ERAN GRITOS DESESPERADOS TRATANDO DE IMPONERSE. El curso que han tomado las campañas rumbo a la Presidencia de la República fue la raíz de una encendida discusión al interior de una oficina ubicada en el barrio de Santa Fe, al poniente de la Ciudad de México. El aroma de café no era suficiente para que la armonía se hiciera presente. La batalla electoral provocó que todo se descompusiera en aquella sala de juntas y que cada uno de los asistentes (empleados de una empresa trasnacional) intentara vencer al otro a base de gritos y descalificaciones. Para entonces, el respeto hacia la diferencia ya había salido por la ventana.

Esta escena no ocurrió sólo una vez. A decir verdad, se repite en cualquier lado y con diferentes personas. La batalla entre los
candidatos presidenciales ha provocado que la polarización social se intensifique, junto con el encono y hasta el odio hacia los
políticos. Las narrativas son las mismas: “Es un corrupto”, “Es un retrógrada”, “Es un mentiroso”.

Cuidado con ello. Las discusiones alrededor del proceso rumbo al 1 de julio están alimentando la división y, consecuentemente,
alejando las condiciones para promover algo tan necesario y urgente: la cultura de paz, que permita sentar las bases de un proceso de reconciliación después de las elecciones.

No soy seguidor de las posturas naíf. La acidez me acompaña. Pero estoy convencido de que corren vientos muy agitados,
cruzados, que no alimentan el voto razonado y, por el contrario, están multiplicando la polarización. El problema es que, llegue quien llegue finalmente a la Presidencia de la República, tendrá que vivir con ello.

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¿Estamos a tiempo de romper con esta inercia? Vicenç Fisas, titular de la Cátedra Unesco sobre Paz y Derechos Humanos de la
Universidad Autónoma de Barcelona, sostiene que la Cultura de Paz consiste en un conjunto de valores, actitudes y conductas, que suscitan a la vez interacciones e intercambios sociales basados en principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia y
solidaridad; que rechazan la violencia y procuran prevenir los conflictos.

Por otro lado, Carlos Martín Beristain, doctor en Psicología y quien tiene una larga experiencia en mediación de conflictos, en una entrevista con el diario español La Vanguardia dijo que la polarización social crece cuando la represión aumenta, y también de forma intencional, cuando alguien trata de ganar control del conflicto a través del control de la gente. “Así, la opinión se divide en dos extremos, no hay colores, la percepción se estrecha en un ‘nosotros’ y un ‘ellos’ rígido”, añadió, sin dejar de compartir una conclusión que vale la pena considerar muy en serio: “Ninguna herida se cura sin el bálsamo del respeto”.

El encono, furia, miedo, indiferencia que se respira en México es responsabilidad de medios, políticos, ciudadanos. Podemos, si
queremos, cambiar la circunstancia. El 1 de julio será un episodio muy importante, pero hay un país que requiere de medios, políticos y ciudadanos (entre ellos, empresarios) con un pensamiento de mayor aliento.

 

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