Las crisis dejan huellas, heridas, y la del Coronavirus no será la excepción. En México entraremos en el aumento de los contagios en el corto plazo, es irremediable y más aún con los días que han pasado sin acciones concretas.

La experiencia enseña, y tenemos el caso de Corea, donde las medidas de prevención fueron instruidas por las autoridades y seguidas por la población, logrando un panorama esperanzador y la situación de Italia, donde se implementaron medidas draconianas, luego de semanas de incredulidad e irresponsabilidad.

Estados Unidos y España ya decretaron una situación de emergencia, Canadá cerró sus fronteras, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha hecho un llamado a la población ante un brote que no se ha podido controlar y donde el esfuerzo prioritario es garantizar la salud de la población.

La pandemia se tiene que enfrentar desde la óptica técnica, haciendo uso de las herramientas médicas y científicas al alcance, pero también requiere una buena dosis de política y esto es así, porque cualquier medida tendrá consecuencias en el futuro.

En primer lugar, está la vida de las personas y es donde los gobiernos deben centrar todas sus capacidades, ya que no hay nada más importante, aunque no siempre lo tengan muy claro.

Luego viene la necesidad de mantener la continuidad de los negocios para que la economía no se derrumbe. Esta es la tarea más compleja, porque una de las recetas para contener y mitigar una pandemia es la de recurrir al aislamiento social, lo que implica, por necesidad, cancelar actividades y cerrar comercios no prioritarios.  Esta es una de las diferencias más notables entre una crisis de salud y las que provienen de terremotos, incendios o inundaciones.

El Coronavirus es todavía una incógnita y por ello existe preocupación en el mundo entero y entre los científicos y especialistas. Por fortuna no tiene un alto grado de mortandad, la que se encuentra en el rango del cinco por ciento de los contagiados, pero las cifras pueden ser muy altas si la enfermedad de expande.

Por eso la Organización Mundial de la Salud viene insistiendo en que se tomen las medidas que impidan que la pandemia se convierta en un problema todavía peor de lo que ya es.

En estos casos la información, la de calidad, se vuelve un insumo muy importante para la toma de decisiones de los gobiernos, pero también de la propia sociedad, donde la primera tarea es la de explicar los riesgos que se enfrentan y lo que se puede hacer para atenuarlos.

La exageración no ayuda, pero mucho menos lo hace la indolencia de pensar que el Coronavirus terminará por pasar, para dejar de ser una señal de alarma y convertirse en una anécdota.

Por desgracia todo indica que no será así y que estamos apenas en el arranque de un tiempo por demás oscuro.

 

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