Llévate mis amores es un documental lleno de sensibilidad y un sobrio retrato de un grupo de mujeres, sin amarillismos, ni sentimentalismos baratos.

 

Al hablar de cualquier película es fácil caer en superlativos tramposos: tal trabajo de Nicolas Cage es el peor de su carrera, este thriller es el mejor de la historia, sería mejor dejar de hacer películas porque aquí tenemos una obra maestra. Son frases llamativas, pero superfluas, carentes de verdadera profundidad. No existen absolutos. Por eso resultaría una tontería nombrar a Llévate mis amores (2014) el mejor documental mexicano del año, probablemente no lo sea. Sí es una de las imperdibles de este 2015, un documento lleno de sensibilidad y un sobrio retrato de un grupo de mujeres, sin amarillismos, ni sentimentalismos baratos.

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En las primeras imágenes del documental vemos a un grupo de mujeres en medio de un ritual, colocan una olla, encienden el fuego, colocan un pedazo de madera para nivelar la cacerola, están preparando alimentos (arroz, frijol, totopos) con esmero y cuidado para después empaquetarlos. Llenan botellas de agua y paso seguido las amarran. Pequeños paquetes sin aparente destino, pero el distante silbido de un tren acelera el ritmo de trabajo, corren, apuran los procesos y salen disparadas para alcanzar a “La Bestia”, el tristemente célebre tren que recorre el país desde el sur cargado de migrantes, mexicanos o extranjeros, no hay diferencia. Como si se tratara de una postal proveniente de la India, donde los cuerpos cuelgan de barandales y escaleras, una masa uniforme cubre la sucia cubierta de la máquina. Manos se estiran intentando tomar los pequeños bultos, unos logran su cometido, muchos fallan en la peligrosa maniobra. Quizá sea el único alimento que vean en días, fallar significa aumentar el sufrimiento. El veloz metal pasa en unos segundos, un instante lleno de euforia, las mujeres están felices pero el trabajo no termina ahí, otro ferrocarril viene en camino, deben prepararse.

Hemos tenido documentales de todo tipo cuando se trata de migrantes, los hay de odiseas caleidoscópicas (Purgatorio, viaje al corazón de la frontera), proyectos de vanidad (¿Quién es Dayani Cristal?), sobre las consecuencias (Los que se quedan), entre muchos otros. La sencillez de la puesta en escena (aunque con breves momentos poéticos, el largometraje nunca opta por esa carta) y de las mujeres a cuadro, Llévate mis amores se desmarca rápido de otros ejercicios dedicados al tema de la migración. Sí, ellas ayudan migrantes pero el tema va más allá.

El novel director Arturo González Villaseñor, egresado de la Universidad Autónoma de México (UAM) –institución co-productora de Llévate mis amores–, tiene como objetivo mostrarnos quiénes son estas mujeres que todos los días y a lo largo de más de una década han donado su tiempo, vida, recursos a auxiliar a hombres que nunca han conocido, ni conocerán. Es inevitable sentirse pequeño.

Es una mentira que el arte transforme, mejore nuestra realidad. Si así fuera todos los problemas del mundo se habrían resuelto en cinco minutos hace mucho tiempo. No obstante, materiales como Llévate mis amores sensibilizan, ayudan a comprender mejor nuestro entorno. Si ellas hacen tanto, ¿por qué yo hago tan poco?

 

Ted 2: Personas de peluche, igualdad imaginaria

En el centro de Ted 2 (2015) hay una pregunta muy simple, ¿qué compone a una persona? Es un cuestionamiento que se envuelve de bromas sobre semen, cultura pop y actitudes propias de hombres nacidos en Boston, Estados Unidos. Si por años la comunidad negra luchó por el reconocimiento de sus derechos, y lo sigue haciendo junto a otras minorías, para Seth MacFarlane todo se puede resolver con un chiste y si éste no funciona, sueltas otro. Pues total.

Ted (voz de MacFarlane) decide casarse con su corriente enamorada, Tami-Lynn (Jessica Barth), al mismo tiempo que su mejor amigo, John (Mark Wahlberg), intenta animarse después de su reciente divorcio. Un año después nuestro ácido osito de peluche tiene problemas en su matrimonio, la miel desapareció y hay un pleito en cada traste sucio. Buscando sobrevivir al bache, Ted propone tener descendencia, aunque al ser un peluche está imposibilitado y los estragos de años dedicados a las drogas arruinaron el vientre de Tami-Lynn, la solución es adoptar. Sin embargo el gobierno desconoce el estatus como individuo de Ted y la pandilla debe emprender el largo camino al reconocimiento legal.

En su tercer largometraje está claro que MacFarlane ha crecido como director, la mejoría en la fluidez de las secuencias es notoria, no así como narrador. Creador de Padre de familia (1999-) y sus derivados, lo suyo, lo suyo es la acidez y el humor negro, no la estructura de un relato. Es más importante para él insertar un chiste que darle coherencia a la trama, en la serie que le dio fama funcionaba porque la intención era mostrar una especie de flujo onírico, donde la única regla era la posibilidad de serlo todo. Ted 2 no logra ese tono, porque el relato nunca define su razón de ser. Alegato a favor de la igualdad o sátira de las luchas sociales afroamericanas; vehículo para la cultura pop o complacencias para los fanáticos.

Al menos Mark Wahlberg sigue haciendo su tipo enojado de Boston con la misma consistencia de siempre.

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