por Carlos Odriozola Mariscal

¡Fidel Castro está muerto!, fue el tuit de Donald Trump ante la noticia. Ante la avanzada edad del Comandante, era previsible la posibilidad de que Trump recibiera la noticia en la Casa Blanca, pero se adelantó el revolucionario y el magnate recibió la noticia en su mansión de Mar-a-lago en Palm Beach. Las relaciones cubano americanas enfrentan una nueva era.

La historia moderna de Cuba frente a Estados Unidos es conocida. Se instauró un régimen comunista bajo los auspicios de la Unión Soviética, como amenaza cercana al territorio estadounidense. La Guerra Fría con su crisis de los misiles y el desembarco en Bahía de Cochinos. Relaciones diplomáticas rotas desde 1961, apenas restablecidas en 2015 con Obama. La base militar en Guantánamo. El bloqueo económico desde hace medio siglo, aún vigente, levemente matizado en fechas recientes.

El tiempo logró lo que la CIA no pudo: matar a Fidel Castro Ruz. El comandante murió de muerte natural en su cama, a los 90 años. Dejó de existir exactamente en el 60 aniversario de la fecha en que el guerrillero se embarcó en Tuxpan hacia la costa oriental de Cuba, a bordo del simbólico Granma, para iniciar su Revolución.

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¿Por qué Cuba ha resistido, durante tantos años, los embates del poderío yanqui a pesar de que no existe la URSS ni su fuerza económica, política y militar para defenderla? La leyenda habla de un acuerdo secreto entre el líder soviético Nikita Jruschov y los Estados Unidos del malogrado John F. Kennedy. Mientras Fidel viviera no podría ser invadida la isla. ¿Existe riesgo de una invasión militar en Cuba? ¿Cual será la posición de Trump cuando asuma la presidencia de su país?.

Durante su campaña, Trump criticó abiertamente la política de Obama hacia Cuba e incluso prometió cancelar su orden ejecutiva para restablecer las relaciones diplomáticas entre los dos países. Para justificar su posición criticó la grave crisis de derechos humanos en la isla y señaló la necesidad de apoyar un régimen democrático para el pueblo cubano. Esto podría desembocar en un conflicto armado. Siguiendo esa línea, el Vicepresidente electo Mike Pence, tampoco tardó en lanzar su tuit: ante la muerte del “tirano” Fidel, apoyarían al “oprimido” pueblo hacia una Cuba libre y democrática.

Lo cierto es que Trump no se caracteriza por ser un político convencido de respetar los derechos humanos. Sus posiciones intolerantes frente a los mexicanos, los musulmanes y las minorías son un ejemplo. La intolerancia del Presidente electo es manifiesta, lo que hace difícil creer que su interés en la isla sea humanitario. El discurso de Trump se ha centrado en lo económico y en la promesa de generar más negocios y empleos a los estadounidenses.

Es conocido que los políticos suelen tomar decisiones que favorecen sus intereses personales. Han pasado más de 50 años del bloqueo económico a la Isla. El 7 de febrero de 1962, Kennedy firmó el decreto que endureció el embargo a Cuba. La noche anterior, pidió a su jefe de prensa, que le consiguiera mil habanos Upmann. Al día siguiente, apenas el Presidente recibió los puros, firmó el bloqueo. A partir de ese momento, comprar tabaco cubano en Estados Unidos sería ilegal.

Trump es un magnate del mundo inmobiliario. Su principal negocio es la construcción de edificios, hoteles, casinos y campos de golf. Fuera de Estados Unidos, ha desarrollado proyectos en México, República Dominicana y Panamá. Parte importante de sus negocios y propiedades icónicas, como Doral y Mar-a-lago están en Florida, a tan solo 90 millas de Cuba. La eventual caída del régimen castrista y su apertura económica podría beneficiar sus negocios.

Como Presidente, seguramente va a endurecer la posición de Estados Unidos frente al régimen de Raúl Castro, hasta aniquilarlo.

Muerto Fidel, con una crisis de derechos humanos condenada mundialmente y el acoso de Trump, es muy probable el fin del comunismo en Cuba. A Trump le conviene el cambio de régimen político en la isla y su apertura económica como oportunidad para los negocios inmobiliarios. Una Cuba renovada despertará gran interés del turismo estadounidense donde Hemingway tomaba sus mojitos y daiquiris. En marzo pasado, todavía como candidato a la Presidencia, Trump declaró que le gustaría abrir hoteles en Cuba.

La muerte del líder revolucionario es el pináculo del fin de un régimen y, al coincidir con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, presenciamos el inicio de una nueva era en su relación bilateral.

 

 

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