En el país no se incentiva a la población a prepararse y la educación que se imparte no da prioridad a las habilidades para la generación de ingresos. El resultado son millones de desertores escolares convertidos primero en “ninis” y luego en vendedores telefónicos, guardias de seguridad, empleados de limpieza, ayudantes generales, con sueldos de 3,000 a 5,000 pesos mensuales.

 

Por Paola Palma

Desde hace décadas, la educación que se brinda en las escuelas del país no ofrece los elementos necesarios para hacer de México una nación próspera, al ser incapaz de desarrollar en los estudiantes las habilidades y los conocimientos que fundamenten una economía produc­tiva e innovadora.

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El efecto principal para un país de tener una educación de baja calidad es la incapacidad de acumular capital humano, entendido éste como el con­junto de habilidades, conocimientos y capacidades laborales que poseen sus habitantes.

La importancia del capital humano en términos económicos reside en que, a través de la educa­ción, los individuos acumulan cono­cimientos y adquieren habilidades que posteriormente podrán utilizar en el mercado laboral de manera productiva para generar ingresos.

A escala colectiva, el capital hu­mano acumulado por una población se traduce en crecimiento económi­co, como resultado de explotar con éxito las habilidades y competen­cias productivas.

En términos de capital humano, México ocupa el lugar 58 de 124 países, según el Índice de Capital Humano (ICH) 2015 elaborado por el Foro Económico Mundial. El país comparte posiciones con Tailandia (57) y Vietnam (59) y es superado por naciones latinoame­ricanas como Chile (45), Uruguay (47), Argentina (48), Panamá (49) y Costa Rica (53). Resulta claro que México se encuentra rezagado en la formación de individuos prepara­dos y productivos.

México se encuentra a años luz de las condiciones de capital humano de los países que encabe­zan el índice: Finlandia, Noruega y Suiza. En estas naciones el gobier­no garantiza a los estudiantes una educación moderna, de calidad y que potencia las capacidades individuales.

¿A qué se debe la baja califica­ción que México obtiene en este índice? El ICH está formado por 46 indicadores, divididos en dos ver­tientes: condiciones de aprendizaje y de empleo. En ambas, nuestro país presenta serias deficiencias que contribuyen a una baja acumu­lación de capital humano.

La vertiente aprendizaje del ICH mide los aspectos educativos que tienen un impacto directo sobre las capacidades futuras de la fuerza laboral. En este ámbito, la educación básica y su calidad tie­nen gran peso y en ambas, México sale muy mal calificado.

La calidad de la educación primaria en el país lo sitúa en la posición 102 de 124 países, similar a la de Venezuela (lugar 99) o Ugan­da (lugar 100). En indicadores de matriculación de educación básica, México está rezagado principal­mente en la de secundaria, donde ocupamos el puesto 74.

En cuanto a terminación de primaria y secundaria, el país se encuentra en los lugares 64 y 65, respectivamente. Lo anterior evi­dencia que la educación básica está lejos de ser universal en México y, además, que muchos de los que ingresan a ella no la concluyen.

Con respecto de la educación media y superior, las noticias tam­poco son buenas. La matrícula de nivel medio superior nos ubica en la posición 70, lo que significa que pocos jóvenes acceden a este nivel de educación, cuestión que se correlaciona con el porcentaje de ninis (jóvenes que no estudian ni trabajan), en el que México ocupa el lugar 45.

Según el ICH, la diversidad de habilidades con que cuentan los jóvenes mexicanos de entre 15 y 24 años nos sitúa en el lugar 71. No es de sorprender que un elevado des­empleo aqueje a este grupo de edad. México se ubica en la posición 36 como uno de los países con mayor desempleo juvenil. Es evidente que el sistema educativo mexicano no se adecua a la realidad del país y no provee a los jóvenes de las habi­lidades adecuadas a las necesidades que demanda el mercado laboral.

En cuanto al ámbito laboral, el Índice de Capital Humano mide aspectos tales como la tasa de par­ticipación laboral, nivel educativo y adecuación de habilidades de la población económicamente activa, calidad del empleo y facilidad de la economía de contar con trabajado­res calificados.

En habilidades de la fuerza laboral, México se encuentra en las últimas posiciones del ICH. En habilidades especializadas se sitúa en el lugar 70, mientras que en habi­lidades medias en el 104. Con ello, la facilidad para encontrar empleados calificados por parte de empresas sitúa al país en la posición 61. ¿Qué relación tiene esta falta de habilida­des de la fuerza laboral mexicana con la educación que se imparte en el país?

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Origen del mal

En una revisión de las ofertas de empleo en cualquier medio impreso mexicano, es fácil observar que el nivel educativo requerido en la ma­yoría de los casos es secundaria o bachillerato. En los empleos donde el bachillerato es requisito, se acep­ta al candidato aun cuando no haya terminado ese nivel de estudios.

La existencia de una enorme población en edad de trabajar con un bajo nivel de instrucción pro­voca la proliferación de empleos de baja calidad. ¿Qué efectos tiene este fenómeno sobre la decisión de un joven mexicano de seguir estudiando? ¿Qué incentivos tie­nen los mexicanos para continuar educándose?

Estudios económicos han demostrado que los individuos de­ciden acumular años adicionales de educación cuando los ingresos futuros que recibirían al conti­nuar estudiando, son mayores a los ingresos que obtendrían hoy si dejaran la escuela e ingresaran al mercado laboral.

La decisión de continuar estudiando es plenamente ra­cional en términos económicos. Sin embargo, miles de jóvenes mexicanos deciden no seguir estudiando después terminar la secundaria, porque el ingreso que pueden obtener hoy con ese nivel de estudios es igual al que podrían obtener con un nivel adicional de educación (bachillerato).

Del lado del empleador, éste no encuentra ventajas comparativas sustanciales entre un individuo con preparatoria o bachillerato trunco y uno con secundaria terminada, debido a que no hay habilidades productivas adicionales que los diferencien.

Esta situación la corrobora el reporte Panorama de Habilidades 2015 de la ocde, que señala que los jóvenes mexicanos abandonan la educación secundaria o me­dia superior sin haber adquirido habilidades básicas necesarias que contribuyan a su empleabilidad.

La OCDE destaca que la adquisi­ción de habilidades depende de la calidad educativa y, en nuestro país, el sistema educativo no desarro­lla en los individuos capacidades básicas de aprendizaje y adaptación, sino que sólo provee un bajo nivel de habilidades cognitivas (lectura, operación matemática, resolución de problemas).

Por otro lado, la decisión de miles de jóvenes de abandonar los estudios después de la secundaria es reforzada por la “facilidad” con la que pueden acceder a una actividad laboral de baja calidad que retribu­ye ingresos mínimos para subsistir.

En el mercado laboral formal existe un grupo de actividades para personas con bajo nivel de instrucción que garantizan un sueldo mínimo y presta­ciones de seguridad social. Vendedores telefónicos, guardias de seguridad, empleados de limpieza, ayudantes generales, son los puestos más ofrecidos con remuneraciones mensuales de entre 3,000 y 5,000 pesos.

Otro fenómeno que refuerza la decisión de incorporarse al mercado laboral y abandonar los estudios es la existencia de un enorme mercado informal. Sea como em­prendedor de un negocio informal o trabajando para uno, existe la facilidad de generar ingresos para personas con poca educación.

El bajo nivel educativo, combi­nado con el trabajo informal, crea un círculo vicioso en el que las re­ducidas habilidades laborales de las personas se emplean en actividades poco productivas, que generan ingresos bajos y que, a su vez, impi­den o hacen innecesario capacitar­se o adquirir nuevas habilidades.

Actualmente, gran parte de la fuerza laboral mexicana se emplea en actividades de baja productivi­dad que no aportan al crecimiento económico. Al primer trimestre de 2015, los trabajadores informales en México sumaron 28.7 millones de personas, el 57.6% de la pobla­ción ocupada.

 

El capital humano

Como primer paso, debe repensarse la manera en la que se invierten recursos públicos en educación. Los resultados actuales de la inversión en educación demuestran ser poco efectivos para la formación de una sociedad preparada y produc­tiva que propicie el crecimiento económico.

México debe centrar el deba­te educativo en planteamientos esenciales como ¿cuáles son las habilidades con que cuentan y deben desarrollar niños y jóvenes? ¿Las habilidades desarrolladas son adecuadas para integrarse al mer­cado laboral? ¿Cómo se integran los jóvenes al mercado laboral?

Nuestra sociedad requiere desarrollar capacidades cognitivas esenciales, pero también requiere de habilidades sociales y de compor­tamiento que permitan la colabora­ción, fomenten el emprendimiento y la innovación. Para ello, la agenda educativa debe también contemplar aspectos esenciales que promue­van la disciplina, la confianza, la cooperación y la adecuación a las aptitudes de cada individuo.

Al mismo tiempo, deben con­templarse opciones para aquellas personas que no completaron los niveles de educación básica, pero que requieren capacitarse para el trabajo. Es urgente desarrollar mecanismos para reintegrar a los “ninis” al estudio.

En México, los jóvenes cuentan con muy poca información para de­cidir qué carrera quieren estudiar y saber si dichas carreras son opcio­nes viables para encontrar empleo. También desconocen cuáles son las aptitudes necesarias para concluir con éxito sus estudios, lo que lleva a una elevada deserción escolar.

Al mismo tiempo, es impres­cindible que los que imparten la enseñanza cuenten con la pre­paración necesaria para formar individuos con habilidades y conocimientos que les permitan desarrollarse adecuadamente. En este ámbito, la política no debe predominar sobre el interés gene­ral que, en este caso, involucra el presente y futuro del país.

 

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