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Aunque ‘No se aceptan devoluciones’ es la película mexicana más taquillera de todos los tiempos, Derbez afirma que en la industria cinematográfica nacional no existen las condiciones necesarias para sobrevivir como empresario.

 

 

Para que Eugenio Derbez convirtiera su ópera prima No se aceptan devoluciones en la película mexicana más taquillera de todos los tiempos requirió un financiamiento de 5.5 millones de dólares (mdd). Pese a que logró una audiencia de 20 millones de personas a nivel mundial y recabó 1,300 millones de pesos, el actor asegura que no está interesado en invertir en cine, pues en México no existen las condiciones para esta industria.

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“Yo no invertiría en cine. Creo que son contados los inversionistas que han recuperado en el cine mexicano. Felizmente hubiera dicho ‘le apuesto a mi película’, pero el esquema es tan injusto, tan terriblemente injusto que tienes un 90% de probabilidades de perder y un 10% de ganar. Es muy arriesgado producir cine en México”, cuenta en entrevista con Forbes México.

La cinta se estrenó el 30 de agosto de 2013, pero a principios de ese mes, la productora Mónica Lozano le informó que aún no contaban con el dinero para la publicidad porque algunos socios aún no habían pagado. “A la fecha, hay inversionistas que no han financiado lo que prometieron”, asegura el actor.

 

¿El cine no es negocio?

Mientras Derbez asegura que no quiere invertir en esta industria. Mónica Lozano, productora de No se aceptan devoluciones dice: “Fue muy complicado, nadie quería apostarle a una película escrita y dirigida por Eugenio Derbez. Tuvimos que vencer los prejuicios de inversionistas, equipo creativo y técnico sobre que iban a ser dirigidos por un hombre que venía de la televisión. Además, el costo de la película duplicaba el promedio de una película mexicana que cuesta 30 mdp aproximadamente”.

Después de casi cuatro años, el financiamiento se obtuvo gracias a Fidecine, el apoyo del estímulo fiscal a la inversión privada, la participación de Grupo Financiero Inbursa y Videocine.

También había socios con los que Lozano había colaborado, empresas de bienes y servicios, el apoyo del Estado de Guerrero donde se filmó parte de la película, y recursos de Fulano, Mengano y Asociados, empresa de Eugenio Derbez, y Alebrije Cine y Video, compañía de Mónica Lozano quien invirtió 15 mdp.

La productora considera que el panorama del cine en México es complejo, ya que no muchos desean invertir en capital de riesgo. Son pocas las películas que logran recuperar la inversión. “La película de Eugenio fue un caso excepcional, ya que logramos la reinversión. Lamentablemente el modelo del cine mexicano no es muy adecuado porque está controlado por muy pocas manos: el productor es el primero que invierte y el último que recupera”, expresa.

A la fecha, Mónica Lozano tiene en su repertorio 40 producciones mexicanas y asegura que a pesar de las condiciones, mantiene sus deseos de seguir produciendo en el cine nacional.

 

 

No se aceptan devoluciones… ni actores de televisión

Durante 12 años Eugenio Derbez imaginó, escribió y desarrolló la idea de su película, hasta que finalmente en 2013 su idea se vio concretada cuando llegó a las salas de cine de Estados Unidos, México, Europa, Taiwán y América Latina Latina, donde rompió récord en taquillas de Colombia y Ecuador.

Hace más de una década, Francisco González Compeán, productor ejecutivo de Amores perros, le propuso realizar un proyecto de manera conjunta, a lo que Derbez respondió que él quería hacer una película como La vida es bella.

El actor mexicano estaba convencido de que quería desarrollar algo diferente a lo que hacía en la televisión, para ser tomado en cuenta como actor de cine.

Transcurrido casi un año y al no obtener respuesta Derbez relata: “Francisco me dijo ‘Te voy a ser brutalmente honesto. Cada vez que menciono tu nombre en una junta, los directores y productores de una película me ven con cara de cómo voy a meter a Ludovico Peluche o al Lonje Moco en mi película’. Cuando Francisco me dijo esto, me di cuenta que tenía que hacer mi propia película, porque si yo no me daba trabajo nadie me lo iba a dar. Ahí es donde me senté con mis escritores a desarrollar el guión de No se aceptan devoluciones”.

Derbez asegura que si se le presentara la oportunidad de volver a hacer cine en México preferiría construir un recinto cinematográfico, realizar comerciales, conferencias o shows por las ganancias que estos negocios dejan.

Actualmente ha recibido diversas ofertas para dirigir y actuar en películas en Estados Unidos, mercado donde tiene la mirada puesta y a donde le gustaría incursionar. Señala que hasta el 2015 o un poco más suspenderá sus proyectos en teatro y televisión en México para ir a probar suerte al país vecino.

“Ahora entiendo por qué gente como Cuarón, Del Toro o Iñárritu hacen cine fuera del país. Aquí en México es muy difícil la industria. Es muy triste pero así es. Tengo la oportunidad y prefiero trabajar en Estados Unidos, si las cosas no se dan y tengo que regresar al esquema de México, regresaré, pero ahorita intentaré hacer cine fuera de México”.

 

Como empresario, Derbez es un gran actor…

Derbez tiene una fórmula de comedia infalible: sus personajes. Estos son la conjunción de sus amigos, su familia y las personas cercanas a él. Asegura que podría pasar por introvertido en las fiestas, pues le gusta observar a las personas y tomar sus gestos para después plasmarlos en una nueva creación.

Mantenerse vigente en una industria tan cambiante como el entretenimiento lo ha llevado a evolucionar y arriesgarse en otros sectores fuera de su carrera, donde no le ha ido precisamente bien.

Hace años un amigo le dijo que hicieran un restaurante en San Francisco, California, establecimiento que nunca conoció, después fue socio durante cuatro años de la cadena de restaurantes Moshi Moshi y Nanda-Yo, de los cuales obtuvo una utilidad neta de 17,000 pesos.

En el sector de la construcción también incursionó y en la industria editorial, donde expresa que tampoco le fue bien.

“Todo lo que tenga que ver con invertir dinero fuera de mi carrera me ha ido muy mal. Un día mi contador me dijo: ‘Eugenio el único negocio que funciona y que te ha funcionado durante toda tu vida se llama Eugenio Derbez. Deja de invertir en casas y restaurantes e invierte en ti’. El único negocio que me ha funcionado soy yo porque estoy, en los demás solamente doy el dinero, pero no estoy”.

Las historias de Eugenio Derbez han sido de perseverancia y asegura que hay un principio que ha regido su vida: no pedir trabajo, sino darlo. “El día en que llegué al cine y en lugar de pedir un papelito o una película llegué con un guión que se llamaba No se aceptan devoluciones, ese día me cambió la vida. Ya entendí que no tienes que estar tocando puertas y pidiendo trabajo, tienes que ofrecer trabajo. Pedir todo mundo lo va a hacer, pero ofrecer no cualquiera”.

 

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