Sabemos que los ciclos económicos son medidos principalmente en niveles de actividad económica de determinados períodos, normalmente de meses o años. No es muy complicado saber la fase del ciclo económico en que estamos, pero sí lo es saber cuándo va a terminar una fase y comenzar la siguiente.

La crisis económica que está viviendo el mundo entero no es una crisis más, como las que se han enfrentado en el pasado.

El momento que estamos viviendo no resultó de una oleada de especulación, como ocurrió en octubre de 1929 en Estados Unidos, ni de la excesiva acumulación de deuda por parte de los gobiernos, empresas y bancos, como sucedió en América Latina a principios de los ochenta y finales de los noventa del siglo XX. Tampoco comparte origen con las crisis del modelo económico mexicano de 1976 ni de 1982.

Desde una perspectiva global, el resultado de la emergencia sanitaria representa una amenaza para la estabilidad económica, social y política del mundo. La parálisis económica se percibe por el creciente desempleo, el aumento de la pobreza, la baja en el consumo y la inestabilidad del poder adquisitivo.

Pero en el cuadro geopolítico de hoy, hay factores determinantes a considerar, como lo son las fuerzas del capital financiero globalizado que impulsan el posicionamiento de una cripto-moneda. Y aunque este proyecto implica el desplazamiento del dólar y consecuentemente el fin del orden financiero establecido en Bretton Woods (1944), los factores políticos en un año electoral para los Estados Unidos ponen en la mesa aspectos fundamentales e intereses comerciales enfatizados por la idea de que, a pesar de las apariencias de guerra comercial con China, los socios por excelencia de Estados Unidos en tiempos de Trump son Rusia y China, y por ende, se fortalece el proyecto que defiende el orden multipolar en el mundo.

La profundidad que ha alcanzado la crisis financiera global desde 2008, es manifestación del conflicto y enfrentamiento estructural entre las distintas fracciones del capital financiero transnacional, el continental-multinacional y el global-trasnacional, y paraliza la economía real, la de todos los días.

Hoy, igual que las hipotecas basura detonaron la recesión del 2008, el temor a una pandemia puede desatar la del 2020. Si de algo no hay duda es que el impacto económico del Coronavirus lo vamos a sentir todos.

Seguramente la intensidad del efecto dependerá del tiempo de respuesta de cada gobierno, y de los recursos y medidas tomadas para enfrentar las consecuencias económicas y financieras.

La desglobalización y la diversificación comercial marcarán una nueva fase, la post capitalista; que nacerá de la crisis del COVID-19, así como nació la economía capitalista después de la Gran Depresión de 1929.

 

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