Ya es muy conocido que los mexicanos estamos en los últimos lugares como lectores de libros. ¿Pero, en realidad, no leemos? ¿O leemos otra cosa o a través de otros medios: revistas, internet? ¿Importa el medio o el contenido?

 

 

 

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Los hábitos de lectura de una población por lo general se relacionan con el nivel de progreso y cultura de esa población. Preguntas como: ¿cuántos libros lees al año? o ¿cuántos minutos lees al día? son comunes para estimar cuánto tiempo le dedicamos a cultivarnos con libros.

Desde hace años, México ha tenido, aparentemente, calificaciones terribles en este ámbito: la encuesta nacional de lectura de la Fundación Mexicana para el Fomento a la Lectura decía en 2012 que en nuestro país ya es menos de la mitad de la población mayor a 12 años que lee libros comparada con el 2006, y como país tenemos un promedio de 2.9 libros leídos por persona al año, muy bajo comparado con países como la India, Tailandia o China donde el promedio es entre cuatro y cinco veces mayor.

De la misma encuesta podemos ver un declive importante en las visitas de las personas a las bibliotecas públicas y otros espacios públicos de lectura, donde uno de cada cuatro personas respondieron que no van a las bibliotecas simplemente por “no les gusta leer”.

Por otro lado, la lectura y el consumo de contenido fuera del papel parece estar creciendo: mientras el promedio nacional de lectura baja, la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) nos decía que el año pasado que el tiempo promedio que una persona pasa navegando en la web es de poco más de 5 horas al día, todos los días, con un aumento de 67 minutos más que en 2012 y prácticamente el mismo tiempo que los mexicanos le dedicamos a la lectura de libros impresos.

Conforme el acceso a computadoras, smartphones y tabletas se ha vuelto más común, las personas ya no hacemos distinción de nuestros hábitos de lectura entre papel y digital: leer es leer, no importa si es en un libro impreso o uno electrónico, una revista o un blog, un periódico o una red social.

Como usuarios también cambiamos constantemente de un dispositivo a otro, y también de un medio a otro, casi sin darnos cuenta. ¿No pudiste leer el periódico en la mañana? No hay problema, seguro hay una versión para tu teléfono o para tu laptop. Si no lograste comprar el ejemplar de la revista que estabas buscando, posiblemente podrás encontrar el artículo que necesitabas en el sitio web de la revista o en la tienda de aplicaciones de tu tableta.

Lo importante de la lectura es que podamos tener acceso a información y a conocimiento. El soporte –papel o digital– es lo de menos siempre que permita al lector cumplir su cometido de aprender y cultivarse. Tampoco se trata de colocar fronteras y barreras como si estuviéramos obligados a escoger entre uno u otro soporte, sino que la experiencia de lectura debería ser continua y consistente entre medios, para beneficio del lector.

Por otro lado, al tener los lectores acceso a tanta información, hace que una medida simple como “el número de libros leídos al año” no represente la calidad de la información que se consume. El reto entonces no es sólo de dar acceso a la información y a los libros, sino de producir obras que sean verdaderos vehículos de cultura, pero ese es un tema para otro día.

En un país en el que 40% de los mexicanos jamás ha pisado una librería, los canales digitales pueden llevar el contenido a donde sea que los futuros lectores se encuentren.

 

 

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