La ruda competencia, una mala gestión, el talento mal dirigido… cualquier cosa puede obligar al cierre de un negocio. Pero algunos comercios la están pasando mal por otra amenaza implacable y letal: la delincuencia.

 

 

Llamémosle Esther. Ella no es libre de usar su nombre real porque tiene miedo. Ha pasado muy poco tiempo desde que secuestraron a sus hijos y aún no recobra la confianza en su barrio. Mucho menos en las autoridades.

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Hace algunos meses salió de su casa en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, a las 6:00 am. Como todas las mañanas pasaría a dejar a sus hijos a la preparatoria. De pronto, tres hombres armados obligaron a los chicos a subir a una camioneta que salió disparada. Uno de los maleantes se quedó con ella para darle la instrucción: ir a la casa de empeño donde laboraba, llevarse en su auto las joyas, aparatos electrodomésticos y todos los artículos de valor que pudiera. Después, el delincuente le llamaría para señalarle la dirección precisa adonde llevaría los objetos. La amenazó con matar a sus hijos si daba aviso a las autoridades. Ella obedeció.

Esther aún es la encargada de una de las sucursales de Prendamex en Cuautitlán Izcalli. Ella se las arregló para cumplir con la petición a pesar de su miedo y ante el riesgo de que sus superiores la consideraran cómplice de la delincuencia organizada.

¿Quién puede reprocharle que haya actuado así?, se pregunta Roberto Alor, director general de la cadena de casas de empeño Prendamex, quien, no obstante el impacto económico que sufrió su negocio (que prefirió no dar a conocer, aunque se tasa en varios miles de pesos), no duda que su empleada haya actuado de la mejor manera para no poner en riesgo su vida y la de sus hijos.

Para él, los últimos tres años han sido los más complicados en temas de seguridad. El giro de su negocio, dice, es por sí mismo un objetivo para la delincuencia por los artículos de valor que almacena. “Ya no se habla tanto de la inseguridad que hay en el país, pero ésta sigue afectando. Las extorsiones, asaltos y secuestros son una amenaza latente para los negocios.”

 

¡Arriba las manos!

La historia de Esther fue una llamada de atención para la compañía que dirige Alor. Aunque se pudo recuperar el valor de los bienes debido a que se cobraron los seguros correspondientes, reforzar la seguridad a través de cámaras, contratar personal de guardia y mejorar las condiciones de las bóvedas, implicaría un gran esfuerzo económico, sobre todo, si se considera que en el país operan 800 unidades de Prendamex, de las que 140 son propias y el resto bajo el concepto de franquicias.

Las casas de empeño en México no revelan sus cifras de facturación ni de ganancias. Pero hagamos cuentas: si seguimos lo dicho por Alor, el gasto en seguridad (que incluye la adquisición de pólizas, la instalación de sistemas de monitoreo, la contratación del cuerpo de seguridad y la manutención de las bóvedas) implica un desembolso anual aproximado de 30 millones de pesos (mdp), y esto representa aproximadamente 6% de sus ingresos; entonces las 140 sucursales propias en conjunto facturan 500 mdp.

Saber que las casas de empeño cobran en México altas tasas de interés (que oscilan entre 4 y 20% mensual en el mercado, mientras que la de Prendamex es de 6%), no es de ninguna manera una justificación para ser un blanco perfecto para la delincuencia.

Para Roberto Alor, no sólo es la afectación al negocio de los inversionistas, sino que también se cancelan opciones laborales. Prendamex cerró unidades en Michoacán, Morelos, Guerrero, Tamaulipas y Nuevo León.

“En los últimos meses hemos cerrado alrededor de 100 sucursales, la mayoría debido a las cuotas que se piden y que hacen insostenible la operación; también por la inseguridad, que no sólo afecta a empleados sino a clientes”, refiere el empresario.

Juan Manuel Gallástegui tiene una visión más panorámica de la situación. Él es el presidente de la firma Gallástegui Armella Franquicias, un despacho que promueve el desarrollo de este modelo de negocio en México. Según sus observaciones y lo que le ha tocado experimentar en el mercado mexicano, el factor de localización de las franquicias es cada vez más importante para los inversionistas que pretenden abrir un negocio.

Así, antes de que se desatara la ola de inseguridad en el país, las únicas preguntas respecto a una franquicia tenían que ver con la inversión requerida, el retorno de inversión y el monto del pago de regalías. Pero ahora “hay zonas del país en las que los inversionistas no quieren instalar franquicias por el clima de inseguridad que allí se vive”, acusa Gallástegui.

Aunque las franquicias no comparten sus estadísticas de ningún tipo (y menos las de inseguridad), el consultor sabe que los asaltos y los secuestros son las amenazas más constantes en este negocio. Son un elemento que determina la pertinencia de abrir o no una franquicia, si se mueve de lugar una que ya existe o si se cambia la estrategia de operación. El asunto es escapar de la delincuencia.

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Foto: Fernando Luna Arce

 

La ruta de escape

Abandonar el mercado mexicano no es una opción para Prendamex. Roberto Alor tiene claro que el negocio es lo suficientemente rentable y atractivo como para abandonar la idea de crecer y mantener su constante programa de apertura de franquicias. Los directores de la firma tienen una mejor idea: modificar su estrategia de operación.

Prendamex ingresará al mercado de las micro y pequeñas empresas. ¿Cómo? Ampliará la gama de productos que ahora acepta, como joyería y aparatos electrodomésticos, y aceptará también maquinaria de trabajo. De esta manera, ¿cómo huirá de la delincuencia? Sólo quedará bajo su resguardo la factura de cada máquina o aparato para hacer menos atractivo el ingreso de los asaltantes a sustraer los objetos.

Este nuevo mercado objetivo para la cadena de casas de empeño se integra de tortillerías, cafeterías, molinos, cremerías y todos los negocios que necesitan de una máquina, aunque sea pequeña, para trabajar. Un nicho nada despreciable si se considera que en el país existen, según cifras oficiales, alrededor de cinco millones de unidades económicas, de las cuales más de 90% está en el segmento de Mipymes. Prendamex está decidido a explorar un nuevo nicho.

 

Meta: trabajar en paz

Siempre, en todo, hay una cara mala y una buena. En las franquicias no ocurre distinto. Sin evadir que la inseguridad podría amenazar su negocio, Punta del Cielo es una marca que no ha tenido cierres repentinos de sucursales ni ha detenido su programa de aperturas.

Pablo González Cid, CEO de Punta del Cielo, es cauteloso. No quiere que se le confunda con alguien que no tiene los pies en la tierra y, mucho menos, que no está al tanto de los problemas de inseguridad que vive México.

“Hemos tenido asaltos en cafeterías y eso no es sólo un riesgo para empleados, sino también para clientes. Un clima así impide que la gente se sienta libre, que salga a caminar a las calles o a tomar un café; en eso es en lo que más nos afecta”, comparte González Cid.

En México existen 165 tiendas Punta del Cielo. Este año el plan es abrir 20 unidades más. Abrir una cuesta 1.6 mdp y el retorno de inversión depende de varios factores, pero en promedio se consideran entre dos y tres años.

No sólo existe el plan de nuevas aperturas, sino que recientemente Pablo González Cid relanzó el concepto de Punta del Cielo. “Nuestra idea es ser una autoridad en el café. Hoy queremos ser una especie de fábrica de buen café”, explica. ¿A qué se refiere? La imagen de cada cafetería es como la de una minifábrica, rústica y en colores blanco y negro. Minimalista. Nada acapara la atención más que el propio aroma del café que se prepara.

Punta del Cielo es un modelo exitoso, con un crecimiento constante que la inseguridad no ha afectado… hasta el momento. Pero Pablo es enemigo de cantar victoria. Conoce la realidad mexicana y, aunque no es parte de las estadísticas, sabe que otros negocios no la están pasando bien. Él piensa que su amenaza radica en no prepararse para enfrentar la competencia. Lo otro es una historia de terror que a él no le ha tocado vivir.

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Foto: Fernando Luna Arce

 

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