o no tener nada.

La nueva normalidad brindará este necesario equilibrio en muchos campos, y el turismo es sin duda uno de ellos; se controlarán los excesos que afectaban a los grandes centros turísticos, pero no se restringirán de tal modo que las economías se afecten; aquellos que protestaban por una cosa entenderán que la solución no está en la prohibición sino en la regulación y la justa medida. Las políticas públicas deberán encontrar nuevas formas de fomentar el turismo local apreciando la riqueza interna de las pequeñas comunidades; la hospitalidad renacerá con más fuerza, al quedar en evidencia que el extranjero no es un enemigo, sino una parte fundamental del desarrollo.

El Día Mundial del Turismo será celebrado en medio de restricciones a los viajes, de fronteras aún cerradas, de ocupaciones limitadas y de celebraciones contenidas, pero brillará en la añoranza de los viajes pendientes, de los recuerdos por construir y de la belleza descansada.

La industria turística internacional estará esperando la llegada el huésped más que nunca, demostrando la nobleza de su propia esencia, su eterna validez y necesidad; una industria que, apoyada por la tecnología, ofrece un escape de la misma. El turismo pondrá en evidencia que, a pesar de la sofisticación de la era digital y del mundo virtual en el que ya vivimos, el ser humano necesita del encuentro consigo mismo y con los demás, de un encuentro cara a cara, de persona a persona. Al turismo le corresponde propiciar el ambiente adecuado para que la experiencia de dicho encuentro enriquezca el corazón, el cuerpo y la mente del turista imprimiendo en su ser, imágenes que no provienen de una cámara fotográfica sino de vivencias adquiridas en una realidad que supera por mucho la que proviene de una pantalla.            

Hacer turismo no es viajar, es vivir y atesorar experiencias que no sólo llenan los álbumes de fotografías, sino que trastocan el alma. Celebrar el Día Mundial de Turismo es recordar lo que significa ser persona, es crecer en el espíritu que se abre a nuevos caminos a través de lo que otros nos ofrecen y cuya relevancia no está sólo en el destino –muchas veces incierto–, sino en el viaje mismo.

Contacto:

Luis Javier Álvarez Alfeirán es Director de Le Cordon Bleu Anáhuac*

Correo: [email protected]

Twitter: @DirectorLCBMx

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