Una de las grandes incógnitas que rodean al gobierno del próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es la manera en la que enfrentará la protesta social, principalmente por aquellas que se avecinan no sólo por su racismo hacia los latinos sino también por su intento de mantener la política de combustibles fósiles y fomentar prácticas como el fracking.

Desde hace unos días se encuentra en México Barbara UnmüBig, presidenta de la Fundación Heinrich Böll Stiftung, una de las más importantes organizaciones ambientalistas en Europa, y la pregunta era inevitable: ¿Qué opina sobre las políticas ambientalistas de Trump?

Su respuesta fue un llamado a los defensores del medio ambiente para estar preparados, porque su poca tolerancia a la crítica, deja un gran signo de interrogación sobre cómo será su reacción hacia los activistas y sus demandas, entre ellas, el impulso de acciones contra el cambio climático.

“Necesitamos la solidaridad de quienes trabajamos el tema de la ecología”, dijo la coautora del libro “La economía verde por dentro”.

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Estados Unidos es uno de los cinco grandes productores de CO2, en 2013 liberaba 5,800 millones de toneladas a la atmósfera, sin embargo, en los últimos años empezó a implementar medidas para reducir sus emisiones y asumir nuevos compromisos futuros para detener los efectos de cambio climático.

En 2015, junto con China, acordó adoptar una serie de acciones para detener la emisión de gases de efecto invernadero para el año 2030.

Una de las promesas de Trump es la cancelación del Acuerdo de París, en el que casi 200 países se comprometieron a mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados, y retirar los fondos de Estados Unidos destinados a la lucha de Naciones Unidas contra el cambio climático, por considerar que representa un engaño.

También podría cancelar los subsidios federales para la generación de energías renovables.

“Esto no va a ser bueno para el planeta”, insistió Barbara UnmüBig al comentar el tema, y es que ahora como nunca, está en riesgo no sólo la biodiversidad sino también la labor de los ambientalistas comprometidos con su quehacer, ya que se enfrentan a patrones de consumo ya muy establecidos y a intereses millonarios por parte de una lista interminable de gobiernos y empresas.

Ahora su nuevo temor es no estrellarse en un muro llamado Trump.

 

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