Por Francisco Coll Morales

Como ya se ha podido leer en muchas fuentes de información, la economía global se desacelera. Según el último informe WEO del Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual pronostica las proyecciones centrales -ajustadas al entorno económico y político-, el crecimiento de la economía mundial para este 2019 va a sufrir, como ya estamos viendo, una desaceleración, reajustando los pronósticos.

Tras cosechar crecimientos del 3,7% durante el 2018 en la economía global, los pronósticos para 2019, que a mediados de 2018 se encontraban en un ritmo superior al 4%; ahora, ante el nuevo reajuste que ha realizado el organismo, estas previsiones indican ritmos de crecimiento muy distantes de los pronosticados anteriormente. El crecimiento para 2019 pronosticado se data en el 3,5%.

Según el informe, la economía perdería un 0,2% de crecimiento para este año, debido principalmente a los riesgos que están generando los auges proteccionistas y todas las barreras comerciales entre China y Estados Unidos, así como las restrictivas condiciones financieras. Una desaceleración que ya estamos percibiendo y que hace saltar las alarmas en todo el mundo económico y político.

Proyecciones del crecimiento mundial para 2019 y 2020 en el Informe WEO (FMI).

Para 2020, las perspectivas pronosticadas parecen mejorar levemente. Según el mismo informe, para 2020 se esperan crecimientos a un ritmo del 3,6%. Un 0,1% que, de igual forma, indicaría el estancamiento del crecimiento económico. Un crecimiento económico, dañado también por los enormes volúmenes de deuda que concentran determinadas economías desarrolladas.

En resumen, estamos ante un entorno plagado de riesgos e incertidumbre. Como hemos dicho, los bloqueos comerciales, los elevados niveles de deuda en determinadas economías, los separatismos y populismos, las estrictas condiciones de financiación, el bloqueo a las emergentes… Una serie de factores que debilitan y apagan la llama a una economía estresada y castigada.

Castigada, obviamente, por la aplicación de políticas erróneas y la defensa de unos intereses individuales; obviando el desarrollo inclusivo y generalizado de los países y los factores comunes del resto de las economías. La prioridad para muchos es la de crecer a mayor ritmo que el resto de las economías; un crecimiento que, como bien se indicó en Davos, no es la solución al problema, pues el desarrollo se debe dar de una forma inclusiva y sostenible en el largo plazo.

Vivimos en un mundo globalizado y, por ello, debemos pensar que los desarrollos ya no se dan de la misma forma que hace décadas. Las economías emergentes, un elenco de economías que, a su vez, también forman parte de aquellas economías más castigadas, poseen un enorme peso en el crecimiento económico global, así como en el PIB Mundial; por lo que no tenerlas en cuenta es un grave error.

Aunque parezca una obviedad, la solución al problema parte de un entendimiento y la reactivación del cooperativismo entre los países. De agravarse las tensiones y las relaciones comerciales entre determinados países, podríamos estar ante el inicio de nuevas recesiones que ningún bien traerían a nuestra economía, así como los ciudadanos que integran el planeta.

Por ello, en definitiva, el futuro de nuestra economía depende de la aplicación de políticas sensatas y del papel de los organismos multilaterales, provocando un desarrollo generalizado y más inclusivo. Además, todo esto sin olvidar la potenciación del comercio global; pues este es, sin lugar a dudas, el verdadero motor de crecimiento de las economías y del planeta.

*Director de desarrollo de negocio de HAC Business School de Nueva York.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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