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Menos de 1% del plástico que se produce se recicla. Conoce la historia de dos mexicanos que le dan al unicel una segunda vida.

 

¿Cuántas veces has comprado alimentos en recipientes de unicel?  Quizá creas que el destino de estos empaques es la basura, pero dos ingenieros de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) encontraron cómo dar a este plástico una ‘vida nueva’.

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Héctor Ortiz y Jorge Luis Hinojosa son dos emprendedores que desarrollaron una máquina que combate la contaminación por unicel al convertir los residuos  en materia prima para la fabricación de artículos como estuches de discos compactos, carcasas para plumas, escuadras y ganchos de ropa, entre otros.

“Vimos la problemática en nuestra universidad: el unicel era de los residuos que más había y no eran pepenados. Veíamos que el papel, cartón, aluminio, incluso el vidrio,  se lo llevaban los pepenadores, y el único que quedaba era el unicel”, relata Ortiz en entrevista con Forbes México.

Datos de la Secretaría de  Medio Ambiente y  Recursos Naturales (Semarnat) arrojan que del volumen total de residuos sólidos urbanos (RSU) reciclados, el porcentaje más alto corresponde a papel, cartón y productos de  papel (42.2%), seguido por vidrio (28.6%),  metales (27.8%) y plásticos (1.2%).

Del 100% de sólidos producidos, los metales tienen la más alta proporción de material reciclado (39% del total  de metales generados), el vidrio (23.5%) y el papel (14.7%). De los plásticos sólo se recicla alrededor del 0.5%.

Ante ello surgió Reps01, una máquina que convierte el unicel en materia prima para múltiples productos.

“Las tecnologías que había para transformarlo eran procesos  químicos que no eran amigables con el medio ambiente, no eran efectivos desde el punto de vista económico y otros sólo lo utilizaban como reciclaje.”

En octubre de 2012, a través de un programa de la empresa Dart para reducir el impacto ambiental del unicel, Ortiz e Hinojosa instalaron un centro de acopio de unicel en la Facultad de Ingeniería de la UNAM. Fue entonces que decidieron construir una tecnología recicladora del polímero.

“Decidimos que debíamos hacer una máquina que pudiera procesarlo, no sólo compactarlo, sino que pudiera formar una materia prima, en este caso pellets de poliestireno, para tener como producto final materia prima de alto valor agregado.”

 

La segunda vida del unicel

Uno de los mayores riesgos del unicel son los volúmenes de rellenos sanitarios que ocupa, además del hecho de que a nivel mundial no existen muchas iniciativas proambiente ante la ausencia de una tecnología efectiva en costo-beneficio.

El ingeniero comenta que aunque existía tecnología que permitía procesar el material,  no ofrecía un producto de consumo final: los pellets (pequeñas porciones del material comprimido).

“Como los recicladores no obtenían un beneficio económico sustentable, no se aventaban a realizar este tipo de proyectos.”

Con Renueva, su empresa,  buscan llevar al sector una tecnología energética eficiente, accesible y que sea un nicho de negocio atractivo para los recicladores.

Máquina procesadora de unicel Reps01 (Foto: Renueva.)La máquina funciona en varias etapas. “Tú puedes meter cualquier tipo de presentación de unicel, sea de embalaje, que es el que viene con los electrónicos, o hasta el del atole. Puede incluir residuos y procesarse así.”

Después es triturado y salen pequeñas partículas que son “más manejables”. Caen a una tolva, y de ahí son arrastradas a un tornillo sin fin que las comprime. Resistencias eléctricas calientan el tornillo para fundir y mezclar el material, que se asemeja a una máquina para hacer pasta, y los fideos resultantes son de poliestireno, un plástico rígido.

Con esta materia prima pueden fabricarse estuches de discos compactos, carcasas para plumas, escuadras, ganchos de ropa, y si se añaden aditivos, mejorar sus propiedades para la fabricación de otros tipos de plástico.

La máquina posee una capacidad de procesamiento de 100 kilogramos de unicel por hora. Del 100%  de unicel que entra en Reps01, sale aproximadamente el 99% de poliestireno.  El 92% del material está conformado por aire.

 

La máquina recicladora 

El monto de inversión para construir el prototipo  fue de 70,000 pesos. Una parte la proporcionó Dart, otra ángeles inversionistas que forman parte de la sociedad de ex alumnos de la Facultad de Ingeniería, y otra parte de los bolsillos de Ortiz e Hinojosa.

El plan de negocio plantea esquemas de venta total y renta de maquinaria. En el esquema de arrendamiento se prevé cobrar por mantenimiento, operación y transporte.

Ortiz e Hinojosa buscan abrirse camino no sólo en el mercado mexicano, sino en el internacional, pero primero irán tras los pequeños recicladores locales. La apuesta de los emprendedores es brindar un producto final que pueda tener una capacidad competitiva en la industria y que sea atractivo incluso para gobiernos locales.

 

Escalar la tecnología, el siguiente reto

El mayor reto que Ortiz ve a futuro es escalar la tecnología, aumentar el tamaño de producción de las máquinas para ofrecer desarrollo a empresas, pero “trabajar con plásticos no es cuestión de hacer más grandes las piezas”.

Para ello, Renueva  se encuentra en conversaciones con el Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas (Ciatec) en Querétaro para desarrollar dichas piezas y triangular los detalles que el trabajo con plásticos requiere.

La precisión de una de las piezas, el tornillo sin fin, requiere una máquina de control numérico especializada, que escasea en el valle de México, pero ya identificaron a proveedores del servicio para la línea de producción.

Hinojosa y Ortiz  también trabajan en reducir el tamaño de la máquina para llevarla a otros segmentos como universidades, y para eso requieren  “que sea portable y pueda instalarse en diversas instituciones, fomentar la separación de residuos y poder aprovechar ese negocio”.

 

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