Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*

La relación entre amor y gastronomía puede verse desde distintos ángulos, si nos referimos sólo al ámbito comercial bastaría ver lo que representa la venta de chocolates para el día de San Valentín; tan sólo en Estados Unidos representó un valor de mercado de 22 mil millones de dólares en 2018 (Food Market Outlook 2018) con un gasto promedio por persona cercano a los 150 dólares. El mercado de banquetes en México, que incluye bodas y XV años, –eventos en los que el amor y la familia son el centro de estos–, representa un valor aproximado de 1,000 millones de pesos al año.

Pero hablar de amor resulta un tanto escaso en ciertos ámbitos de la vida, parece ser que lo contenemos y lo dejamos para nuestras pláticas más personales y familiares y, en cambio, poco ocupa en nuestras relaciones laborales y en el ámbito profesional. A pesar de ello es el amor el motor de la existencia del hombre. ¡Estamos hechos para el amor! Si bien lo exaltamos en ciertas fechas, en otras no alcanzamos a ver la importancia que puede tener en nuestra vida.

Los propósitos más comunes en el año nuevo tienen que ver con el dinero, la salud y la felicidad, pero éste último queda la mayoría de las veces como un concepto más bien etéreo y difuso. Se dice que el dinero no da la felicidad, pero ciertamente ayuda a conseguirla evitando las dificultades en las relaciones que se viven bajo la sombra de la escasez. Gandhi decía que “el dinero no es un mal en sí mismo sino su mal uso”. Es por ello por lo que el altruismo sigue siendo una idea vigente y en la que mucha gente siente una enorme felicidad cuando puede compartir parte de sus beneficios con los menos favorecidos. Esta satisfacción no quiere decir necesariamente que se da un cheque en blanco o unas cuantas monedas a los más pobres. Ante el frio invierno o el fenómeno migratorio, por ejemplo, hay quienes, a pesar de no tener una situación económica holgada, compran comida y la cocinan para ofrecer, a aquellos que lo necesitan más, una sopa caliente, un café o un pan. El dinero, transformado en alimento se vuelve una de las expresiones más profundas de amor en la sociedad pues resulta sumamente personal compartir la comida con otra persona.

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Hablando de la salud es innegable su importancia ya que nos permite disfrutar plenamente de todo lo que sucede en nuestra vida y en nuestro alrededor, pero si la salud no está rodeada de amor, parece incompleta o limitada y en cambio, cuando a pesar de la salud hay amor, la vida se vuelve más llevadera y armónica. Es destacable que en prácticamente todos los hospitales siempre hay una tienda donde se venden dulces y chocolates para ser llevados los enfermos “como expresión de cariño”. Así mismo, alimentar al enfermo muchas veces es una expresión de amor incondicional ante la fragilidad o vulnerabilidad del otro, el alimento cobra un sentido secundario cuando forma parte de un acto de amor.

La felicidad que todos deseamos en año nuevo no es por tanto un concepto definido, sino que se va manifestando a través de las actividades diarias de nuestra vida, incluso en aquellas que no nos resultan del todo placenteras y que implican la conquista de nosotros mismos en pos de un ideal. La gastronomía es, en muchas ocasiones, el papel sobre el cual se escriben las grandes historias de amor, los momentos familiares más entrañables y las tradiciones más enriquecedoras. Se enmarcan también con un sentido especial de cariño aquellos grandes negocios que quedaron cerrados en la simplicidad de una servilleta de restaurante.

En el mundo profesional el mensaje del amor no debe contenerse, la satisfacción que da un reconocimiento personal a los empleados es mucho mayor que la que aporta un bono monetario. Las celebraciones de cumpleaños en las empresas son cada vez más institucionales y frente a un pastel se reconoce a los colaboradores en ese día especial elevando así el sentido de pertenencia a la organización. Cuando se valora [se da amor] a los miembros de una organización, la rotación disminuye y la productividad aumenta.

*Director de Le Cordon Bleu Anáhuac

 

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