Lejos de ser una propuesta utópica e idealista, se presenta como una solución alternativa a un modelo de producción y consumo que tiene fecha de caducidad.

 

La economía circular es una propuesta para cambiar el modo de producción del futuro, a fin de lograr que cada producto tenga múltiples ciclos de uso y producción, es decir, que el fin de un producto alimente el comienzo de otro. «El objetivo es que los recursos se conviertan en productos, los productos en residuos y los residuos en recursos», como señala el presidente de la Fundación para la Economía Circular.

El paradigma de la economía circular se opone al actual sistema lineal de producción. Si hoy la ecuación reinante es «tomar, hacer y desechar», la que se propone es «reducir, reutilizar y reciclar». Es la puesta en práctica de la expresión «nada se pierde, todo se transforma», ya que en este modelo no hay residuos: todos los materiales y productos de la cadena productiva sirven para alimentar otros sistemas, y así ad infinitum. Es un planteamiento que va más allá del reciclaje. No se trata sólo de minimizar o reparar los daños que se originan en el actual sistema, sino de ocuparse también de las causas. Por ello se la relaciona con la filosofía de la cuna a la cuna, la que exige pensar en el impacto medioambiental en todas las fases de producción, incluso en el diseño y concepción de los productos.

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La economía circular, además de necesaria para afrontar la crisis ecológica, puede traer consigo varias oportunidades y ventajas competitivas para las empresas:

Rentabilidad. La secuencia «reducir, reutilizar y reciclar» permite a las empresas optimizar sus recursos y materiales. Según un estudio de McKinsey, si tan sólo el sector de la manufactura adoptase este sistema, se ahorrarían unos 680,000 millones de dólares (625,000 millones de euros) y se crearían decenas de miles de puestos de trabajo.

Colaboración. Es un modelo que requiere que las empresas comprometidas cooperen entre sí, pues los residuos de unas son los recursos de otras. Para afianzar este trabajo en red, la plataforma Circular Economy 100 de la fundación de Ellen MacArthur facilita una serie de herramientas teóricas y prácticas para que empresas, emprendedores y administraciones puedan experimentar circuitos de producción circulares. El programa ―que ya cuenta con alrededor de 90 empresas adheridas, entre las que destacan Renault, Philips, Coca-Cola, Unilever, Cisco y Apple― apuesta por la creación de soluciones colectivas.

Por su parte, el evento global Open Source Circular Economy Days promueve la colaboración y definición de códigos abiertos entre países e industrias: «Necesitamos transparencia en los procesos de fabricación y producción. Necesitamos productos que se puedan entender, desmontar y reparar. Necesitamos compartir conocimiento de cómo fluyen los recursos en todo nuestro sistema. Y cuando se desarrollan buenas soluciones, tenemos que ser capaces de usarlas, para construir sobre ellas y mejorarlas para el beneficio de nuestro planeta y nuestra sociedad.»

Reputación. En estos últimos años, las empresas se han preocupado por el impacto ambiental de sus actividades productivas, desarrollando políticas de responsabilidad medioambiental para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, la contaminación de agua, la desertificación, etc., por ejemplo. Ahora, promover la economía circular representaría un paso más y posibilitaría la diferenciación respecto a otras empresas. Es el caso de ING Bank, que presentó su propio estudio, siendo de momento el único banco a nivel internacional que reflexiona sobre el cambio de modelo productivo. Se trata de construir reputación, de generar confianza.

Además, la generación millennial ―la que, según previsiones de Deloitte, representará el 75% de la fuerza laboral mundial en 2025― se interesa por el propósito y los valores que defiende la empresa para la que trabajan. Según la última encuesta de Deloitte, 3 de cada 4 creen que las compañías están demasiado centradas en sus propias agendas y no prestan suficiente atención a los problemas de la sociedad. Un modelo de desarrollo económico basado en la economía circular podría conectar, entonces, y de manera natural con la filosofía de los millennials.

Innovación. Este sistema genera un ecosistema favorable a la innovación, y con ello promueve la aparición de nuevos modelos de negocio; por ejemplo, los implementados por Fonebank, que compra y revende móviles; Mud Jeans, que alquila pantalones de algodón ecológico, o Umicore, que extrae los materiales preciosos que hay dentro de los dispositivos tecnológicos. Tal como sostuvo Janez Potočnik, el comisario de Medio Ambiente de la Unión Europea: «La economía circular será el gran reto de innovación durante los próximos decenios.»

Hoy somos más de 7.3 mil millones de habitantes en el mundo y se estima que para 2050 ya seremos más de 9,000 millones. La demanda aumentará en un 25%, pero no así la oferta de recursos. Todo lo contrario, si consideramos que el 80% de lo que utilizamos hoy… se emplea y se desecha. Ante este panorama, la economía circular, lejos de ser una propuesta utópica e idealista, se presenta como una solución alternativa a un modelo de producción y consumo que tiene fecha de caducidad. Algunas instituciones ya la están considerando, como el Parlamento Europeo, que con la aprobación de la resolución Hacia una economía circular: un programa de cero residuos para Europa, se ha comprometido a legislar sobre el tema. Urge una respuesta global. Es una necesidad, pero también una oportunidad para que líderes empresariales se conviertan en los protagonistas del cambio hacia un modelo sostenible, rentable, colaborativo, reputado e innovador. Y, probablemente, también el único modelo de empresa posible.

 

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