El protagonista de Y tu mamá también y co-protagonista de Elysium, sale a escena y no guarda las formas. En entrevista, explica que Canana, la productora de cine que tiene con Gael García y otros socios, nació de la necesidad de protegerse ante una industria que no “salpicaba” lo suficiente para todas las partes.

 

Por Jorge Cervantes

 

Para Diego Luna, la creatividad es como “un viaje en el que lo que importa no es lo que se ve en el resultado final, sino todo lo que pasó en el trayecto”. Defiende la libertad como motor creativo y explica que la regla dentro de su empresa es respetar las ideas hasta que se materializan en un producto, cuyo juicio es responsabilidad, única y exclusiva, del público.

Al lado de su amigo y socio, el también actor Gael García, fundó la Productora Canana, compañía con más de ocho años y con la que ha filmado más de 15 películas.

En entrevista, cuenta cómo son los procesos creativos dentro de su quehacer y cómo transitó al mundo de los negocios, después de darse cuenta de que la industria del cine no “salpicaba” los beneficios de su propio trabajo.

 

¿Es posible ganar dinero en México con las ideas creativas?

Sí, totalmente. Hay libertad, para pocos, pero libertad plena. Mi realidad no sería comparable en ningún otro país. Aquí tú puedes inventar tu propio camino, para bien o para mal. Aunque tampoco es un país que te ayude a encontrar tu vocación, que te ayude a encontrar oportunidades cuando estás a la deriva. Como sea, esto no se trata sólo de hacer dinero, te corresponde salpicar, abrir puertas.

 

El principio del éxito

Uno de los aciertos de Diego y compañía se llama Ambulante, una especie de festival itinerante que se presenta en las plazas públicas y promueve documentales y películas.  Es como un tour de rock que llega a tu ciudad, toca, hace fiesta, deja huella y parte a otro lado. Ambulante ya lleva seis años. “Empezamos con 20,000 espectadores y hoy reunimos a 200,000”, celebra Diego.

Años atrás, Diego tenía otro sueño: cocinar, ser un restaurantero, tener un bar. Pero después se dio cuenta de que eso era un espejismo.

 

¿Y qué tan bien le ha ido a Canana?

Pienso más en activos, no en utilidades que pueda recibir para gastármelas en una cena de fin de año. El ángel que ha cuidado a nuestra empresa pondera más el resultado final de las películas que hacemos, de los espectáculos que producimos. La regla es que se celebra el punto de vista de quien dirige y cuenta la historia, y se protege el producto final que el público verá.

 

¿A cuánto ascendió la inversión inicial de Canana?

Es muy relativo. De repente, nuestras carreras tenían un valor agregado que no habíamos planeado, y cuando caímos en cuenta de que eso existía y que había que capitalizarlo, eso fue lo que le aportamos a esta empresa.

 

¿Cómo se “salpica” el dinero en Canana? ¿Cómo se reparte?

Hasta ahora, en México no hemos podido lograr que el cine sea buen negocio. Lo más interesante sucede alrededor de la vida de una película. El cine está muy recargado en dineros públicos. Aquí la única opción de ingresos es la venta de boletos en taquilla. La industria del cine en México está muy lastimada. Por ejemplo, estamos haciendo 70 películas al año, pero sólo para gastar el recurso, no para llegarle al público. En otros países, las productoras cuentan con equipos que se dedican a buscar historias para tener un arsenal y definir cuál es posible filmar. Aquí, en cambio, hay que filmar mañana, como sea. Las películas que conectan con el público y generan industria llegan a cuentagotas. Es por eso que nosotros hacemos películas pensando en el mundo como mercado. Tenemos un mercado potencial gigantesco en Estados Unidos para un cine contemporáneo, sofisticado, que celebre la inteligencia del público. Hoy, allá existe una primera, segunda o tercera generación que no necesariamente está conectada con América Latina, pero que tiene un vínculo inquebrantable y, cuando conectemos con ellos, serán nuestro mercado natural. [youtube id=”2QFnYzBXK-M” width=”620″ height=”360″]

¿Zona de confort? No

Diego, ¿estás dónde te habías imaginado estar?

Nunca me la puse tan difícil, la verdad. Yo era feliz haciendo teatro y teniendo el chance de viajar un poquito con mi trabajo. Tenía una vida que me gustaba mucho. Siempre he tenido sueños empresariales, pero todo era más artesanal y casero. Hoy, esta compañía es tan grande que a veces llego y me encuentro sentado ante gente que no conozco, proyectos que no me da tiempo de verlos crecer.

Diego tiene mucho qué celebrar: “Es bien padre sentirse parte de algo que ya trascendió. Es una tranquilidad también saber que cuando algo te pasa, cuando una oportunidad viene, puedes compartir ‘el viaje’ con una familia que te va a cuidar, que te va a proteger. Es el sueño de cualquier huérfano —y el mío propio que soy medio huérfano siempre he tenido esa obsesión de crear una familia”.

Como todo proceso de transición, éste que vive, no ha sido fácil. “Recuerdo que Y tu mamá también, cuando tenía 20 años, me llevó a entenderme como parte de algo más grande; eso me ayudó a evolucionar, porque vivía en una zona de confort con una meta de crecimiento casi nulo. Con esa película me di cuenta que yo era mi propio enemigo”.

“Por fortuna —celebra— este camino lo han seguido (y seguirán) otros. “No es que suceda en todo el país, vivimos un rezago impresionante, pero hay nichos que hoy se están comparando con otros referentes y eso hace que haya historias emocionantes que motivan. Por eso, debemos crear infraestructura para que esas voces se queden en México y contagien a otros”.

 

¿Qué falta para que esas voces no se fuguen del país?

Lo que pasa es que vivimos en un país completamente desbalanceado, lleno de incongruencias con las que hemos aprendido a vivir, de contrastes absurdos, de una desigualdad rampante. Mientras vivamos en un país donde haya ricos tan ricos y pobres tan pobres, estamos jodidos y así seguiremos. Por eso la gente se va y algunos ya no regresan. Nuestra memoria sexenal nos ha malformado no para construir, sino para capitalizar. Todo mundo vive para llevarse lo que pueda, lo más rápido; o guardarlo en una caja fuerte o comprar cosas, porque tu dinero, mañana, puede valer la mitad o menos.

¿Quién tiene que asumir la responsabilidad para frenar la fuga de talentos? Las autoridades deben tener voluntad para construir. Alguien debe explicar por qué un país que gasta tanto en educación sufre tantos rezagos. Somos uno de los países que más gastan en educación en América Latina, pero ¿por qué no se nota esto, por qué leemos tan poco? Cuando entendamos que la inversion debe ser a largo plazo, que el quehacer de un político no es colgarse medallas, sino construir algo que probablemente ni siquiera le toque ver, las cosas podrán mejorar. Estamos en un país que tiene que cambiar.

 

Renovarse, siempre

Diego presume estar claro de lo que ahora tiene qué hacer. Y todos los días, antes de salir de casa, un pensamiento lo captura: “No tengo que dejar de ser quién soy o dejar mi vida a un lado para hacer lo que hago. Desde que me levanto ya sé en qué voy a trabajar. Las historias de amor, de amistad y de familia están directamente relacionadas con mi trabajo”.

 

¿Te ves encabezando a la generación que está transformando a México y proyectándolo de otra manera?

Ni tantito. Para nada. Lo que estoy haciendo es parte de algo mucho más grande y que trasciende, incluso, a los que hacemos cine. Canana es una manifestación de ello. Esta productora encontró un nicho de negocio que está capitalizando. Sin embargo, el avance tecnológico que proyecta una revolución en el cine (lo que implicaría quizá ver el cine en un dispositivo móvil) deja un desafío para Canana. ¿De qué manera Canana se reinventará, cuando sea necesario? Ese escenario, reconoce Diego, es un emocionante reto.

“No nos queda de otra. Canana se ha diversificado y ahora tenemos un brazo dedicado al branded content, que se enfoca en generar contenidos con reglas distintas, pensando en cuánto tiempo se pasan las nuevas audiencias pegadas frente al teléfono y para quienes las nuevas historias no pueden pasar de uno, dos o tres minutos”, afirma.

Diego, en conclusión, sabe que la creatividad es un viaje sin fin, y que la regla de supervivencia está en replantearse todos los días. “Aunque no necesariamente estoy pensando en qué es lo que sigue para mí como actor, ya tengo desarrolladas muchas cosas para tv; ya hay tres o cuatro series; y estamos también desarrollando contenidos para Estados Unidos; eventualmente en alguna de esas producciones entraré como actor, pero ahorita las estoy enfocando más como creador”.

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