El ejercicio no solo nos provoca una mejor salud física, también un mayor goce por la vida.

Son emociones de las cuales podemos sacar gran provecho. En lo individual, mejora nuestra vida familiar, nos ayuda a alcanzar nuestras metas personales y profesionales, pero también existen beneficios colectivos.

Fomentar la actividad física en las organizaciones ha significado una reducción de la prima del seguro de gastos médicos, pero también aumentos en la productividad y en la mejora en el ambiente de trabajo.

Para pocos es hoy desconocido que cuando hacemos ejercicio nos sentimos activos y alegres.

Hace relativamente poco tiempo que la ciencia descubrió que los músculos también forman parte del sistema endocrino. Es decir, que nuestros músculos contribuyen a segregar diversos químicos, hormonas y proteínas, que provocan múltiples beneficios.

Algunas proteínas tienen efectos antiinflamatorios; otras, ayudan a bajar la presión arterial; unas más reparan los tejidos, aquellas regulan el apetito y algunas hasta ayudan en los procesos de memoria y aprendizaje.

Así que debemos borrar nuestros prejuicios sobre las personas musculosas. Resulta que pueden ser más sensibles y listos de lo que creemos.

Kelly McGonigal, profesora de la Universidad de Stanford, asegura que el simple hecho de mover el cuerpo ayuda a sanar y recuperarnos de problemas psicológicos.

No tenemos que convertirnos en atletas, hablamos del movimiento natural. No debemos pasar por alto que por siglos el ser humano fue cazador, recolector o labrador del campo.

Se calcula que el hombre primitivo caminaba unos 30 kilómetros por día; mientras que los cardiólogos recomiendan que al menos recorramos 5 kilómetros diarios, y qué mejor si son de manera continua y a paso ligero.

Sin embargo, en las últimas décadas el sedentarismo ha llegado a tal extremo que caminamos unos cuantos metros al día. Es tan grave la inactividad de nuestras generaciones, que nuestra infancia se divierte sentada frente a una pantalla sin mover más músculos que los de sus manos y cara.

McGonigal nos recuerda que la actividad física ayuda a que el cerebro de manera natural combata o evite la depresión, se vuelva más sensible al placer o que resista más el estrés.

Su receta es muy sencilla, especialmente si no estás habituado a hacer ejercicio.

La principal es empezar a caminar más metros de lo que habitualmente hacemos. El viejo truco de dejar el auto más lejos o no usarlo en distancias cortas, o bajarnos del transporte público una estación antes, nos puede funcionar.

Hacer pausas en la jornada laboral cada hora y pararnos para realizar estiramientos de cuerpo o caminar un par de minutos, también es muy útil para reactivar de manera distinta nuestro cerebro.

Si ya has hecho ejercicio, sabes que es una actividad que provoca una sensación de empoderamiento y hasta euforia.

Caminar, trotar o correr son de las actividades más sanas que podemos practicar. Si lo haces por salud física y mental, y ya rondas o superas los 50 años, recuerda que recorrer más de 8 o 10 kilómetros no agrega más beneficios.

Es decir, que mayor esfuerzo y más horas invertidas no necesariamente te harán más sano y longevo. Si tu meta es ser atleta de alto rendimiento, la cosa es distinta, pero debes asesorarte de un experto.

La natación es considerada un deporte de bajo impacto por lo cual es ideal para personas propensas a las lesiones, en edad madura. Pero si quieres un ejercicio que te demande, créeme que es un deporte que también tiene esa cualidad.

El ciclismo es otra actividad física que brinda grandes beneficios cardiovasculares, salvo que debes incluir una rutina extra de estiramientos, pues su movilidad es muy limitada.

Ejercitarse con pesas hace que tus músculos se desarrollen más rápido y mejor; es un deporte ideal para personas diabéticas, pero no debes dejar de realizar una actividad aeróbica complementaria, como correr o nadar, para fortalecer tu corazón.

En las distintas intervenciones que nos toca realizar en las empresas, notamos que en aquellas que fomentan actividades físicas el ambiente de trabajo es mejor, aunado a lo que ya comentamos: sus seguros de vida y de gastos médicos se abaratan y la productividad aumenta.

Los deportes que involucran trabajo en equipo, como futbol, basquetbol, voleibol, entre otros, si bien a veces dejan algunos lesionados, permiten experimentar el trabajo de conjunto que se aplica también en distintas áreas de trabajo.

Desafortunadamente, aunque se conocen muchos de estos beneficios, ni las personas ni quienes dirigen las organizaciones ponen en marcha prácticas de este tipo.

La invitación es a que lo pruebes, ejercítate, te sentirás más fuerte y habilitado para alcanzar tus metas personales y laborales, y más dispuesto a gozar de la vida.

Contacto:

Rosalinda Ballesteros es directora del Instituto de Ciencias del Bienestar Integral de Tecmilenio.

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