El producto interior bruto (PIB) de Japón creció sólo un 0.2% anual en el segundo trimestre, por debajo del 0.7% de los pronósticos, y con una desaceleración respecto a la medición revisada del 2% en enero-marzo, de acuerdo con los datos de la Oficina de Gabinete.

Así, las cifras oficiales indican que el PIB nipón se mantuvo prácticamente estancado con respecto al trimestre anterior, cuando reportó un firme ritmo del 0.5 intertrimestral y del 1.9% interanual –hoy revisada al 2.0%–.

El frenazo de la economía japonesa mete aún más presión al Banco de Japón para poner en marcha estímulos, así como al primer ministro Shinzo Abe, para que implemente políticas que generen una expansión más sustentable.

Si bien la tercera economía del mundo logró avanzar debido principalmente al aumento de la demanda pública y del gasto de los hogares, fueron las débiles exportaciones y gasto de capital las que afectaron su desempeño.

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El consumo privado, que representa casi el 60% del PIB japonés, creció un 0.2% en abril-junio, en línea con el promedio de pronósticos, pero desacelerándose desde el crecimiento del 0.7% en el trimestre previo.

El gasto de capital disminuyó un 0.4% en el trimestre tras la caída del 0.7% en el primero, sugiriendo que la incertidumbre por el panorama mundial y la debilidad del mercado doméstico hacen que las compañías se abstengan de gastar más.

Cabe recordar que el gobierno japonés anunció hace unas semanas un paquete económico con medidas fiscales por 13.5 billones de yenes (unos 133,000 millones de dólares), con el objetivo de ayudar a la economía doméstica ante el contexto exterior y apuntalar una recuperación moderada.

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Mientras que el banco central japonés también reforzó sus estímulos económicos incrementando las compras de activos de riesgo, aunque ahora enfrentará más presión para actuar nuevamente el mes próximo, cuando lleve a cabo una evaluación general de los efectos de su programa de estímulo.

El débil reporte del PIB de Japón destaca los desafíos que enfrentan el país y sus autoridades para poner un final sostenido a dos décadas de deflación.

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