Desde hace siglos las industrias se han agrupado geográficamente por áreas de actividad para concentrar esfuerzos y ser más eficientes. Podemos encontrar países, regiones o ciudades especializadas en algún tipo de manufactura o servicio. La cuestión es saber si este modelo seguirá vigente en la era digital y en una economía globalizada.

 

 

 

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La bancarrota de Detroit, ciudad del automóvil y cuna de tres gigantes del sector automotriz: General Motors, Ford y Chrysler, puede ser un indicador de que las cosas están cambiando. El mercado reclama productividad y talento. La primera tiene un importante componente geográfico, especialmente si hablamos de manufactura, que se concentra en los mercados más competitivos en cuanto a precio. El talento es otra cuestión, se puede desplazar, acceder a él de manera remota o incluso compartirlo.

La forma de trabajar está cambiando rápidamente gracias a la tecnología. Sin embargo, también se da una paradoja interesante entre la fuerza de trabajo mundial. Así, se mantiene la tendencia a agrupar talento en pequeñas áreas geográficas, especialmente en el ámbito de la tecnología, y a la vez, se trabaja con talento global, sin fronteras, utilizando la tecnología que está a nuestro alcance. Una dispersión facilitada por la era digital y los nuevos modelos basados en el crowdsourcing. Se trata de la externalización de tareas a un grupo numeroso de personas o una comunidad, a través de una convocatoria abierta. Por ejemplo, el desarrollo de una página Web, donde una empresa puede elegir entre las propuestas, precios y diseños de cientos de desarrolladores.

Estos dos enfoques para trabajar son polos opuestos, pero ambos están creciendo rápidamente.

La agrupación del talento ha sido durante mucho tiempo la mejor manera de construir una masa crítica de conocimientos. Industrias enteras han crecido a través de esta tendencia, que se remonta a la primera Revolución Industrial.  Hoy existen grupos de talento reunidos en zonas geográficas específicas construidas alrededor de la innovación, lugares muy vivos, que reúnen a profesionales de todo el mundo que tienen ideas afines y comparten objetivos para crear nuevas empresas. Existe un verdadero sentido de pertenencia y atracción en estas comunidades.

En el lado contrario, podemos emprender proyectos o reunir y trabajar con un grupo de expertos a través de un solo clic. Lejos de ser un grupo físico de personas con ideas similares, los modelos crowdsourced permiten acceder fácilmente al talento de  expertos independientes que viven a miles de kilómetros de distancia y que aportarán visiones diferentes y enriquecedoras a un proyecto. Este modelo facilita el encuentro entre la oferta y demanda, y viceversa, y podría parecer que es la solución definitiva para acabar con los desajustes de talento en el mundo. Pero las cosas no son tan sencillas.

Con el tiempo, no hay duda que los modelos crowdsourcing crecerán, especialmente para determinado tipo de tareas y cuando encontremos nuevas formas de solucionar los problemas del día a día en la distancia.  Además, este modelo ofrece un ahorro de costos importante. Sin embargo, la proximidad física permite un intercambio fácil e inmediato de ideas y conocimientos.

No hay nada que pueda reemplazar la interacción humana y la innovación que surge de una conversación cara a cara y ni la resolución de problemas in situ. Tampoco es probable que las empresas externalicen su áreas críticas, las que realmente aportan valor al negocio. ¿Se imaginan a Apple definiendo el diseño de su nuevo modelo de iPad mediante el crowdsourcing?

Lo que une a ambos enfoques, es la necesidad siempre presente, de encontrar el talento adecuado donde sea que este se encuentre, ya sea a distancia o presencial. Para esto es necesario alinear nuestros objetivos de negocio al tipo de talento que necesitamos y la forma en que trabajaremos con él.

 

 

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