Todos los sistemas físicos, químicos, biológicos y sociales se auto ordenan. Lo hacen a través de pocas reglas, mucho intercambio de información y mucha libertad de iteración. La naturaleza es muy económica en sus reglas y muy pródiga en la generación de información.

La pretensión de control -mediante jerarquía y centralización de decisiones- es una intención humana que interfiere en el proceso natural de ordenamiento con graves costos para el sistema. El exceso de reglas, la limitación del flujo de la información o los obstáculos a la libre iteración impiden que el sistema evolucione.

Otra forma de decirlo es que el afán de control crea caos. Por ello, todo intento de control de un gobierno a su sociedad fracasa y puede acarrear graves costos como la inseguridad, la pobreza, la corrupción, la injusticia, el desabasto, la ineficiencia y el descontento. En el Estado, la reina debe ser la sociedad y el súbdito el gobierno, y no al revés.

El libre mercado es mucho más eficiente en la asignación de recursos que una economía centralizada porque computa mejor la información. Ningún gobierno, aun en esta era de la información, es capaz de suplir la efectividad del mercado por una simple razón natural: No tiene la capacidad de procesar toda la información. Es imposible que un burócrata o miles -aun bien intencionados- puedan capturar, procesar y entender las necesidades, los deseos y la satisfacción de los ciudadanos en cada transacción. Es un orden complejo que se construye de abajo hacia arriba de manera descentralizada. El orden complejo siempre es emergente, no es planificado.

No es casualidad que los países con mayor libertad económica son también los más desarrollados, los más avanzados tecnológicamente, los más ricos y los que tienen menos pobres.  En el Índice de Libertad Económica del 2018, México se ubica en el lugar 66 como “moderadamente libre”; le afecta principalmente, la falta de integridad de su gobierno y la ineficacia de su poder judicial. Chile por cierto se ubica en el mejor lugar de Latinoamérica, en el lugar 17. Cuba y Venezuela ocupan los últimos lugares de la tabla general.

Desigualdad

La libre iteración del sistema genera diversidad y desigualdad; ambas son consecuencias de la evolución natural del sistema. No hay manera de frenar eso más que frenando la evolución. Por ello, debemos tener mucho cuidado al pretender resultados iguales en un sistema, cuando aspiramos a que todos tengan el mismo nivel de ingresos, educación, salud o incluso, de fines más subjetivos como la «calidad de vida».

Lo que debemos buscar, sin duda, es que haya menos pobres, que haya un piso, pero no que todos seamos iguales. Hace 250 años, antes de la Revolución Industrial y la democracia, todos éramos muy pobres y muy iguales.  Algunos inventores incluso eran ejecutados por el rey ante el temor de que la invención causara turbulencia social.

Lo cual no implica que no haya apoyo a los sectores menos favorecidos. Sin embargo, lo que queremos es que estos sectores se incorporen al sistema de mercado y no que vivan de dádivas clientelares o que se tengan que conformar con un mal servicio del gobierno.

¿Qué es más eficaz? ¿Crear escuelas públicas o subsidiar a los más pobres para que ellos escojan la escuela privada de su elección? ¿Crear un monopolio de maestros o crear un mercado de escuelas privadas que compitan por la excelencia?

El mercado libre, al igual que la naturaleza, puede crear desigualdades fuertes y empresas que dominan una actividad por algún tiempo, pero éstas no duran mucho si el mercado realmente es libre porque la información tiende a esparcirse y generar competencia. ¿Se acuerdan de Nokia? No ¿verdad? hoy usamos iPhone o Samsung. Mañana no sabemos. Lo que sí sabemos es que iPhone y Samsung deben esforzarse cada día si es quieren mantenernos como clientes.

¿Se acuerdan de Pemex o la CNTE? Y se seguirán acordando de ellos porque son monopolios artificiales que irrumpen en el proceso de auto ordenamiento y nos crean caos: contaminación, ineficacia, deuda pública, corrupción, desabasto, malos combustibles, chantajes y mala educación para los pobres, lo cual genera más pobres.

Es muy costoso pelearse con las leyes de auto ordenamiento del Universo y la manera más común de caer en el error viene de confundir nuestro afán de ayudar a los pobres con el afán de abatir la desigualdad material o pensar que el orden planificado es mejor que el orden emergente.

Creemos -equivocadamente- que controlar al mercado nos llevará a mejores niveles de vida, creemos que el gobierno es más sabio que la sociedad y creemos que unos cuantos políticos saben más que todos los mexicanos. Sin libertad no se crea un orden más complejo sino un caos más simplón: el dominio de unos por otros… en lugar del dominio de cada quien sobre sí mismo.

 

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