La cámara recorre lentamente el desierto, capturando la belleza del lugar con un aire de nostalgia, como si la mirada de la cámara se hubiera posado una y otra vez sobre esas dunas o hubiera recorrido las ruinas que vemos siglos atrás, cuando el bullicio de la gente saturaba las calles. Sobre la arena cientos de objetos se forman, cepillos, juguetes, mochilas, ropa y enseres de lo cotidiano forman filas de apariencia eterna, testigos del abandono súbito de los habitantes del poblado. Como si el Vesubio hubiera estallado y sólo tuvieron tiempo de cargar con lo que llevaban en los bolsillos y marchar al norte, más allá de la frontera donde otros problemas esperan. Esta marcha intempestiva no fue producto de un desastre natural sino del narcotráfico. Es la historia de El guardián de la memoria

El documental de Marcela Arteaga, que se presenta como parte de la programación del décimo cuarto DocsMX: Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México, se une a otros que han intentado analizar y comprender los efectos de la guerra contra el narcotráfico que inició en el sexenio de Felipe Calderón y se recrudeció durante el de Enrique Peña Nieto. La libertad del diablo (2017), El paso (2016), Tempestad (2016), Hasta los dientes (2018) y Soles negros (2019), entre muchos otros, intentan comprender qué sucedió con el país, cómo permitimos que el tejido social se descompusiera al grado de convertir matanzas, ejecuciones y actividades criminales a gran escala en un tema cotidiano, en el olvido diario. 

El guardián de la memoria, además, pinta un panorama donde los mexicanos difícilmente pueden escapar de su realidad. Si la violencia en el norte del país desplazó pueblos enteros fuera de su zona de origen y los orilló a abandonarlo todo –de manera bastante literal–, para huir a la frontera norte con la esperanza encontrar paz mental. Es una escena de un western, donde los pobladores huyen antes de que los malos acaben con el pueblo. Sin embargo, aquí no hay un sheriff que pueda salvarlos del peligro, ni un territorio que los espere con los brazos abiertos. 

Buscar asilo en Estados Unidos, como lo muestra el documental por medio de su personaje principal –el abogado Carlos Spector, de origen judío y mexicano, especializado en derecho migratorio–, es sólo el inicio de un segundo viacrucis, donde la discriminación y el abuso sistemático del poder se incluyen en el boleto. Escapar para caer en un nuevo infierno, éste desatado por la xenofobia y el capitalismo más rapaz. Estructuras diseñadas no para crear prosperidad, sino riqueza. Las ganancias por encima de lo humano.

Uno de los temas que permean la estructura de El guardián de la memoria es el olvido. Marcela Arteaga ha creado un documental que aboga por no guardar silencio, por mantener vivo el recuerdo de lo sucedido en cada rincón del país azotado por el “crimen autorizado”, donde por medio de la fuerza agentes –de todos los niveles del gobierno– y  sicarios intentan borrar el pasado y adueñarse del futuro. La película es un llamado a agotar las herramientas a nuestro alcance para garantizar que las próximas generaciones no sufran el mismo calvario.

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El autor es editor en jefe en ButacaAncha.com y conductor de Derretinas en la barra Resistencia Modulada de Radio UNAM.

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