Las expectativas para el viejo continente en 2015 alimentan el optimismo; la economía de algunos países crecerá después de un 2014 aciago. Un personaje, que en sus años de juventud y adolescencia viviera en un país comunista, y después trabajara como obrero, será el capitán de este barco.

 

Por Beata Wojna *

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La Unión Europea (UE) está en crisis, repiten como mantra los analistas y los políticos de todo el mundo. Muchos ciudadanos europeos se quejan de su situación económica. ¿Sigue teniendo futuro el proyecto europeo que nació después de la Segunda Guerra Mundial para unir a las naciones que durante siglos lucharon entre sí desangrándose mutuamente?

La mayoría absoluta de los europeos —56%, como lo indican los resultados del sondeo de opinión realizado a mediados de 2014— prefiere quedarse en la UE para enfrentar el futuro. Si vemos casos concretos, resulta que solamente en Chipre, Eslovenia, Gran Bretaña e Italia hay un evidente euroescepticismo. En los demás 24 miembros, la mayoría está de acuerdo con la idea de continuar formando parte de la Unión Europea.

Además, empieza a recuperarse la imagen positiva de la UE que cayo drásticamente en 2009. Y los europeos siguen apreciando la libertad de viajar, estudiar y trabajar en Europa.

Este profundo sí a la UE se dejó escuchar el 1 de diciembre de 2014, cuando Donald Tusk asumió su cargo como presidente del Consejo Europeo, la institución clave de la UE, diciendo que en estos tiempos difíciles Europa necesita éxito y el éxito para Europa en los años que vienen significa: proteger los valores fundamentales como solidaridad, libertad y unidad frente a las amenazas que vienen tanto desde el interior (euroescepticismo), como desde fuera de la UE (política expansionista de Rusia, situación en África del Norte y Oriente Medio); salir de la crisis económica que vive la UE; ser más fuerte en lo internacional, garantizar la seguridad de las fronteras de la UE y apoyar a los vecinos que comparten los valores europeos; así como desarrollar las relaciones entre la UE y Estados Unidos, ya que estas constituyen la espina dorsal de la comunidad de las democracias en el mundo.

¿Sera capaz el nuevo presidente de la UE de impulsar a los Estados miembros para realizar este programa y lograr consensos entre muchos intereses y caracteres tan diferentes?

Su amistad con la canciller de Alemania, Angela Merkel, sus buenos contactos con los políticos de los grandes países de la UE, el gran apoyo que le ofrecen los países de Europa Central, juegan sin duda a favor de este hombre. Ahora le tocara, también como parte de sus competencias, asumir responsabilidades como máximo representante de la UE en las cumbres y reuniones con los aliados, incluido México como su socio estratégico.

 

El hombre clave

El nuevo jefe del Consejo Europeo ofrece, como el mismo dice, “buena voluntad, un poco de imaginación, una interesante experiencia de Europa centro-oriental y, sobre todo, una creencia de que Europa tiene sentido”.

Como sea, la labor del nuevo presidente del Consejo Europeo no será fácil.

Parece que el referéndum en el que Escocia se pronunció a favor de no separarse de Gran Bretaña, debilito temporalmente al fantasma de los separatismos en Europa y dio el balón de oxígeno a algunos líderes políticos del Viejo Continente que tratan de sacar adelante las economías de sus países. No obstante, cuando los datos estadísticos indican que el crecimiento en la zona euro es escaso (0.8% en 2014), y el jefe del Banco Central Europeo lanza mensajes de cautela y las previsiones para 2015 son menos generosas que las esperadas, se estima un 1.1% de crecimiento para la eurozona y un 1.5% para la UE en su totalidad. Por tanto, no hay tantas razones para el optimismo.

 

Los claroscuros

La recuperación de la UE aparece particularmente débil a nivel nacional y en comparación con la economía global. De entre los Estados miembros más grandes de la UE, Alemania se ha parado alrededor de un crecimiento de 1.1-1.3% del PIB, aunque hay expectativas de que su economía crezca más basándose en un robusto mercado laboral y demanda externa. Francia registrara un crecimiento muy lento (0.7%); Italia —con un PIB que se estaba encogiendo (-0.4% en 2014)— quizá entre de nuevo en la senda de crecimiento; mientras que España posiblemente despegara más en 2015 (1.7%), gracias a la creación de nuevos empleos y mejores condiciones de financiamiento.

De entre las economías “viejas”, el crecimiento más robusto lo registrara Gran Bretaña (2.7%).

Tampoco hay que dejarse llevar por el pensamiento negativo. Si comparamos la situación en la cual se encontraba la zona euro hace un par de años, está muy claro que lo peor ya paso, ya que la UE empieza a crecer y las economías europeas más amenazadas se alejaron del abismo.

Además, se nos olvida frecuentemente que la UE de hoy está compuesta por 28 Estados. Once de ellos con casi 100 millones de habitantes, que hasta 1990 se encontraban al otro lado del “telón de acero” formando parte del bloque soviético.

Muchos de estos países hoy si disfrutan y seguirán disfrutando en 2015 de un crecimiento que va por encima de 2%. Son los del llamado grupo de Visegrado: Polonia (2.8%), Republica Checa (2.7), Eslovaquia (2.5), Hungría (2.5); los bálticos Lituania (3.1), Letonia (2.9), Estonia (2) y Rumania (2.4%). Y en 2016 algunos de ellos podrían superar el 3%.

En este contexto, el hecho de que el nuevo jefe del Consejo Europeo proceda de Polonia, único miembro de la UE que durante la crisis económica de 2008-2011 no entro en recesión, tiene un significado muy profundo.

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Los desafíos externos

La excepcionalidad de la UE consiste en dar la paz a sus países miembros. No obstante, la organización carece de las fuerzas armadas propias y recurre al soft power para hacer valer sus principios y sus intereses en un marco internacional muy complejo. En el Este basta citar las transiciones inacabadas en el espacio postsoviético o la política expansionista rusa.

En 2013, por primera vez después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, un país europeo (Rusia) decidió anexionar una parte del territorio de su vecino (Ucrania) apoyándose en los poderosos medios militares y violando el derecho internacional. Y, por primera vez, en reacción a la ocupación de Crimea, la ue respondió con una serie de sanciones dirigidas contra Rusia.

En el Sur, la proximidad con África del Norte después de la “primavera árabe”, la amenaza que generan los movimientos islámicos, el interminable conflicto palestino- israelí y los grandes movimientos migratorios, provocan otra serie de preocupaciones, exigiendo acciones coordinadas de la UE.

En este contexto, tanto el nuevo presidente de la UE, Donald Tusk, junto con la nueva alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, tendrán una gran labor a desempeñar en los próximos meses.

Los dos deben contribuir a crear condiciones favorables dentro de la UE para una política exterior ambiciosa, pero también tienen que conseguir apoyos externos.

Parece que su apuesta es por reforzar las alianzas con los países democráticos, rescatando la idea de la comunidad de las democracias y consolidando aún más la relación privilegiada que tiene la ue con Estados Unidos en lo político, seguridad y, muy pronto, con el acuerdo de libre comercio que ambas partes están negociando.

 

¿Y el futuro?

Lo que no te matara, te hará más fuerte. Este dicho popular, aplicado a la situación en la UE, nos invita a cierto optimismo. Hoy se pueden mencionar varias razones que nos permiten mirar el futuro de la UE con la cabeza levantada.

Primero, las decisiones políticas y económicas tomadas durante los últimos anos permitieron alejar a la UE del peor escenario que estaba apareciendo en el horizonte (la desintegración de la eurozona y de la UE).

Aún queda mucho por hacer, incluido el problemático tema de finalizar la creación de la unión económica y monetaria, pero lo peor ya paso.

Segundo, la UE sigue siendo un actor muy importante en la escena global. Es un mercado de 500 millones de consumidores de gran importancia para la economía global, que produce una cuarta parte del PIB mundial; mantiene, además, su posición de ser el mayor o uno de los mayores socios comerciales de la mayoría de los países del mundo.

Tercero, el modelo de desarrollo de la UE no perdió su atractivo y la integración regional, como una forma de superar las divergencias y los conflictos, se presenta como un camino valido para el desarrollo de las relaciones entre los países.

Finalmente, la UE es percibida por los países terceros como un socio atractivo en lo político, lo económico y en lo que a la cooperación al desarrollo se refiere. Hoy, varios vecinos que comparten los mismos valores europeos hacen una larga fila para integrarse a la UE. Para otros, es una pieza importante de un mundo multipolar nacido después de la Guerra Fría, que conviene preservar.

Las instituciones europeas arrancan el año con muchos temas y asuntos por resolver pero también con las caras renovadas, energías nuevas y previsiones de un ligero crecimiento económico. Esperemos que la UE ajuste su desarrollo a los desafíos económicos, sociales y políticos que aparecen en el horizonte. Pronto, veremos si Donald Tusk cumplirá con las expectativas de los europeos.

* Beata Wojna es embajadora de Polonia en México.

 

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