Antes, la producción de un bien sólo dependía  de un país. Ahora, es obra y gracia de muchas  naciones. México participa en este nuevo sistema con 650,000 mdd. ¿Pero tiene la capacidad para multiplicar esta cantidad?

 

Por Paola Palma  

 

El Maserati Quattroporte es un “juguetito” que vale 140,000 dólares y sólo requiere de 4.9 segundos para alcanzar los 100 kilómetros por hora. Esta joya, que se fabrica en la Officine Automobilistiche Grugliasco, una planta de 103 mil metros cuadrados ubicada muy cerca de Turín, cuenta con una autoparte clave para su fun­cionamiento: unos frenos mexicanos, envia­dos desde San Martín Texmelucan, Puebla, y fabricados por SanLuis Rassini.

Esta alianza es la muestra más clara de las Cadenas Globales de Valor (CGV), que juegan un papel preponderante en la capa­cidad de las economías para convertirse en competidores exitosos a nivel global. Este nuevo esquema de producción y comercio tiene el potencial de renovar y fortalecer las ventajas competitivas de las empresas participantes, algo que resulta vital en un entorno donde dichas ventajas son cada día más efímeras.

Hoy, los productos que utilizamos a dia­rio son fabricados en etapas que involucran a varios países y son comercializados a nivel mundial.  Este modelo de producción, compartido entre países y regiones a lo largo del pla­neta, brinda una inmejorable oportunidad para elevar el crecimiento económico de las naciones; además, crea nuevos empleos, atrae inversión, disemina tecnología e, incluso, dota de capacidades y habilidades innovadoras a la mano de obra.

En las CGV participan países desarrolla­dos (a través de grandes empresas tras­nacionales como generadoras y desarro­lladoras de productos innovadores), pero también países en desarrollo (con empresas que participan en diversas etapas de la manufactura de un producto final). La industria automotriz es considerada una de las más globales y es la que mejor ejemplifica la operación de una CGV.

Para economías en desarrollo, como México, la participación dentro de las CGV es vital debido a los beneficios potenciales de este modelo. Según la OMC, el ingreso per cápita de los países en desarrollo que más han elevado su participación dentro de las CGV ha aumentado 2%, en promedio.

 

Las fábricas del mundo

Las CGV más exitosas a nivel mundial se aglutinan en torno a las grandes “fá­bricas del mundo”; regiones de un gran dinamismo económico y comercial como son Norteamérica (Estados Unidos), Asia (Japón y China) y Europa.

Para los países que desean participar dentro de una CGV, la cercanía geográfica con la “fábrica” regional ofrece una ventaja potencial que se traduce en bajos costos de transporte, menores tiempos de entrega y re­ducidas barreras comerciales y de inversión derivadas de acuerdos regionales.

Al mismo tiempo, la cercanía geográfica facilita una respuesta rápida a los cambios en la demanda ya que la coordinación de operaciones entre plantas o empresas invo­lucradas en el proceso de producción puede ser inmediata.

La proximidad geográfica es una ventaja inicial para participar en una CGV, pero no es la única. Aunque para el país receptor hay otras características que cumplir como la estabilidad y crecimiento de su economía, infraestructura disponible, habilidades y costos de la mano de obra, condiciones regulatorias, ambiente de negocios y, desde luego, condiciones ad hoc a la naturaleza del producto o del sector de la cadena de valor (insumos, infraestructura y servicios logísti­cos y de distribución, propiedad intelectual, entre otros). Y finalmente  la mano de obra, que es un factor esencial, ya que eleva la probabilidad de ubicarse en segmentos de mayor valor agregado a lo lar­go de la cadena de valor.

 

¿Y México?

México tiene de manera natural un estrecho vínculo comercial y de producción con Es­tados Unidos, que se favorece no sólo por la proximidad geográfica, sino por disponer de una estructura de producción manufacturera consolidada, costos laborales competitivos, mano de obra calificada en sectores clave y un acuerdo comercial que garantiza y da cer­tidumbre de inversión y flujos de comercio entre ambos países.

Para México, los beneficios principales de su integración a las CGV incluyen el acceso a tecnología de punta, transmisión de mejores prácticas internacionales, consolidación de inversiones con efecto spillover hacia otras industrias y, en el panorama más ambicioso, la modernización de la estructura produc­tiva de sectores completos. Se calcula que, el valor de la participación de México en las CGV, en términos de comercio internacional tan sólo de manufacturas, asciende a casi 650,000 millones de dólares (mdd).

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Los casos de éxito

México es un competidor global en el sector manufacturero, ubicándose entre los diez principales hubs de producción en el mun­do. En 2013, las exportaciones mexicanas de productos manufactureros ascendieron a 314,574 mdd, lo que representó 82% del total exportado por el país.

Las exportaciones mexicanas de “Pro­ductos metálicos, maquinaria y equipo” representan 75% del total de las manufac­turas exportadas, y son una buena apro­ximación del valor de la participación de México en las CGV.

Con un valor de 234,000 mdd, dentro de este rubro, los productos más comercia­lizados son los automotrices y los aparatos y equipos eléctrico-electrónicos, cuyo comercio conjunto sumó 168,000 mdd en 2013 y registró un crecimiento anual de 7%.

Más allá de los números, los ejemplos del liderazgo de México en las CGV automotriz de Norteamérica son varios. La planta de Volkswagen ubicada en Puebla se convirtió en 2013 en la de mayor producción regional con una salida anual de 516,000 automóviles, lo que la ubica como una de las más grandes del mundo y que supera a las grandes plan­tas de Toyota, Honda y Nissan ubicadas en Estados Unidos.

Con 50 años de operación, esta plan­ta ha colocado en el mercado más de 10 millones de automóviles y seguirá por esta línea ya que para este año se han anunciado inversiones por 4,000 mdd en el periodo 2014-2018.

Otro caso de éxito que muestra de ello es la consolidación de la inversión de la automotriz Nissan lograda en Aguascalientes, localidad que ha favorecido la instalación de una nueva planta armadora con una inversión de 2,000 mdd. Así, México tiene la segunda planta armadora de Nissan más grande fuera de Japón con una producción que alcanza las 850 mil unidades anuales.

Mazda en Guanajuato, es una muestra más, con una inversión superior a los 500 mdd y una produc­ción anual esperada de 230 mil vehículos.

La sofisticada participación de México en eslabones altamente especializados y de gran valor agregado no se limita a la red global de producción de autos. En 2013, la producción del sector eléctrico mexicano sumó 70,000 mdd. Según datos de ProMéxico, nueve de las diez principales empresas globales de manufactura de electró­nicos tienen operaciones en el país, entre ellas, Samsung, LG, Toshiba, Foxconn, Flextronics e Intel. Las inversiones en este sector alcanzan los 13,800 mdd.

 

El lazo con el gobierno

Para maximizar los beneficios de la integra­ción a redes de producción internacionales también se requiere de instrumentos de carácter público. Es necesario contar con una política industrial que fomente la incorporación de más empresas a esquemas de producción competitivos internacionalmente y que, además, favorezca el avance de las empresas que ya participan en las cgv, hacia activida­des de mayor valor agregado.

Un buen ejemplo es la integración de empresas mexicanas a la CGV de la indus­tria aeroespacial. Gracias a condiciones locales muy favorables, estados como Baja California, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Querétaro han logrado atraer importantes empresas aeroespaciales de la talla de Labi­nal, Bombardier y Embraer, que manufac­turan arneses, componentes para cabinas y fuselajes para aeronaves.

Actualmente, las exportaciones de empresas mexicanas en el sector aeroespa­cial superan los 5,000 mdd y la inversión acumulada a 2013 alcanza los 1,000 mdd, de acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Economía. Entre los factores que han contribuido al éxito mexicano dentro de la CGV aeroespacial se encuentran sus ventajas logísticas, en capital humano (existen centros de investigación con estudios en aeronáutica en cada uno de los estados par­ticipantes), en costos y, adicionalmente, Mé­xico es uno de los pocos países que cuenta con un acuerdo bilateral de reconocimiento mutuo de los sistemas de certificación aeronáutica-basa, con la Federal Aviation Administration.

 

Oportunidad a la vista

Las CGV crean continuamente nuevas oportunidades y retos para empresas y gobiernos. Actualmente, este modelo afecta las decisiones de muchas empresas en todo el mundo, con implicaciones directas sobre el crecimiento, la inversión, el empleo y capacidad de innovación de países enteros.

Hasta hoy, la estrategia de México para insertarse en las CGV ha sido efectiva al beneficiar a industrias y regiones que han sido capaces de aprovechar sus ventajas naturales y desarrollar capacidades compe­titivas para estas cadenas.

Sin embargo, es importante pregun­tarse: ¿Esta estrategia es sostenible en el largo plazo? ¿Podemos aprovechar mejor las ventajas de este modelo? México es sin duda un líder dentro de las CGV; el reto que enfrenta es convertirse en punto focal de más industrias de alto valor agregado a nivel mundial.

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