El envío de cuatro cartas bomba en noviembre pasado –una de las cuales explotó–, por un grupo “ecoterrorista”, puso a los gigantes de los transgénicos a reforzar sus sistemas de seguridad. Ésta no es la primera vez que ocurre algo así en México.

 

Las grandes empresas de transgénicos en el país se encuentran en alerta máxima, y no precisamente por la oposición que históricamente han enfrentado estos cultivos. Ahora, las sedes de estos grandes corporativos en México temen por la seguridad de sus directivos, de sus científicos y de los productores que han optado por el uso de estas semillas.

Como ya es público, el pasado 19 de noviembre, una carta bomba hirió a Mario Valdés Berlanga, vicepresidente de la Alianza Pro Transgénicos (APT), que aglutina a productores y los grandes de la industria, como Monsanto, DuPont Pioneer, Syngenta, entre otros. Un paquete similar había sido enviado al presidente del organismo, Rubén Chávez Villagrán, quien fue alertado, por lo que no logró explotar.

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Asimismo, una fuente de la industria señaló que un paquete más fue enviado al Consejo Nacional Agropecuario (CNA), que igualmente fue alertado.

El ataque, como ya se mencionó, fue el 19 de noviembre, pero se denunció un mes después. Un grupo de supuestos activistas radicales autodenominado Círculo Eco-extremista de Terrorismo y Sabotaje, se atribuyó el envío de los paquetes.

En un comunicado en internet, no sólo confirma que envió un tercer paquete al CNA, sino que habla de un cuarto, a la empresa Protección de Cultivos, Ciencia y Tecnología.

“Nos reivindicamos los atentados (durante la tercera semana de noviembre) por medio de paquetes-bomba e incendiarios al Consejo Nacional Agropecuario, que habría llegado a la empresa Protección de Cultivos, Ciencia y Tecnología, también en la Ciudad de México.” Ambos son miembros activos de la Alianza Pro Transgénicos y hasta ahora se desconoce por qué no hicieron público el hecho.

En su manifiesto en internet, la organización, considerada como uno de los grupos anarquistas que operan sin control en la capital del país, señala qué tipo de empresas y sus científicos buscan “artificializar los procesos biológicos naturales”.

“Por nuestra parte, solo (sic) queda decir que no solo la naturaleza padecerá los atentados en su contra, sino que, ese daño se extenderá a los responsables directos, llámense organizaciones, empresas, institutos e individuos en concreto”, advierte en el documento en que reivindica los atentados.

De acuerdo con la fuente, la denuncia se presentó ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), pero también el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) tomó conocimiento del caso y se llevó los artefactos para su análisis.

En 2011, según la fuente, ya había ocurrido un hecho similar en las oficinas de Monsanto en México, pero se decidió no hacerlo público. En esa ocasión, el objeto no logró explotar porque estaba diseñado para detonarse con un abrecartas, pero la asistente que la recibió la abrió con unas tijeras.

La industria considera que este grupo “ecoterrorista” no tiene la infraestructura ni los integrantes suficientes para perpetrar un gran atentado, pero a pesar de que este tipo de empresas tienen sofisticados sistemas de seguridad, a raíz del envío de las cartas bomba ha habido una serie de reuniones entre integrantes del sector para reforzar dichas medidas, establecer protocolos más estrictos, principalmente encontrar sistemas eficientes de protección para los productores, que en este caso son el eslabón más débil de la cadena.

¡Nos vemos en 2016!

 

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Twitter: @julianafregoso

 

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