El presidente Andrés Manuel López Obrador ha sufrido la peor caída en su popularidad durante las últimas semanas, lo que se ha agravado, en buena medida por el errático manejo de la contingencia sanitaria. Es previsible que descienda más, debido al impacto que la crisis económica generará en una parte importante de la población, fundamentalmente aquella que tiene los medios para votar. Morena 

Como parte de su discurso cotidiano, el presidente había planteado su fortaleza en términos de popularidad, lo que le permitía tomar decisiones que, si bien no parecían adecuarse a las necesidades de diversos actores, ese respaldo que derivaba de la votación que obtuvo en julio de 2018, le daba la posibilidad de imponerse con costos políticos reducidos. Eso fue cierto desde que ganó la elección, hasta prácticamente finales de 2019, en ese lapso, pudo afrontar decisiones con alto costo económico y político, como la cancelación del aeropuerto, la creación de la figura de super delegados, la construcción de la refinería de Dos Bocas y las termoeléctricas en Morelos, la venta del avión presidencial, la creación de la Guardia Nacional, entre otras. 

Sin embargo, a pesar de que había cuestionamientos serios sobre las políticas de seguridad, anticorrupción y crecimiento económico, ninguna decisión, por controvertida que fuera, como la liberación del hijo del Chapo Guzmán, había podido impactar sus niveles de aprobación, mientras que los de desaprobación, no se habían incrementado sustancialmente. Asuntos como la rifa del avión presidencial, las investigaciones a diversos actores políticos y económicos, etc., eran utilizados como referentes cotidianos que cambiaban las agendas adversas y le permitían retomar control de las mismas.

El caso ahora es distinto, ya se habían planteado las cifras que dejaban ver una reducción del dinamismo de la economía, que presagiaban una posible recesión; misma que había sido aderezada con el movimiento de algunas variables que el presidente había presumido, como un costo del barril de petróleo por encima de los 40 dólares, que comenzaba a caer, así como un peso fuerte con respecto al dólar, que se depreció rápidamente en las semanas anteriores, así como niveles de inflación bajos que más bien reflejaban esa pérdida de dinamismo.

Todo ello, había podido sortearse mediáticamente con la rifa del avión presidencial y las investigaciones contra personajes en la política y la economía que se anunciaban en los momentos en que se requería mover la atención. Sin embargo, la preocupación en torno a la pandemia que llegaba a México en febrero y el descenso en la perspectiva económica de las personas comenzó a mover la agenda presidencial, generando respuestas erráticas y deshilvanadas, donde el secretario de relaciones exteriores se convirtió en vocero de la condición política y el subsecretario de salud en vocero de la política de salud, ambos en torno a la crisis sanitaria, desplazando a otros actores de la administración de sus áreas de responsabilidad. 

El carácter del presidente es el principal obstáculo tanto para construcción de una ruta crítica de acción, como para la corrección de las decisiones que ya han sido tomadas y que han resultado poco eficientes. Un cambio, por mínimo que sea en la promesa presidencial, como ocurre con el tema de la reducción obligada de la producción petrolera, cuando el presidente había dicho que se incrementaría dicha producción de manera sustancial, es un cambio imposible porque ello demostraría debilidad y falta de compromiso de la palabra presidencial. El problema, es que la curva que muestra la desaprobación hacia el presidente, se ha incrementado de manera importante, lo que hace muy complicado un repunte en su popularidad.

Es por ello que, ante la crisis de salud que se avecinaba, la sociedad civil y otros órdenes de gobierno, actuaron de manera anticipada al gobierno federal. A pesar de que se proyecta que los contagios de covid19 se estarán intensificando en mayo, el presidente ha planteado su prisa por reactivar la economía. El presidente sabe que la economía es, tal vez, la variable más determinante en la definición del voto de las y los electores y que, en las condiciones en que estaremos en los meses siguientes, es muy probable que no logre retomar sus viejos niveles de popularidad para hacer ganar a Morena en las elecciones de 2021. El carácter presidencial se ha convertido en el principal obstáculo, para la popularidad del presidente. 

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