Cuando se piensa en los modelos disruptivos de negocio uno tiende a pensar en aquellos modelos que son mucho más visibles que otros porque atacan de forma directa un determinado mercado. Así, han sido claros los efectos que han tenido empresas como Uber, Airbnb, y Netflix en los mercados directos en los que participan: servicios de taxi, servicios de hospedaje y servicios de entretenimiento, respectivamente. Sin embargo, los modelos de negocio disruptivos han tenido también otros “daños colaterales” en donde el impacto no es menos drástico y que están dándole forma a una nueva forma de hacer las cosas.

Un ejemplo claro de este impacto indirecto ha sido la industria de los bienes raíces. El crecimiento de las compras online impulsado por la tecnología y por esta nueva tendencia del consumidor de demandar servicios de “última milla” o donde se privilegia la conveniencia en el servicio de entrega de productos. Los consumidores dedican cada vez menos tiempo a salir a comprar cosas y demandan cada vez más servicios de entrega de acuerdo con sus preferencias. El resultado ha sido que las compras online crecen y los servicios de entrega se disparan como Cornershop, Rappi o UberEats, mientras que los viajes a las tiendas aisladas, tiendas departamentales, almacenes y centros comerciales, se reducen en términos generales. Los consumidores ya no quieren invertir tiempo en ir a buscar lo que pueden conseguir en casa, muchas veces incluso a un menor costo.

Así, el panorama para los negocios inmobiliarios de bienes raíces se está alterando. Este año se espera que tan solo en los Estados Unidos cierren 2,100 tiendas y para 2026 cerca de 75, 000 más. Tan solo Macy’s cerrará este año 100 tiendas, en una tendencia que viene de 2015. La cantidad de espacio disponible en centros comerciales y plazas se estará multiplicando en forma muy agresiva. Y en este sentido, algunas tiendas han empezado a usar centros de exhibición como una alternativa para minimizar sus inversiones inmobiliarias y tener presencia para que los consumidores puedan tener contactos con sus productos. En otros casos, algunos supermercados tendrán que ir más a pequeñas bodegas distribuidas en un área específica con mejores condiciones de tiempos de entrega y existencias para la última milla, en donde si no tengo en mi sucursal X pues tengo en mi sucursal Z. Las tiendas de conveniencia se vuelven cada vez más convenientes, bien ubicadas y son en realidad pequeñas bodegas. Y esto se complica todavía más si tomamos en cuenta el costoso espacio que dedican hoy los centros comerciales a los estacionamientos además de la tendencia del uso de Uber. Más aún, la próxima llegada del automóvil auto tripulado no hace más que favorecer el desuso de todo ese espacio dedicado hoy a estacionamientos.

El impacto para los desarrolladores de plazas comerciales, los dueños de locales y las tiendas es muy grande. A menos que ofrezcan una experiencia real al consumidor más allá de solo ofrecer productos las perspectivas no son alentadoras y tendrá que haber un rediseño completo. El cambio es la norma, hace cinco años la mayor amenaza para los taxis eran las “revistas vehiculares” y hoy ni quien reniegue de ellas. Muchas veces la verdadera amenaza es la que no has pensado y otra la que has visto y sobre la que no has actuado. Cambio es oportunidad.

 

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