La caricatura es un medio sumamente rico que en México cuenta con una amplia tradición. Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, los caricaturistas mexicanos han delineado minuciosamente una crítica inteligente e incisiva de los personajes de la vida pública. En un espacio brevísimo, con pocas palabras y unos cuantos trazos pasan a todos y cada uno de estos actores por el cedazo del sarcasmo.

Puede parecer extraño, hasta exagerado a primera vista, pero la concepción de la caricatura como arte es un tema más encantador de lo que a primera vista pueda parecer. Ya Azorín escribía en 1913 a propósito del humorismo: “El divertimento espiritual es sumamente importante en la historia del desenvolvimiento humano; haciendo la historia de la ironía y del humor, tendríamos hecha la sensibilidad humana y consiguientemente la del progreso, la de la civilización. La marcha de un pueblo está en la marcha de sus humoristas”.  Baudelaire por su parte opinaba: “Sin duda alguna, la caricatura en sus relaciones con todos los hechos políticos y religiosos, graves o frívolos, ha agitado a la Humanidad”. La labor del dibujante tiene más probabilidades de impresionar que el orador de masas y el escritor. Su impacto radica, no ya sólo en la calidad de los dibujos, sino en la enorme cantidad de información que pueden proporcionarnos. En esta condición, el humor gráfico nos proporcionaba información en tres aspectos importantísimos: el cultural, el estilístico y el sociopolítico.

La caricatura nace como la hija de los bajos fondos, de la cultura de la pobreza en las barriadas, de la intención de denuncia de las pasiones e intereses del poder. El recurso ha ido evolucionando. Las caricaturas que que publicaron El Ahuizote, El Debate, Frivolidades y Los Sucesos Ilustrados buscaban provocar risa. En ese sentido, la caricatura sigue fiel a sus raíces. No obstante, hoy existen caricaturistas de muy distintas índoles, temas y estilos. Se conservan rasgos, la caricatura con muy pocas palabras y en algunos casos, sin palabra alguna, da pie a hacer comentarios en clave de humor. Es decir, aprovecha la coyuntura para hacer verdaderos chistes visuales, y por esta razón, brincan del barrio a escenarios más sofisticados como las secciones de opinión de periódicos, de revistas y últimamente, a redes sociales.

Hay enormes figuras mexicanas en la caricatura que han generado personajes entrañables: el muy experimentado José Guadalupe Posada y La Catrina, el joven Ernesto García Cabral que logró publicar sus cartones en periódicos del extranjero, el formidable José Clemente Orozco. Muchos de ellos trabajaron la caricatura de la risa y el escándalo. Claro, como podemos imaginar, la caricatura ha sido un espacio preponderantemente masculino. A las mujeres que dibujaban se les mandaba a la sección infantil. Son pocas las que han tenido el valor de incursionar en este campo. Ejemplos hay pocos: Ema Best de quien sólo se conoce un autorretrato; Palmira Garza es reconocida por haber entrado al taller de Gabariel Vargas autor de la Familia Burrón, Yolanda Vargas alcanzó la fama con Memín Pingüín, Cintia Bolio que colabora en algunos periódicos y Guadalupe Rosas que pertenece a la Sociedad Mexicana de Caricaturistas. Todas son de otra generación. Hacía rato que no se veía germinar un talento femenino que quisiera incursionar por estos caminos.

Pero, de entre los renglones arenosos y áridos a los que se ha confinado a la caricatura dibujada por mujeres, brota “El cactus que habla”, un proyecto de ANDREAFIS que busca darse a conocer a través de una cuenta de Instagram @elcactusquehabla. El personaje principal es un cactus bola, un echinocactus grusonii con rasgos amables pero que está lleno de espinas. Los trazos del dibujo son sencillos, muy aterrizados en un símbolo mexicano. El cactus es una planta que se puede encontrar en todo el territorio nacional y que está relacionada con el desierto, aunque tiene gran capacidad de adaptación cualquier ecosistema. Un protagonista cuyo entorno es agreste y se atreve a opinar desde la maceta que lo contiene.

“El cactus que habla” tiene una imagen amable, tal vez hasta inocente, pero hay que tener cuidado: sus espinas son tan incisivas como las preguntas que plantea. Es, sin duda, una metáfora que revela lo evidente y provoca risa al mismo tiempo que nos espina con su sarcasmo. Es un tipo de caricatura realizada con el objetivo de dar a conocer un punto de vista sobre un hecho de manera sucinta. En la caricatura se pueden interpretar los hechos o bien presentar interrogantes, o simplemente toparse con una crítica divertida y bien informada.

Andreafis logra un equilibrio sencillo y agradable entre el lenguaje escrito y el lenguaje gráfico que la lleva a entregar un mensaje contundente dándole voz a un personaje con espinas. Utiliza como recurso el humor gráfico que es un neologismo del que se vale para punzar con una sola viñeta. En muchas de sus publicaciones abundan la sátira de la actualidad política y social. “El cactus que habla” es el protagonista redondo con base cuadrada de estas viñetas al que se le adivina un olor a clorofila y un sabor agridulce: nos gusta su apariencia amable, nos hace gracia su figura y nos parece que puede ser contundente como un limón agrio. Si pudiéramos escuchar su voz, nos confundiría con un tono pausado, tranquilo. No obstante, olvidar que es espinoso sería un error.

Me resulta simpática la combinación que la autora logra. Me encanta que tenga apenas veintiún años y se atreva a compartir sus viñetas por Instagram. Necesitamos voces frescas, jóvenes que conquisten territorios que antes eran exclusivos para unos cuantos. Atrevidas que se animen a elevar la pluma. Dibujos que critiquen lo que no está bien. Poner la espina en la llaga, ser el aguijón que dio en el clavo. Tenemos que apoyar al talento.

Si “El cactus que habla” hubiera nacido en otra época, habría encontrado grandes obstáculos para abrirse camino. Hoy, la tecnología nos ofrece medios de difusión que le dan alas a los proyectos y los dotan de piernas para que caminen y recorran su sendero. Como dijera Azorín, “de la ironía y del humor, tendríamos hecha la sensibilidad humana y consiguientemente la del progreso, la de la civilización”.  Sigan El Cactus que habla, @elcactusquehabla, se van a reír. Cuidado, se pueden espinar.

 

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