Por Francisco Coll Morales

Como hemos podido observar en el entorno económico, los bancos centrales, momentáneamente, han paralizado la retirada de estímulos a la economía. Ante el incierto entorno y el gran elenco de riesgos que sugestionan el mundo, los bancos centrales han optado por la decisión de paralizar las subidas de tipos y evitar, con ello, el asfixiamiento de una economía debilitada.

El 2019 no ha empezado todo lo bien que se esperaba. Aunque los crecimientos no hayan caído demasiado, la desaceleración económica en aquellas economías desarrolladas está sembrando el pánico en aquellos organismos y bancos centrales. El balance de riesgos globales se está deteriorando día tras día, y con él, lo hace la economía.

Estamos ante una economía que, a priori, se consideraba fuerte y robusta, capaz de prolongar los crecimientos que nos impulsaron en el 2018 en el largo plazo. Sin embargo, la retirada de estímulos y los efectos en la economía han vislumbrado la posibilidad de que esta economía, la cual se consideraba consolidada, no esté tan consolidada como se preveía.

En el Foro de Davos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya avisaba de los efectos que iban a tener estos shocks que, desde los gobiernos, se le estaban lanzando a la economía. Casos como el Brexit, la guerra comercial o los enormes niveles de endeudamientos de determinadas economías que, a su vez, son las mismas que lideran los crecimientos, estaban apagando paulatinamente el impulso económico.

Y así lo estamos viendo, la economía global, la cual se esperaba que creciese a niveles del 3,8%, sufre un nuevo reajuste que la deja en 3,5%. Como se pueden observar, un nuevo reajuste que deja el ritmo de crecimiento muy distante de aquel 4,2% que, antaño, se pronosticó para la economía global en 2019. Y es que, como dijimos en aquel entonces, este crecimiento iba a ir muy condicionado al comportamiento de los líderes políticos y los países en materia política y comercial.

Muchos hablan de que lo que está ocurriendo no es más que un fin de ciclo expansivo. En teoría, es posible que así sea, pues la aplicación permanente de estímulos que han aplicado bancos centrales como el Banco Central Europeo (BCE) no puede sostenerse en el largo plazo. Es más, ante una recesión, tener aplicados los estímulos podría dejar al banco central sin la capacidad de mover ficha y reactivar un nuevo entorno recesivo.

Sin embargo, como hemos dicho, ante una retirada de estímulos precipitada, los bancos han decidido esperar hasta que la incertidumbre desaparezca de la economía, o, al menos, se relaje moderadamente. Otros muchos economistas hablan de que la economía está estresada; algo que también podríamos entender, pues es imposible que no se sature una economía a la que los gobiernos no dejan de castigar.

Sea como sea, la economía está siendo acechada por los gobiernos y los líderes políticos. Actualmente, lo que sufre la economía es una muestra de la defensa de los intereses; algo que, por otro lado, como indicó el Foro de Davos, es un completo error. El crecimiento, en una economía cada vez más globalizada, debe darse de una forma generalizada e inclusiva.

De darse de otra forma, nunca tendremos un desarrollo económico sostenible y prolongable en el largo plazo. Las economías deben apoyarse, eliminar los riesgos, reducir sus volúmenes de deuda y afrontar aquellos cambios en sus economías, salvaguardando así sus intereses y los intereses económicos y sociales de los países y de la economía global.

*Director de desarrollo de negocio de HAC Business School de Nueva York.

 

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