En 2011, Steve Jobs invitó a su casa al creador de  Dropbox para comprarle lo que para entonces era una startup.  Misión no cumplida. Tres años más tarde, la fortuna del joven de 30 años se estima entre los 1,000 y 1,500 mdd.

 

Por Ryan Mac y Victoria Barret

 

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He aquí una rara historia: Steve Jobs había estado siguiendo a un joven desarrollador de software llamado Drew Houston, quien desarrolló ingeniería inversa del sistema de archi­vos de Apple para que el logotipo de su startup, una caja abierta, apareciera escondido en su interior. Ni siquiera un equipo swat de Apple había sido capaz de hacer eso.

En diciembre de 2009, se reunieron en la oficina de Jobs en Cuperti­no. Cuando Houston sacó su laptop para hacer una demostración, Jobs, hizo un gesto de frial­dad, sugiriendo que volviera a cerrarla: “Yo sé lo que haces”.

Lo que Houston hace es Dropbox, el servicio de al­macenamiento digital que tiene actualmente más de 200 millones de usuarios. Houston estaba decidido a construir una gran empresa, dijo, y a no vender, sin importar el estatus del oferente o las perspectivas de una cifra de nueve dígitos. Jobs sonrió cálidamente mientras les decía que iría tras su mercado.

Un poco más tarde, en junio de 2011, Jobs presentaba al mundo iCloud, su apuesta para resolver el dilema más desordenado de archivos en Internet.  La reacción de Houston fue “Mierda!”.

Menos de tres años después, Houston, ahora de 30 años, parece haber salido mucho más fuerte de la batalla. Hace un par de se­manas, varios reportes de la prensa señalaron que Dropbox había cerrado una ronda de 250 millones de dólares (mdd) en financiamiento a una valuación de 10,000 mdd. Eso hace del jefe de Dropbox el nuevo multimillonario de Silicon Valley.

Forbes estima que Houston tiene al menos una participación de 10% en la compañía con sede en San Francisco. En la valua­ción de 10,000 mdd, la participación de Hous­ton en la compañía que él cofundó con Arash Ferdowsi, podría valer entre 1,000 y 1,500 mdd, dependiendo de lo mucho que aún posea.

En 2008, tras la fundación de Dropbox, Houston levantó 7.2 mdd; dinero suficiente, dado su robusto modelo económico, para dar paso a la expansión. Pero en agosto de 2011 decidió tirar a matar einvitó a siete firmas de inversión de riesgo. Todos respondieron a su convocatoria, que incluía a Index Ventures a la cabeza, Sequoia, Greylock, Benchmark, Accel, Goldman Sachs y rit Capital Partners. Muchos aceptaron condiciones menos favorables con tal del entrar. Houston consiguió 250 mdd, más una valuación de 4,000 mdd. Ésa había sido la última ronda de financiamiento de la compañía hasta enero de este año.

La inversión de BlackRock confirma a Dropbox como una de las empresas privadas más valiosas de Silicon Valley. El acuerdo también ayuda a Houston a unirse a un grupo de élite de fundadores como Mark Zuckerberg, Evan Williams y, más recientemente, Aneel Bhus­ri, quienes han comandado a sus empresas hacia una fortuna de diez cifras.

Houston es hijo de un ingeniero eléctrico egresado de Harvard y una biblio­tecaria de escuela preparatoria. Durante su infancia en los suburbios de Boston, comenzó a jugar con una pc a los cinco años.  A los 14, Houston se inscribió en la versión beta de un juego en línea y comenzó a erradi­car los fallos de seguridad. Pronto lo contra­taron como programador de redes a cambio de acciones en la compañía.

Durante su primer año en el MIT parecía que su madre había fracasado. La mayor par­te de su tiempo lo pasó escribiendo código. Finalmente fue convencido por Daniel Gole­man, a través de su Inteligencia Emocional, de que “la inteligencia no era suficiente” si quería dirigir una empresa. Así que pasó el verano siguiente en su fraternidad leyendo de libros de negocios. Si dejar la escuela fue decisivo en la vida de Bill Gates, Michael Dell y Mark Zuckerberg, permanecer en ella fue igual de importante para Houston, particu­larmente por la experiencia en la fraternidad, donde hizo grandes amigos; algunos de ellos trabajan con él hasta el día de hoy.

Su entrañable amigo, Adam Smith, partió de la casa de la fraternidad hacia San Francisco en septiembre de 2006 para emprender Xobni, una firma de software que fue comprada en 2013 por Yahoo! Houston obtuvo la motivación que necesitaba. “Si él pudo hacerlo, yo sabía que podría”.

La idea de Dropbox nació tres meses más tarde en un autobús a Nueva York. Él planea­ba trabajar durante un viaje de cuatro horas desde Boston, pero olvidó su memoria USB, quedándose con una laptop y nada de código para trabajar. Frustrado, inmediatamente comenzó a crear la tecnología para sincro­nizar archivos a través de Internet. Cuatro meses más tarde, voló a San Francisco para presentar su idea a Paul Graham, de la incu­badora Y Combinator.

Pero Graham insistió en que debía tener un cofundador antes de presentar su solicitud. Un amigo le refirió a Arash Ferdowsi, que estudiaba Ciencias de la Computación en el MIT. Ha­blaron durante dos horas de vuelta en Boston y “se casaron en la segunda cita”, como Houston lo describe. Ferdowsi abandonó la escuela a sólo seis meses de graduarse.

 

Dropbox levantó 15,000 dólares

Deseosos de hacer que Dropbox funcionara en cual­quier equipo, Houston pasó 20 horas al día tratando de hacer ingeniería inversa, hasta llegar a las entrañas de la computadora.

Dropbox respondió a un nuevo problema en un mundo donde la gente lleva un teléfono o dos, y tal vez una tableta, pero tiene archivos y fotos en varias computadoras, de escritorio y portátiles. “Los dispositivos son cada vez más inteligentes y eso significa más datos repar­tidos por todos lados”, dice Houston. “Es ne­cesario que haya un tejido que conecte todos estos dispositivos. Eso es lo que hacemos”.

Meses más tarde, el dúo presentó Dropbox en un evento de Y Combinator. De ahí obtuvieron 1.2 mdd de Pejman Nozad, quien invertía en empresas tecnológicas y los conectó con Sequoia, la firma que respaldó a Google y Yahoo!, afirmando, falsamente, que Dropbox analizaba múltiples ofertas de capital de riesgo. “Básicamente, él fue nuestro proxeneta”, dice Houston. De esta forma obtuvieron de Sequoia 1.2 mdd.

Houston y Ferdowsi pasaron los siguientes años en vela. Eran perfeccionistas. Una vez que Houston tuvo que buscar una copia sueca de Windows XP, porque tenía una peculiari­dad única de código que hacía que Dropbox se atorara ligeramente, Ferdowsi hizo que un diseñador pasara horas retocando la sombra del botón de Dropbox en el interior del siste­ma de archivos en una Mac. Tenía un toque más oscuro que los botones de Apple y eso lo volvió loco durante semanas.

Dropbox mantuvo el tamaño de su equipo a raya, lo que le permitió navegar a través de la crisis. En 2008 contaba con nueve empleados y 200,000 clientes. Tres años más tarde tenía sólo 14, aunque los usuarios aumentaron diez veces. En 2014 tiene poco más de 300 empleados y más de dos millones de usuarios.

La historia de la compañía está ligada a cientos de anécdotas de sus usuarios, como esa vez en la que Houston asistió a la fiesta de un inversionista de riesgo de Belvedere, California, e intentaba explicar el funciona­miento de Dropbox, cuando fue interrumpi­do por su interlocutor; tal como le sucediera con Steve Jobs años atrás, “Sí, lo sé, lo uso todo el tiempo”, le dijo un animado Will.I.am, integrante de los Black Eyed Peas, quien usó el servicio para colaborar con el productor David Guetta en el éxito “I Got A Feeling”.

Houston cree que Dropbox está mar­cando el comienzo de una nueva era de la informática, donde la gente ya no está atada a sus archivos. “Tus datos te siguen”.

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