Por Marco Antonio Gómez Lovera*

Durante los primeros 16 años del siglo XXI, el salario mínimo (SM) en México se mantuvo estancado en términos reales, es decir, recibió aumentos muy cercanos a la inflación, por lo que su poder adquisitivo no aumentó. Esto ocurre luego de que en el último cuarto del siglo XX perdió cerca del 80% de su capacidad de compra.

Durante mucho tiempo se habló de la necesidad de que recuperar su poder adquisitivo. Sin embargo, había temores por los efectos que grandes alzas pudieran tener sobre la economía del país.

En primer lugar, preocupaba que la mayor capacidad de gasto de los trabajadores pudiera tener efectos inflacionarios si la productividad no crecía al mismo que el salario; además, según la teoría económica neoclásica, el aumento del SM podría ocasionar una destrucción de empleos, pues las empresas podrían no estar dispuestas a pagarlo; finalmente, preocupaba la presencia de un “efecto faro”,  en el que todos los salarios de la economía se ajustaran en la misma proporción que el mínimo.

No obstante, en 2016 inició un proceso de recuperación del poder adquisitivo del SM: se desindexó de multas, cuotas y sanciones, además se creó el Monto Independiente de Recuperación (MIR), con el objetivo de que un incremento del SM, no tuviera incidencia en estos rubros. Pero fue hasta este año que el incremento del salario mínimo fue realmente sustancial.

Tomando en cuenta el MIR y el incremento anual, el SM pasó de 88.36 pesos diarios a 102.68 pesos, un alza de 16.2%; en la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN) se duplicó a 176.72 pesos. Esta revisión del mínimo general fue la mayor desde 1996, cuando el 4 de diciembre se incrementó 17.6% de 20.66 a 24.30 pesos diarios. Por ello, ahora es importante analizar los efectos que el alza ha tenido.

En primer lugar, el aumento elevó el salario promedio de los trabajadores asegurados en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). De diciembre a mayo, con los datos más recientes, el salario promedio pasó de 341.26 a 382.37 pesos (a partir de aquí todos los montos a precios de julio de 2018) en la Zona Libre de la Frontera Norte, un incremento real de 12%. Mientras que en el resto del país el incremento real fue de 5.7% al pasar de 344.27 a 363.75 pesos diarios.

El aumento del salario promedio se debe a que aquellos trabajadores que ganaban menos han sido los más beneficiados. Si se toma a los trabajadores y se ordenan del que menos al que más gana, se dividen en 100 grupos iguales, se obtiene el salario promedio de cada uno y se compara con diciembre, se puede confirmar esto.

En la ZLFN el 1% que menos gana vio su salario casi duplicarse, como el SM, efecto que se desvanece conforme se avanza en la distribución de salarios y se estabiliza alrededor del 11%, con excepciones en algunos tramos. Mientras que en el resto del país el 1% que menos gana incrementó su salario en casi 16%, igual que el alza del mínimo; y nuevamente el efecto se desvanece para estabilizarse, en promedio, a alrededor del 7% para todos los demás trabajadores.

Esto también sugiere que el temido “efecto faro” no se presentó. Si así hubiera sido, veríamos dos líneas horizontales indicando que en todos los niveles de la distribución el salario se incrementó en lo mismo que el mínimo.

Tampoco se observa un efecto negativo en el ritmo de creación de empleo, más allá de la desaceleración observada por el momento del ciclo económico en el que se encuentra el país. Tras el aumento del salario mínimo, la tendencia de la creación anual de empleo no se desaceleró más de lo que ya venía desacelerándose e incluso en la ZLFN, la tasa es mayor que en el resto del país. De haber efectos negativos sobre el empleo esto no pasaría, pues esa zona fue la de más incrementos.

Finalmente, tampoco parece haber afectación en los precios. Se observa que en las ciudades que se encuentran en la ZLFN (Mexicali, Ciudad Juárez, Matamoros y Tijuana) todas muestran una inflación acumulada negativa en los primeros seis meses del año. Mientras que las que cuentan con algunos municipios en la ZLFN (Cd. Acuña, Hermosillo y La Paz) también presentan una inflación acumulada negativa en el mismo periodo.

Esto es relevante porque en la ZLFN el aumento del salario mínimo fue del 100% y de ser cierta la preocupación de un efecto sobre la inflación, estas ciudades deberían liderar la gráfica de inflación acumulada, lo cual no ocurre.

El incremento del salario mínimo de este año no ha materializado los temores que por años se usaron para impedir que su poder adquisitivo se recuperara, lo cual es una buena noticia para seguir impulsando esta recuperación. Aunque también se debe reconocer que estos efectos son promedio, seguramente habrá localidades e industrias específicas que sí han presentado afectaciones, para lo cual es necesario realizar investigación más detallada, pero estos primeros resultados son alentadores.

Hacia adelante, la recuperación del salario mínimo debe seguir, pero de manera gradual y responsable, vigilando estos y más indicadores económicas que no pongan en riesgo los avances.

* Maestro en economía por el Colegio de México 

 

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