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Por Eduardo García

El año que México viviría en peligro parecía avanzar mucho mejor de lo anticipado. Los temores de un descarrilamiento de la economía mexicana en 2018 (ante el posible fracaso de las negociaciones que realizaban los gobiernos de Canadá, Estados Unidos y México desde agosto del año previo para modernizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN), lejos de cristalizarse, desaparecían poco a poco hasta que, a finales de septiembre, los equipos negociadores emergieron sonrientes para presentar, a los pocos días, un nuevo pacto comercial que salvaguardaría la integridad económica de la región norte del Continente Americano.

Unos días antes, las preocupaciones por posibles conflictos post electorales en México que generó, en la primera mitad del año, la elección presidencial del 1 de julio, también habían desaparecido, ante la apabullante victoria del candidato por la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador.

Así, la economía mexicana, contrario a las expectativas negativas de comienzos de 2018, superaba poco a poco los obstáculos que muchos temían pudiesen alterar el desempeño de años previos.

La Bolas Mexicana de Valores (BMV), tras registrar pérdidas de 9.5% en los primeros cinco meses del año pasado, comenzó a reportar, rápidamente, jornadas positivas. Para finales de agosto, tras un rally de casi 13%, el mercado mexicano regresaba a territorio positivo, incluso a niveles cercanos a un nuevo récord.

El peso, por su parte, tras pérdidas acumuladas de 1.5% frente al dólar en los primeros cinco meses del año, reportaba ya una ganancia de 5% a finales de septiembre.

Las expectativas pesimistas con las que México inició 2018 comenzaron a esfumarse, para dar paso a un renovado optimismo. Sin embargo, dicho optimismo comenzó a desaparecer y las preocupaciones del arranque del año resurgieron con renovados bríos, para confirmar las profecías negativas con las que se llegó al año 2018.

La decisión, a finales de octubre, del entonces presidente electo López Obrador, de cancelar la obra de infraestructura más importante de AL de las últimas tres décadas: el Nuevo Aeropuerto Internacional de México NAIM, revivió la incertidumbre.

Para muchos, resultaba incomprensible, injustificado e irracional que López Obrador optara por abandonar un proyecto que daría proyección internacional a México como destino turístico y con una economía pujante, y en el que el gobierno de Enrique Peña Nieto había ya invertido cerca de 100,000 millones de pesos (mdp, unos 5,000 millones de dólares).

La medida generó gran desconcierto en México y el extranjero, además de que significó un duro golpe a la reputación del país y cimbró la confianza de inversionistas nacionales e internacionales en el nuevo gobierno.

Dos agencias calificadoras, Fitch Ratings y HR Ratings, de inmediato cambiaron la perspectiva sobre la calificación de México, de “estable” a “negativa”, sembrando la posibilidad de que el país, tras años de ascenso en los rankings de las calificadoras, comenzara a declinar.

La bolsa y el peso volvieron a registrar pérdidas. Incluso, las tasas de interés comenzaron un proceso de ascenso, alcanzando, en pocas semanas, niveles no vistos en más de una década. Así, el principal indicador de la BMV terminó el año con una pérdida acumulada de 15.6%, su peor desempeño en 10 años.

Si bien el peso, al final del año, recuperó parte del terreno perdido, rondó niveles de debilidad cercanos a 20.5 pesos por dólar, similares a los que generó la incertidumbre sobre la renegociación del TLCAN y la elección presidencial.

El agua alcanza a los millonarios

Así, de las 36 fortunas que Forbes México publica, poco más de tres de cada cuatro (77%) registraron una caída, como resultado del descenso que acumularon sus acciones en la BMV el año pasado, de una expectativa económica menos favorable, un tipo de cambio más débil y tasas de interés más altas.

Sólo tres de esas fortunas: la de la familia Arroyo Chávez, la de Alfredo Harp Helú y la de Jerónimo Arango, permanecieron intactas, mientras que tres aumentaron.

De éstas últimas, dos subieron, sobre todo como consecuencia de una mejor evaluación de sus activos (el caso de los millonarios Fernando Chico Pardo y Carlos Hank Rhon); el ascenso de la tercera de esas fortunas se debió a circunstancias particulares vinculadas con la valuación de las empresas de Ricardo Salinas Pliego.

Los descensos de las 28 fortunas restantes no podrían atribuirse exclusivamente a las condiciones macroeconómicas o políticas del año pasado.

En muchos de casos, las caídas se debieron también a problemas o decepciones en el funcionamiento de las compañías que controlan los millonarios mexicanos.

Tal es el caso del empresario Emilio Azcárraga Jean, dueño del control de la compañía de televisión y medios más grande de México, Grupo Televisa, y quien vio caer su fortuna 29.4% el año pasado. O el de las familias Martín Soberón y Martín Bringas, que controlan a la segunda cadena de supermercados más grande del país, Organización Soriana. Esas fortunas registraron una pérdida del valor de 38.6 y 43.5% respectivamente, atribuible a un entorno económico adverso y a circunstancias particulares de sus compañías o de los sectores en los que participan.

Retos de pesos

Soriana, cuya sede se localiza en Monterrey, no logró registrar, el año pasado (como muchos anticipaban), los beneficios de la compra que realizó en 2015 de su rival Comercial Mexicana.

Si bien, esa adquisición dio a Soriana una mayor participación de mercado, de cerca de 20%, la cadena minorista aún está lejos de incrementar la rentabilidad, como esperaba que ocurriera en 2018, luego de las dificultades normales que enfrentó para integrar a las dos empresas. Para muchos inversionistas, Soriana ya debía haber dado resultados desde el año pasado, por las ventajas que le confiere su mayor tamaño.

Y aunque ha elevado sus ventas mismas tiendas a finales de 2016, lo ha hecho a un menor ritmo que sus competidores y que el conjunto del sector autoservicios.

De ahí que la fortuna de la familia Martin Soberón haya bajado, de 1,140 mdd en 2017, a 700 millones el año pasado, y que la de la familia Martín Bringas cayera de 2,300 mdd a 1,300 millones.

El caso televisa

El caso de Azcárraga Jean es emblemático. Su fortuna bajó de 1,700 mdd en 2017, a 1,200 millones el año pasado, principalmente por la pérdida de atractivo entre los inversionistas de Televisa ante la aparición de nuevas plataformas de entretenimiento.

Desde hace un par de años, el futuro de la mayor productora de contenidos en español en América Latina se ha ensombrecido por la llegada de nuevas tecnologías como, por ejemplo, el streaming, que, hasta hace unos años, no existía.

Esta pérdida de atractivo de los canales de Televisa desalienta a los anunciantes, quienes, por lo demás, disponen de otras opciones para alcanzar audiencias, quizás menos amplias, pero mucho mejor segmentadas, a las cuales hacen llegar mensajes y ofertas con mucha mayor precisión respecto a lo que ocurría antes. A ello se suma la decisión del gobierno de López Obrador de reducir el gasto en publicidad oficial, como parte de su plan de austeridad para redirigir recursos a la población más desprotegida.

Los analistas esperan que esa decisión impacte negativamente sobre los ingresos, flujos operativos y utilidades de Televisa, una compañía cuyas acciones registraron un descenso de 34.5% el año pasado y que llevan una caída cercana a 11% en lo que va de este año.

La fortuna de Azcárraga, como la de 28 hombres y mujeres de negocios de esta lista, cayó el año pasado, pero su descenso fue mucho mayor al promedio de 16.4% de los más acaudalados de México.

Otra fortuna que también sufrió un fuerte descalabro fue la del empresario minero y transportista Germán Larrea. Él vio descender su riqueza en 23.1%, de 17,300 mdd a 13,300 mdd.

El factor AMLO

Para los expertos, buena parte de ese descenso se explica (además de las razones relativas a la caída del índice de la bolsa al final del año) por los temores de los inversionistas a una mayor regulación de las actividades mineras en el gobierno de López Obrador.

Además, los fallos recientes de la Suprema Corte a favor del rol que deben jugar la comunidades locales o indígenas en cuanto a la aprobación o no de actividades mineras, hacen pensar a unos que las actividades de esa industria enfrentarán condiciones más estrictas para su desarrollo, lo que podría limitar su crecimiento, expansión y rentabilidad.

Pero, así como 2018 fue un mal año para la mayoría en el selecto grupo de los mexicanos más adinerados, los trabajadores mexicanos también han resentido algunas de las medidas adoptadas por López Obrador.

El descenso experimentado por la bolsa en 2018 provocó, por ejemplo, pérdidas en las sociedades de inversión que manejan las empresas administradoras de los fondos de ahorro (Afores) con el dinero del retiro de millones de mexicanos.

Aunque esas sociedades limitan el monto de sus inversiones en acciones cotizadas en la BMV a menos de 20% de los recursos que administran, la caída del mercado pudo estar detrás de la pérdida de valor que registraron las cuentas individuales de los trabajadores a finales del año pasado.

Las tasas pegan

“Que los mercados tengan esos descensos hace que el patrimonio de mucha gente se vea disminuido”, aun cuando no inviertan directamente, dijo Carlos González Tabares, director de Análisis de Monex.

Además, el alza en las tasas de interés (ocurrida en los últimos tres meses del año pasado) hará menos atractiva la posibilidad, para los mexicanos, de obtener préstamos para comprar un auto, adquirir una casa o pagar sus estudios universitarios.

“Evidentemente, tasas más altas sí acaban aumentando el costo, no sólo de las empresas que están endeudadas, sino [para] todos los mexicanos y, de una u otra manera, ponen un freno al crecimiento económico”, dijo Alejandra Marcos, directora de Análisis de Casa de Bolsa Intercam.

Los analistas esperan que la incertidumbre que generó López Obrador pueda superarse.

Las dudas sobre el programa económico del nuevo presidente persisten. Su oposición a continuar con la apertura del sector energético a los capitales privados y su intención de que la petrolera estatal, Pemex, construya una nueva refinería en Tabasco, a pesar de que carece de los recursos para financiarla y de que registra una fuerte caída de su producción de crudo, alimentan la incertidumbre, lo mismo que los más de 106,000 mdp que acumula de deuda.

Sin embargo, la lucha férrea del mandatario en contra de la corrupción, su propósito de implantar un uso más eficiente del presupuesto gubernamental para ayudar a los que menos tienen y su programa de austeridad gubernamental, junto con el combate a la inseguridad, podrían, de tener éxito, restaurar parte de la confianza perdida.

Ello beneficiaría a las empresas que cotizan en bolsa y, por ende, a los hombres y mujeres de negocios más acaudalados de México, pero, sobre todo, a la mayoría de los mexicanos.

Ahi viene… la estabilidad

Este año, los mercados han recuperado no sólo la estabilidad, sino que incluso ya registran ganancias. El índice de la bolsa, por ejemplo, reporta un avance de casi 2.5% en lo que va del año, mientras que el peso se ha fortalecido 2% frente al dólar.

Por su parte, las tasas de interés han bajado casi medio punto porcentual respecto de los niveles que enfrentaron a finales de 2018.

Para algunos analistas, existe la esperanza de que la incertidumbre inicial del nuevo gobierno pueda revertirse y el país regrese a una senda de crecimiento sostenido e, incluso, pueda acercarse a su meta de registrar una tasa de avance anual de 4%, algo que muchos ven como lejano, pero no imposible.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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