Basilio González Núñez, economista egresado de la UNAM, estuvo al frente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) de 1991 a 2018. Trabajó con cinco presidentes y 12 titulares de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS). Durante su gestión los incrementos al salario mínimo se definían con respecto a la inflación estimada, por consiguiente los aumentos anuales fueron marginales.

En entrevista con Forbes México, el actual presidente de la Conasami, Luis Munguía Corella, maestro en Economía Política por El Colegio de México, cuenta que “la institución estaba en condiciones muy malas. No había generación de valor agregado”. Parte de la nueva política salarial se enfocó en revitalizar a la Comisión, presidida durante 27 años por la misma persona.

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“Todas las personas que trabajaban aquí hacían un informe mensual en donde lo único que hacían era copiar y pegar la información de instituciones públicas como el Banco de México, el Inegi. Eran documentos enormes, de 2,500 hojas, que se entregaban al Consejo (de Representantes) y que nadie leía porque era enorme. La información era redundante, no había algo nuevo”, cuenta.

En 2014, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) refirió en su evaluación 1643 de la Política Laboral, integrada en la Cuenta Pública de 2014, que en 13 años (2001-2014) la Conasami ejerció 539.6 millones de pesos para la elaboración de 144 estudios socioeconómicos e investigaciones “con objeto de determinar la fijación anual del salario mínimo”.

Sin embargo, refiere el documento, “en los estudios realizados no se refleja una metodología para la determinación del monto de los salarios mínimos, ni los factores a considerar el incremento del mismo, aun cuando se analizaron variables como la evolución de los precios, el poder adquisitivo de las familias y la inflación”.

A partir del 1 de enero de 2022, el salario mínimo subirá 22%: será de 260.34 pesos en la zona libre de la frontera norte y de 172.87 en el resto del país.

“Tampoco se identificó la realización de estudios para analizar el presupuesto indispensable para la satisfacción de necesidades de cada familia y las condiciones de vida de los trabajadores del salario mínimo, lo que limita conocer con precisión si el salario mínimo se fijó en forma razonable a las necesidades básicas de la población”, agrega.

En 2018, con la llegada de la nueva administración, la secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde, le pidió su renuncia a Basilio González Núñez. La presidencia de Conasami fue ocupada entonces por Andrés Peñaloza Méndez y la dirección técnica por Luis Munguía, quien en octubre de 2020 ascendió al máximo cargo de la Comisión.

Munguía Corella, licenciado en Economía por la Universidad de Sonora, ha participado desde el inicio del nuevo gobierno en la nueva política salarial impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, la cual apunta a dejar un salario mínimo de por lo menos 226 pesos al fin del sexenio. Para lograr esa meta ha sido fundamental convencer al sector empresarial, y el actual titular de Conasami revela parte de la estrategia.

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“Lo que hicimos fue renovar al personal. Todas las personas que están en Conasami son economistas nuevos, jóvenes, de diferentes instituciones como El Colegio de México, CIDE, UNAM. Tenemos un equipo de gente especializada en el tema de economía laboral, productividad, otras en inflación, en macroeconomía. Lo que hicimos fue cambiar esto (la institución) de golpe”, cuenta.

“A partir del primer mes se hizo un informe con pura información propia, generada por nosotros. Empezamos a hacer investigación sobre cuál era el impacto que tenía el salario mínimo en la inflación. Nosotros lo calculamos, no teníamos que esperar a que lo hiciera el Banco de México, y todo se lo empezamos a entregar al Consejo”, sigue Munguía.

El Consejo de Representantes está integrado por el sector público, el privado y obrero. Cada año este consejo tripartita analiza y fija el incremento al salario mínimo del periodo siguiente.

Luis Munguía comparte que fue “un poco abrumador para el Consejo” recibir nuevos estudios “porque no estaban acostumbrados a tener información oportuna, bien hecha, que fuera útil”.

De acuerdo con la Conasami, el aumento al salario mínimo beneficiará a 6.3 millones de trabajadores, un 30.5% de los registrados en el IMSS.

“El Consejo ya está adaptado, además pueden pedirnos cosas: nos dicen tengo la necesidad de calcular tal cosa, entonces lo calculamos y se lo damos. Conasami ha empezado a hacer inclusive otras cosas laborales: análisis de outsourcing, de programas como Jóvenes Construyendo el Futuro. Se ha convertido en una especie de centro de investigación de temas laborales que sirve de herramienta para que el gobierno de México tome decisiones”, señala.

—¿Cómo han recibido los empresarios este cambio de la Conasami?

—Los he visto más colaborativos respecto al salario mínimo. Hay que reconocer que desde un poco antes habían dicho que estaban de acuerdo en que se incrementara el salario mínimo. Obviamente sí tienen ciertas diferencias, ellos son más moderados en cuanto al incremento, pero lo que ha cambiado mucho en el sector empresarial es que como nosotros generamos muchos datos sobre cuáles son los costos que tiene el incremento y les damos desagregados de información por sus sectores, eso les ha dado también herramientas a las cámaras empresariales para hablar con sus socios. A veces nos dicen ‘tenemos al sector azucarero preocupado’, entonces les damos información. Esto ha ayudado mucho a facilitar la comunicación con el sector empresarial. A ellos si les das números, entienden mejor. Es su lenguaje. Ha ayudado que tengamos un equipo técnico que entiende del tema bastante bien.

No obstante, la reinvención de la Conasami no ha sido el único factor determinante para avanzar en la nueva política salarial. Otras de las claves, reconoce Munguía, es el acercamiento que ha tenido el presidente López Obrador con el sector empresarial.

“Obviamente también hay una labor fuerte de parte de la Presidencia de la República. Es un proyecto de todo el gobierno, no es nada más de Conasami. Todos aquí representamos un voto del gobierno (en el Consejo tripartita). Entonces el presidente ha hablado con el sector empresarial, les ha pedido que apoyen y esto ayuda a que se destraben mucho estas negociaciones”.

El objetivo de Conasami: 226 pesos

Luis Munguía comparte con Forbes México que el objetivo es dejar al finalizar el actual sexenio el salario mínimo con un valor de 226 pesos. Aun así, apunta el también doctor en Economía por la Universidad de California, se estaría lejos de los 331.49 pesos “en precios de hoy” que alcanzó el ingreso mínimo en 1976.

Para ello, admite el presidente de la Conasami, la comunicación y la relación con el sector empresarial deberán continuar como hasta ahora, basada en datos y estudios técnicos.

“Es una política pública en la que lo mejor es que sepan los empresarios desde el principio hacia dónde vamos. Se ha demostrado en otros países que cuando el empresario sabe cuánto va a subir (el salario) es más fácil que tome medidas antes de que ocurra y el impacto es muy bajo en términos de costos laborales y muy alto en términos de que aumenta la productividad y del salario”.

“Desde el día uno este proyecto se lo presentamos al sector empresarial, ‘esta es la meta, hasta acá vamos a llegar’. Lo que no sabíamos es cuánto debía subir cada año, pero sí sabíamos que si en un año subía poco, el siguiente tenía que subir mucho para llegar a esta meta. Esta información siempre la va a tener el sector empresarial y ellos nos lo agradecen”, dice Munguía.

El presidente de la Conasami asegura que de 2000 a 2018 se incrementó 18% el salario mínimo, mientras que de 2018 a la fecha se han incrementado 73%.

“Estamos contentos con los impactos que ha tenido el salario mínimo. Es una buena política, es progresiva, beneficia más a los que menos ganan y redujo la pobreza durante los primeros años. Luego llegó la pandemia y esta reducción se borró un poco, pero sí hemos visto que todos los trabajadores que regresan al mercado laboral lo hacen con salarios más altos”, comparte.

Y cierra: “nuestro objetivo final, por lo menos para el final del sexenio, es que lleguemos a dos veces la línea de bienestar que calcula Coneval y hemos definido esta menta como lograble en estos años. Esta decidida de esta forma porque así un trabajador se puede mantener a sí mismo y a un dependiente económico. El número, a pesos de octubre, es de 226 pesos, pero esto va creciendo porque va ligado a la inflación, en los próximos dos años probablemente va a ser un poco más alto, pero en términos reales sería 226 pesos el objetivo final”.

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