Por Iván Pérez

Una buena parte del mundo está visitando los jardines de la calle FIFA número 20, en Zúrich. Hay plantas de la sabana africana, florestas de Asia, árbo­les robustos y de poca altura de Oceanía, vegetación proveniente de los montes sudamericanos y de los bosques europeos. En esta zona verde de la capital suiza están las oficinas del organismo deportivo que rige el futbol en 209 países.

Aquí, los directivos organiza­ron, gestaron y conspiraron para crear la era más corrupta del futbol mundial; en este espacio de 44,000 km2, los trabajadores tie­nen un spa, una sala de relajación, todo para estar cómodos y planear una estafa de un tamaño nunca antes conocido.

La Oficina Federal de Inves­tigación (FBI) estadounidense, con la colaboración de la policía suiza, ha arrestado a por lo menos 25 personas, quienes son acusa­das de formar parte de una red de lavado de dinero, extorsión y tráfico de influencias dentro del futbol internacional. Según el informe financiero de la Fede­ración Internacional de Futbol Asociación (FIFA), los directivos del organismo reciben 33.5 millones de dólares (mdd) en salarios y compensaciones, pero para muchos de ellos no es suficiente para mantener limpia a la institución que lucra con las emociones del deporte más popu­lar del planeta. A finales del mes de febrero inició la era de Gianni Infantino, que tiene como una de sus principales encomiendas regresar al futbol la credibilidad en los escritorios.

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“Cuando entré a FIFA en el año de 1993 eran 30 personas y 119 hoy son 400. Cuando llegué había un abogado, ahora hay un depar­tamento legal”, dijo hace algunos meses Harold Mayne-Nicholls, exfuncionario del organismo has­ta 2012. Por las reuniones que se celebran en el complejo de FIFA cada año, la ciudad de Zúrich reporta una derrama económica de casi 10 mdd.

La FIFA se convirtió en una transnacional que entre 2014 y 2022 ingresará a sus cuentas bancarias más de 16,000 mdd, de acuerdo con cifras de Sport Business y Mxsports. Según los informes financieros de FIFA, 72% de sus enormes ganancias provienen de la venta de dere­chos de televisión y marketing.

“La FIFA nació en una era de amateuris­mo, pero la llegada de tanto dinero y poder sólo la ha quebrantado”, comenta el especialista David Goldblatt, autor del libro The Ball is Round: A Global History of Football.

Con el paso de los años, la institución jerarca del balompié incrementó la “ayuda” a todos los países en el mundo. Entre 1995 y 1998 el dinero destinado a programas de desarrollo fue de 14 mdd y para el último periodo (2011-2014) la cantidad subió a 1,052 mdd. ¿Eso qué tiene que ver con la corrupción del futbol? Muchos directivos de federa­ciones pequeñas, islas remotas y naciones con escasa tradición balompédica recibían plata a cambio de apoyos a candidaturas para ocupar puestos políticos u obtener alguna sede de los tor­neos que organiza (15 en total).

Joseph Blatter dejó la presi­dencia de la FIFA el pasado 26 de febrero. Después de los escán­dalos de corrupción, el suizo anunció que dejaría el puesto para finales del segundo mes del año y, posteriormente a la declaración, fue suspendido por el Comité de Ética del organismo. Se le acusó de estar involucrado en un acto de “corrupción” con quien era uno de los candidatos a suce­derlo, el francés Michel Platini, ex presidente de la Unión Europea de Futbol Asociación (UEFA) y quien a raíz de esto quedó impedido en la competencia para suceder a Blatter.

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¿Quién se salva?

Dormir una noche en el hotel Baur au Lac, en Zúrich, cuesta 44,000 pe­sos, sin desayuno, ni servicios extras y en una habita­ción simple. A la recepción del hotel llegaron el 27 de mayo pasado autos de lujo blindados y patrullas. En el interior, varios hombres de futbol se hospedaban para asistir al congreso de FIFA. Siete de ellos fueron detenidos. ¿El motivo?: “Se les vincula con una supuesta trama de corrupción en la orga­nización que involucra sobornos valuados en unos 150 mdd, du­rante los últimos 20 años”, dijo el despacho de prensa del FBI.

Unos días antes de estas detenciones en el lujoso Baur au Lac, Jeffrey Webb, encargado de limpiar de la corrupción a la Concacaf (la federación donde juega México) tras la era de Jack Warner y Chuck Blazer, dijo en una entrevista para la cadena ESPN: “Bueno, yo vengo de una generación diferente y me gusta­ría que fueran más abiertos, más transparentes. No vi el reporte García como negativo (estudió los niveles de corrupción de FIFA, no es un documento público), creo que fue puntual y es una gran oportunidad para enseñarlo al mundo”.

Nueve días después, Webb fue detenido y el expediente del Departamento de Justicia de Es­tados Unidos lo culpó de recibir 6.7 mdd en sobornos a cambio de favorecer derechos de televisión y comercialización a la empresa Traffic Sports. Meses después se declaró culpable y pagó una fianza de 10 mdd para salir libre, ya en Estados Unidos.

“Cuando se tiene una organiza­ción que cuenta con grandes can­tidades de dinero y no eres crítico, entonces vendrá la corrupción y conflictos de intereses”, analiza David Goldblatt.

Después de las primeras de­tenciones han venido otros opera­tivos y al menos 38 personas han sido relacionadas con el caso. A estas alturas, la corrupción llega a la cifra de 300 mdd por lavado de dinero y sobornos en el futbol mundial en las últimas dos déca­das. “Puede que los aficionados se vuelvan más escépticos, pero no dejarán de mirar el Mundial”, reflexiona Mark Friederich, ceo de Navigate Research, cuando se le cuestiona sobre las repercusiones.

Según los documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, todo comen­zó en 2010 en las oficinas del FBI en Nueva York, cuan­do empezaron a llegar las noticias de posible lavado de dinero de autoridades futbo­lísticas de la Concacaf con sede en aquel país. La mirada se fijó en Chuck Blazer, quien en aquel mo­mento fungía como secretario ge­neral de la confederación, y para mayo de 2013 había sido arresta­do. El hombre obeso y de enorme barba blanca habló y se convirtió en el informante más importante que tienen las autoridades para desentramar el caso.

Pero antes de la detención, una mujer, Phaedra Al-Majid, quien trabajó en el despacho de medios de la candidatura de Qatar 2022, delató que el comité organizador entregó al menos 1.5 mdd a dos miembros del Comité Ejecutivo (los que to­man la decisión de dónde se jugarán los mundiales): Issa Hayatou (actual presidente interino de FIFA) y Jacques Anouma. Luego denunció que había recibido presión para retractarse del tema.

Las denuncias sobre corrup­ción por parte de autoridades de FIFA del 2013 a la fecha han ido en varios sentidos:

  1. El FBI investiga a las autori­dades del futbol sudamericano y de Concacaf, además de agencias de marketing deportivo como Traffic Sports, Ditsa y Torneos y Compe­tencias por lavado de dinero, venta ilegal de boletos para Mundiales, además de sobornos para la comer­cialización y derechos de transmi­siones de varias ediciones de Copa América, Copa Oro y otros torneos continentales.
  2. Las autoridades de Suiza iniciaron en septiembre de 2015 pesquisas para determinar el origen del pago que realizó Joseph Blatter como presiden­te de FIFA a su homólogo de la UEFA, Michel Platini. Ello también derivó en que el Comité de Ética del máximo organismo internacional sus­pendiera a ambos por 90 días.
  3. Se han presentado evidencias en medios de co­municación como Sunday Times, The Guardian y France Football sobre las triquiñuelas de los comités organizadores de Rusia 2018 y Qatar 2022 para ganar los certámenes. Además, hay testi­monios sobre una transferencia de Sudáfrica a Jack Warner (en aquel momento presidente de Concacaf ) para que los afri­canos tuvieran el torneo en el 2010, según un informe del New York Times.
  4. Tras las detenciones rea­lizadas el 27 de mayo del 2015, varios gobiernos han iniciado sus propias investigaciones con los directivos del futbol local. Australia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Alemania, Paraguay, Suiza y Reino Unido comenzaron pro­cesos para determinar si algunas personas tienen que ver con lava­do de dinero y sobornos.

“La Copa se seguirá jugan­do y la gente seguirá mirando, aun cuando muchos saben que hay cosas que no están bien”, reflexiona Rock Burton, exjefe de Marketing del Comité Olímpico de Estados Unidos.

 

El Waterloo de Blatter

Joseph Blatter llegó a la FIFA en 1975, justo cuando los patrocina­dores empezaban a aparecer de manera más regular e importante en el futbol. Para 1981 fue nom­brado secretario general, en 1990 se convirtió en director ejecutivo y el 8 de junio de 1998 asumió la presidencia de la FIFA (que dejó oficialmente este 26 de febrero). Luego de que había ganado la reelección, el 29 de mayo de 2015, anunció que no seguiría hasta 2019 por el escándalo de corrupción que se suscitó con los direc­tivos del órgano rector del futbol internacional.

La prensa mundial apoda a Joseph como el ‘Napoleón del futbol’. Y no desentona. Lo es en realidad. Tiene en su habitación al menos 10 condecoraciones militares. Los gobier­nos de los países no han encontrado otra forma de honrarle que otorgándole sus más altas distinciones. Para la República Centro­africana, Blatter es el comandante; en Marruecos le han entregado el Gran Cordón Wissam —una orden militar creada en la época de la colonia para premiar el heroísmo—; en Djibouti es comandante de la Or­den Nacional; en Túnez tiene la Orden del Trono. Pero su tiempo se acabó.

Para tomar el relevo y cambiar el rostro de la FIFA se presentaron cinco candidatos. La lista inclu­yó al Príncipe de Jordania Ali Al Hussein, uno de los vicepresiden­tes de FIFA; el presidente de la Confederación Asiática de Futbol, Salman Bin Ibrahim Al-Khalifa; el exejecutivo de FIFA Jerome Champagne; el hombre de nego­cios sudafricano Tokyo Sexwale y el secretario general de la UEFA, el suizo Gianni Infantino.

Para finales de enero Ali Al Hussein, Gianni Infantino y Jero­me Champagne se presentarían a debatir en la sede del parlamento Europeo y sería transmitido por ESPN. Los dos primeros candi­datos dijeron que no asistirían porque eligieron estar en Para­guay para la elección del nuevo presidente del futbol sudameri­cano (otra de las zonas corruptas, como se lee en el ranking negro). Fernando Palomo, especialista de futbol internacional, comentó: “A los candidatos les importan los votos, las componendas, los acuerdos. No les importa debatir”.

Gianni Infantino tendrá que responder —según Sports Busi­ness y forbes— por un negocio valuado en al menos 12,000 mdd, relativo a las próximas dos Copas Mundiales (Rusia 2018 y Qatar 2022), donde ya tiene asegurado 80% de lo que planea ingresar el organismo por ambos eventos. La caja está casi llena.

No es un cuarto de guerra, pero como si lo fuera. En Zú­rich, en la calle FIFA número 20, hay una enorme habitación casi herméticamente cerrada. Todo es gris y negro, las sillas son de piel, hay una enorme mesa donde 28 personas deliberan y cada lugar tiene una pantalla, micrófono y muchas cámaras que lo vigilan todo. El piso es del mármol más fino y ni siquiera los tres arre­glos florales al centro del lugar son capaces de quitarle el aire de búnker que hay en aquel sitio.

Cada vez que la puerta se abre, 209 naciones están pendientes de lo que ocurre. De alguna manera su destino depende de lo que allí se diga, estén o no de acuerdo. Es la sala del consejo de FIFA, una de las mafias más grandes en la historia del deporte. Bienvenido Gianni Infantino.

 

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