En el mercado financiero, el talento más importante que debe tener un operador o un administrador de fondos es identificar qué factores están teniendo mayor influencia en el comportamiento de los precios del mercado y cuánto de este efecto ya se encuentra incorporado en los precios. Por ejemplo, si la inflación comienza a registrar un deterioro mucho más fuerte de lo esperado por el consenso del mercado, la mayoría de los inversionistas comenzarán a incorporar la posibilidad de un incremento de la tasa de referencia del banco central lo que provocará que las tasas de corto plazo registren presiones a la alza hasta alcanzar niveles en donde el mercado considera que ya está incorporado completamente dicho evento.

De hecho, en la mayoría de los casos el mercado es tan eficiente que cuando se valida la expectativa (que en nuestro ejemplo sería un incremento en la tasa de interés) el impacto inmediato en los precios es nulo o en algunos casos contrario a lo que la intuición dictaría para alguien no involucrado directamente en los mercados financieros. Este tipo de comportamiento es tan común que entre los inversionistas existe una frase para ejemplificarlo: “buy on the rumor, sell on the news”.

En nuestro ejemplo, estamos tomando un caso en donde existe más o menos certeza sobre el potencial incremento en la tasa de referencia del Banco Central por lo que predecir el impacto sobre los precios de los demás activos podría ser medible y manejable. El problema aparece cuando los inversionistas enfrentan un evento que no tiene referencia histórica y además rompe con todas las teorías que venían explicando el comportamiento del mercado como es el caso de una potencial victoria del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos: Donald Trump.

En junio de 2015, cuando Trump anunció su intención de contender por la candidatura del Partido Republicano a la presidencia, su efecto en los mercados financieros fue prácticamente nulo por las pocas posibilidades de ganar que tenía. En ese momento la fuerte caída de los precios del petróleo era la variable que mayor influencia tenía en el comportamiento del  peso mexicano. De hecho esta influencia fue muy notoria entre junio de 2015 hasta abril de 2016, en donde el WTI disminuyó de 60 a 26 dólares por barril en febrero para posteriormente recuperar parte del terreno perdido hasta alcanzar los 46 dólares a finales de abril. En junio de 2015 el peso operaba en 15.30 y se depreció hasta 19.15 en febrero de 2016 para posteriormente apreciarse a 17.20 a finales de abril en línea con el comportamiento del petróleo.

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Durante el periodo antes mencionado la correlación lineal móvil a seis meses entre el peso y el WTI oscilaba sobre -85%, por lo que una caída en el precio del petróleo explicaba significativamente una depreciación del peso mexicano.

Sin embargo, el 2 de mayo de 2016, cuando el aspirante a candidato republicano Ted Cruz anunció su retiro de la contienda dejando como candidato único a Donald Trump, apareció una nueva variable en el mercado que rompería con los modelos que venían rigiendo el comportamiento de los precios, especialmente de los activos mexicanos.

A partir de mayo, la correlación entre el petróleo y el peso disminuyó significativamente dejando de ser una variable explicativa para el peso mientras que la diferencia en las encuestas entre Hillary Clinton y Donald Trump tomó una relevancia importante.  De hecho de mayo a la fecha, la correlación lineal móvil a 6 meses entre la diferencia de las preferencias entre Clinton y Trump contra el peso mexicano se ubicaba en -70%.

 

Econometría y esoterismo

Esto quiere decir que en los momentos en que se cerraba más la brecha  entre Hillary Clinton y Donald Trump, el peso se debilitaba con respecto al dólar. Al analizar este tipo de relaciones estadísticas la pregunta obvia es: ¿cuál sería el nivel del tipo de cambio si gana las elecciones Donald Trump? La realidad es que para contestar esta pregunta tendríamos que entrar en el terreno de la econometría y el esoterismo, ya que debemos establecer supuestos sobre el potencial impacto en la balanza comercial, flujos de capital, crecimiento económico, etc. lo cual puede ser un trabajo ocioso y poco eficaz por la falta de información.

Para estos casos es mucho más eficiente hacer una encuesta entre los principales inversionistas para establecer un escenario potencial como la que realizó a principios de octubre el equipo de análisis de Nomura. Esta encuesta se realizó entre 165 participantes del mercado de diferentes partes del mundo (principalmente entre inversionistas americanos y europeos). El promedio de los encuestados espera que en el caso de ganar Trump, el peso mexicano podría depreciarse hasta 22.50 a finales de 2016 lo que obligaría a que Banco de México incremente 125 puntos base su tasa de fondeo para llevarla a 6.00%.

En el caso de que los resultados de la elección favorezcan a la candidata Demócrata, el promedio de los encuestados esperaría que el peso mexicano se aprecie a niveles de 17.90. Bajo este escenario, el promedio de los encuestados esperan que el Banco de México vuelva a vincular los movimientos de su tasa de referencia a la Fed, lo que implicaría un movimiento de solo 25 puntos base durante este año y posiblemente se desvincule durante 2017.

Con base en modelos de mercado sustentados en la correlación histórica del peso mexicano con otras divisas emergentes, actualmente el nivel del peso sin el efecto de las elecciones americanas se ubica sobre 18.25. Es decir, que en el momento en que desaparezca del mapa la variable de las elecciones americanas y prevalezca el “status quo”, es decir, que gane el partido Demócrata, el peso mexicano podría apreciarse en el corto plazo al menos hasta 18.25. Evidentemente en este tipo de escenarios se tienden a dar sobrereacciones por lo que no se descartaría una apreciación superior a este nivel.

No obstante, es importante tener en mente que existen factores estructurales independientes de la elección americana como la moderación de los flujos de cartera por parte de los inversionistas extranjeros, la fuerte caída de la producción de Pemex y su impacto en los ingresos fiscales y el reto del gobierno por evitar un recorte de la calificación crediticia de México que impiden un escenario optimista para el peso mexicano.

 

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