Para ganar la aceptación popular de la reforma energética, el gobierno federal lanzó una engañosa campaña de que los combustibles y la electricidad serían más económicos. A cuatro años de distancia de los cambios constitucionales hay más competencia, pero no se ha visto beneficio alguno para los usuarios finales.

Querían convencernos de que la reforma era positiva. Dijeron que habría más competencia y que eso necesariamente se traduciría en precios más competitivos. Y sí hay más competidores en el mercado. De acuerdo con la Comisión Reguladora de Energía (CRE) en México ya operan 33 marcas de gasolina distintas a Petróleos Mexicanos (Pemex).

Hay 11 mil 774 gasolineras repartidas en todo el país y ya destacan las mamparas de marcas diferentes a Pemex, aunque es la misma gasolina porque la empresa nacional sigue como principal abastecedora.

Pero los precios siguen al alza. En el caso de la gasolina magna desde mediados de 2014 a la fecha, el precio ha aumentado 40% al pasar de 12.86 pesos a 18.05 en la Ciudad de México; el precio de la gasolina calidad Premium se ha elevado 35% y el del diésel 31%.

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Sólo quienes no conocen el comportamiento de los precios del petróleo en el mercado internacional (y que por desagracia es la mayoría de la población) se dejaron engañar por el gobierno federal, ya que al liberar el precio era de esperarse que nadie tuviera control sobre el costo y menos que pudieran ofrecer una caída en el precio.

Lo que el gobierno nunca dijo era que no pretendía disminuir los impuestos aplicables a los combustibles automotrices. En la estructura del precio los gravámenes como el Impuesto Sobre la Renta, el Impuesto al Valor Agregado y el Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios, representan más de la mitad del precio final al consumidor. Mientras no renuncie a ese jugoso ingreso, los precios internacionales no se reflejarán.

Así que la transición a vehículos eléctricos, el uso de bicicleta y de vehículos de menor cilindraje responde más que a una conciencia sobre el cuidado del ambiente. a una opción de reducir el gasto.

Situación similar ocurre con las tarifas eléctricas. A la fecha hay 40 mil usuarios comerciales e industriales que ya están generando 304 MegaWatts (MW) a través de paneles solares y parques eólicos, como una forma de disminuir el uso de los combustibles en la producción de electricidad y promover el desarrollo sustentable.

La CRE estima que para el 2025 habrá capacidad para generar 6 mil MW mediante la generación distribuida (producción de la energía cerca o en el lugar donde se consume) impulsada por industrias medianas y usuarios residenciales de alto consumo, principalmente.

Es un hecho que frente a los altos precios de los combustibles y elevadas tarifas eléctricas los usuarios finales tendremos que seguir buscando opciones más verdes y más rentables para cuidar el gasto. Es lamentablemente, pero ocurre que nos estamos volviendo más ecológicos por cuidar el bolsillo, que por convicción.

 

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