Su cartera es superior a 97,000 mdp y sus grandes clientes son estados y municipios, a los que enseña cómo conseguir el dinero y construir desde un hospital hasta una carretera o un puente, y financia a las empresas que participan en tales proyectos.

“Buscamos estructuras que son de cierta manera a prueba de balas”, dice Carlos Rojas, director general de Grupo Interacciones, quien califica a su banco como el gran campeón de la infraestructura en el país.

―Interacciones reportó un aumento de doble dígito en algunos indicadores clave en 2015, ¿a qué lo atribuye?

―A que tenemos una muy buena es­trategia, un equipo capaz y estamos en un sector muy dinámico y muy enfocados a financiar al gobierno para proyectos de infraestructura en sus niveles federal, estatal y municipal.

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Lo hacemos a través de varias op­ciones: de crédito directo de nuestra banca de infraestructura (que parti­cipa directamente desde la asesoría para conceptualizar los proyectos hasta que se vuelven realidad a la hora de financiarlos), y de nuestra banca pyme (con la que financia­mos a empresas proveedoras del sector público en esos proyectos de infraestructura, o bien damos arren­damiento para quienes atienden necesidades de los proyectos, como equipamientos para una cárcel, un hospital, etcétera).

La percepción sobre el crédito a estados y municipios tiene una connotación negativa; cuando un estado toma crédito, lo que leemos es que se está endeudando. Nuestras soluciones son para que hagan lo contrario, que ayuden al crecimien­to del estado, y más allá de endeu­darlo, lo que buscamos es financiar el desarrollo de la economía local.

Por las necesidades que tiene nuestro país es que hemos logrado estas tasas de crecimiento a las que tú haces referencia.

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―¿Hay algunos proyectos específicos detrás de esos números del banco?

―El estrés que tuvieron las finan­zas públicas de algunos estados y municipios nos ayudó a servir como el vehículo que llena los gaps (diferenciales) entre un proyecto de infraestructura y la liquidez disponible de las entida­des gubernamentales.

Somos el banco especializado en financiamiento de infraestruc­tura más grande del país y una solución natural para nuestros clientes; nos convertimos en una especie de one stop shopping, porque podemos desde asesorar­los. Por ejemplo, el año pasado, cuando hubo elecciones en nueve estados, entraron administraciones nuevas y nos sentamos con ellos para decirles: ‘a ver, en tu campaña propusiste todas estas iniciativas de infraestructura, pero de la propues­ta a la ejecución hay que recorrer un camino muy grande’. Los asesora­mos en cómo ejecutar sus ofertas de campaña, en estructurar un crédito para un hospital, por ejemplo.

Pero si después ese mismo estado dice que al lado del hospital necesita una torre de consultorios, nosotros podemos financiar la torre a través de la estructura ya creada; y si en el ínter necesita proveer de flujo (de dinero) a los proveedores para que avancen en la construcción o el equipamiento del hospital, también damos una solución a eso a través de nuestra banca pyme o nuestro servicio de arrendamiento.

 

―Están ustedes en todo el proceso de los proyectos.

―En todo. Muchas veces puedes encontrar a un miembro de Grupo Interacciones en un congreso (lo­cal), un cabildo, estado o municipio explicando cuál va a ser el impacto del financiamiento de un hospital en las finanzas públicas, cómo va a ser la estructura y de dónde va a jalar fondos el gobierno federal para pagar el crédito.

Esa capacidad de entrar con muchísimo detalle nos permite convertirnos en este gran campeón de la infraestructura en el país.

 

―¿Qué diferencia a Interacciones de otros bancos que también dan crédito a estas entidades públicas?

―La especialización nos hace ser mucho más ágiles que el resto en el sistema financiero. Tenemos gente con capacidades que van más allá de las que hace un promotor de la banca, que sabe cómo opera una ley estatal en las 32 entidades federativas.

La segunda es nuestra veloci­dad de respuesta. Otros bancos son buenos haciendo mucho de todo, y a la hora que les llega un proyecto para un crédito de in­fraestructura, por la complejidad en la estructuración y el tamaño del crédito y porque muchas necesitan analizarlo no sólo sus comités de crédito local, sino que se los aprue­ben en sus matrices en el extranjero, les lleva entre cuatro y seis meses liberarlo. En Interacciones, en ese tiempo ya analizamos el riesgo y, si nos gustó, les dimos el dinero y ya cobramos una o dos amortizaciones sobre ese crédito.

El que tengamos una renta­bilidad muy alta y un índice de morosidad muy bajo habla de que buscamos estructuras que son de cierta manera a prueba de balas.

La labor que hacemos interna­mente no sólo nos ayuda a crecer, sino que es una muestra para el inversionista de la seriedad de las garantías o las fuentes de pago con las que estamos trabajando.

 

―¿Puedes comentarme algunos proyectos relevantes del año pasado?

―Me metería en broncas debido al secreto bancario. Pero trabajamos, por ejemplo, dos hospitales y esto es icónico, porque típicamente los proyectos de infraestructura se han conceptualizado como que requie­res de participaciones (recursos federales) y de un fideicomiso maestro (a donde se depositan las participaciones y de donde las toma directamente el acreedor) para que sean viables, y sí, es un esquema que nos gusta mucho. Pero es el esquema más común y el que todo mundo conoce.

Uno de los hospitales lo financia­mos a través de fuentes de pago que no son las participaciones, y eso nos ha ayudado a desarrollar un nuevo vehículo que asegura más flujo para el estado, en lugar de quitárselo.

 

―¿Cuál es la fuente de pago de este proyecto?

―Si te la platico es como decirte la fórmula de la Coca-Cola; pero no son participaciones federales.

 

¿Son proyectos que generan flujo?

―Algunos generan flujos y otros tienen una rentabilidad social, y lo que nece­sitas es encontrar una fuente de pago, y lo que todo mundo voltea a ver son las participaciones.

Otro ejemplo es el arrendamien­to; que podamos generar arrenda­miento de equipo en el hospital o la cárcel ha ayudado a estados y municipios a que en estos meses de fluctuaciones en su liquidez puedan hacer una mejor planeación financiera.

 

―¿Puedes darme una aproximación sobre esas fuentes de pago?

―Te pongo un ejemplo innovador. Hemos financiado museos en México a través de un esquema de pps (proyecto de prestación de servicios), cuando normalmente un gobierno o quien sea que toque la puerta de un banco para decirle que quiere financiar un museo lo que recibe por respuesta es una nega­tiva y la sugerencia de que consiga donativos.

En cambio, nosotros armamos el primer museo en una modalidad de app (asociaciones público-pri­vadas) en toda América Latina. Lo hicimos para un cliente que llegó a nosotros después de tocar la puerta de muchos bancos. Después de ver cómo podíamos estructurarlo, nos dimos cuenta de que se podía armar con un pps, que había el flujo del mismo proyecto y de los apoyos para hacerlo posible.

―¿Apoyos de dónde?

―De fondos del gobierno federal.

 

―¿Del gobierno federal, pero que no son participaciones?

―Que no son participaciones, co­rrecto. Que vienen de los ingre­sos propios de un estado o de un municipio.

 

―¿Y se pueden utilizar?

―Correcto.

 

―¿Esta nueva alternativa está en etapa de prueba o ya es sólida?

―Son alternativas sólidas y que ade­más tienen la gran virtud de que son replicables en todos los estados de la República.

 

―Del universo de municipios y estados, ¿cuáles son sus clientes más importantes?

―Muchas veces nos hacen esta pregunta en función de las finanzas del estado y claro que analizamos el riesgo que representan las finanzas en cada caso, pero financiamos proyectos, y muchas veces en estos proyectos lo que tienes que valorar es cómo está la economía en su con­junto, por cómo están estructuradas las mismas fuentes de pago.

Lo que hacemos es ver los presu­puestos que se autorizan cada año por parte del Congreso Federal, que se envían por Hacienda (a estados y municipios) y se aprueban en los congresos locales. En función de eso es que vamos creando una di­versificación de nuestro portafolio de crédito.

 

―Pero si tuviéramos que trazar el perfil de las entidades que mejor califican para sus créditos, ¿cómo sería?

―Buscamos estados donde va a ha­ber o hay una mayor inversión.

Por ejemplo, una región donde pensamos que la va a haber es el sureste, por la reforma ener­gética, que está generando una serie de pequeñas y medianas empresas que van a requerir de financiamiento, así que hay que estar ahí antes de que llegue la competencia.

Otra región es el Bajío y el norte del país, donde hay grandes inversiones de la industria auto­motriz y la aeronáutica. Estamos muy cerca de esas regiones para ver qué requieren: carreteras, cárceles, hospitales, escuelas.

 

―¿Cómo se divide tu cartera entre crédi­tos directos, infraestructura y proveedu­ría, arrendamientos?

―El 100% de nuestra cartera es in­fraestructura y 50% es financiada a través de crédito a gobiernos estata­les y municipales, crédito directo. Después de eso más o menos el 30% es la banca de infraestructura, con la que asesoramos desde la conceptualización del proyecto, hasta que se está financiando. Alrededor de un 10% está en nuestra banca pyme y otro 10% en arrendamiento, todos ligados a infraestructura.

Tenemos un portafolio de cré­dito de unos 100,000 millones de pesos (mdp).

 

―¿Quiénes son tus inversionistas?

―Los que invierten en nuestra acción, los que invierten directa­mente en infraestructura, los que aportan capital. Por ejemplo, esta­mos en el proceso de sacar un ckd (certificado de capital de desarrollo) y así captaremos inversionistas institucionales, tanto de México como del extranjero. Después hay dos grandes fondeadores, la banca de desarrollo, tanto en México como en el resto del mundo, que está dispues­ta a venir con nosotros y a participar en el financiamiento de proyectos.

Hemos generado ciertas alianzas para que, por ejemplo, si una em­presa asiática viene con un banco de desarrollo, eso nos ayuda en el fondeo o con las garantías, así que podemos ir y sentarnos con un esta­do y decirle: “oye, este cuate es uno de los principales operadores de agua en el mundo y está dispuesto a participar contigo en una planta, una desalinizadora, de lo que sea relacionado con agua”.

Y luego nos acercamos a los ju­gadores locales, a las constructoras especializadas en hospitales, puen­tes o cárceles. Estas son el final de la cadena, que traen proyectos no de 2,000 mdp, sino de 200 a 600 mdp. A veces ellos ya traen el proyecto y nos acercamos para ofrecerles la solución financiera.

 

―Ustedes crearon un fondo energético con 5,000 mdp, ¿cómo va, considerando que el escenario cambió totalmente en materia energética?

―Es el ckd que mencioné y que está en proceso de terminar, ahora estamos en la última etapa, en los análisis de los comités de inver­sión de las afores; pensamos que en el segundo trimestre del año ya debería de ser una realidad.

No vamos por los grandes proyectos como una plataforma petrolera o un aeropuerto, sino por los de menor escala, de entre 100 y 1,500 mdp, como plantas de tra­tamiento de agua, escuelas, en los cuales además de financiamiento se requiere de capital.

Vinculado con la reforma ener­gética tenemos en análisis unos 10,000 mdp en distintos proyectos; no quiere decir que vamos a finan­ciar todo eso; una vez consumado el ckd hay que llevarlo con dis­tintos inversionistas para que sus comités de inversión lo aprueben.

Esto es muy diferente a otros ckd que van por proyectos como plata­formas petroleras, pero que no van a la misma velocidad que nosotros.

Con esos 10,000 mdp bajo análi­sis para crédito de infraestructura tenemos cerca de 21,000 mdp.

 

―¿Es financiamiento indirecto?

―No necesariamente, nos podemos sentar con Pemex o CFE para financiarles parte de su infraestruc­tura, por ejemplo, una planta de tratamiento de agua o bien ir con un estado o municipio para fondear plantas de energía renovable y así gasten menos en luz. No vamos por los proyectos faraónicos.

 

―¿Pueden surgir de la ley de disciplina financiera reglas sobre el nivel de endeudamiento versus los recursos que reciben las entidades o lo que genera localmente?

―Las reglas están por aprobarse la siguiente semana con la ley de dis­ciplina financiera (fue avalada el pasado 17 de marzo por la Cámara de Diputados), que te dice que te puedes endeudar de cierta manera y en ciertas cosas. El endeuda­miento de los estados y municipios representa apenas 2.9% del pib, a veces mediáticamente se ha dicho que un estado está sobreendeu­dado porque debe el 100% de sus participaciones. Es incorrecto porque es tanto como decir que alguien con una hipoteca a 20 años está tronado por no poder pagarla en un año.

Si un estado debe el equivalente a siete años de participación, pero tiene 20 o 30 años para pagar, está subendeudado.

 

―Las asociaciones público–privadas versus la obra pública, ¿cómo te han cambiado el escenario en el negocio?

―El 94% de la cartera de Interaccio­nes tiene como fuente primaria o secundaria de pago del gobierno federal o garantías líquidas. Esto te habla de que esa cartera es un crédito estructurado y que además, cuando analizas el riesgo, tiene una garantía que nos hace parecernos mucho más a un Cete (certificado de la tesorería) que a alguna otra cosa —no estoy diciendo que somos un Cete. Más o menos, el 20% de esa cartera son apps.

―¿Por qué no fusionar Interacciones con Banorte, considerando que son los mismos accionistas mayoritarios?

―Eso es algo que se ha comentado muchas veces, pero tenemos la convicción de que el espacio para crecer en Interacciones todavía es muy grande. Estamos buscando un crecimiento inorgánico, pero no a través de una fusión con otro banco, sino comprando, buscando oportu­nidades allá afuera y así fortalecer nuestro modelo de negocios. Hay muchas oportunidades que nos ayu­darían a generar mucho más valor a nuestros accionistas y hoy en día vamos a estar enfocados en eso.

 

―El sector construcción con el que traba­jan es el más endeudado, ¿cómo harán para crecer este año igual que en 2015?

―No estamos expuestos a ICA y a ninguna constructora, pues no financiamos constructoras, no les prestamos capital de trabajo, sino que financiamos proyectos. Nos aseguramos de que los flujos tienen viabilidad y que si el constructor falla, podemos reemplazarlo.

 

―¿Trabajan con CFE, Pemex?

―Sí, con prácticamente todas las de­pendencias, incluidas secretarías de estado, algunos organismos, somos el banco más activo en cadenas produc­tivas con Nacional Financiera, ahí tenemos el 30% de nuestro mercado.

 

―Los escándalos de corrupción y lo que consideras es una percepción equivoca­da del supuesto sobreendeudamiento de estados y municipios, ¿no desalientan la contratación de más deuda?

―Es un riesgo existente y es muy peligroso que un gobernante diga por una cuestión política “yo no voy a invertir en mi estado”. Sería muy grave, frenaría el desarrollo de esa economía y la del país.

 

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