No basta contar con el capital humano correcto, es necesario que sea bien dirigido y desarrollado por su capitán. Por eso, el CEO y los diferentes niveles directivos de la empresa deben desarrollar habilidades de coaching.

 

 

En esta temporada del año es recurrente ver en las noticias información sobre equipos deportivos que gastan importantes sumas de dinero por hacerse de los servicios de atletas de élite, con el fin de reforzar su plantel, ser competitivos, satisfacer a sus seguidores y cumplir el objetivo de ganar el título y ser el mejor de su liga.

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Para esa tarea, se reúne el director técnico —encargado de mover los hilos del equipo— con los directivos de la institución para presentar un proyecto que cumpla con las exigencias deportivas y las metas establecidas durante la temporada, qué jugadores comprar, qué elementos están transferibles, dónde se realizará la pretemporada, duelos amistosos, compromisos con los patrocinadores, entre otras actividades a cumplir.

Pero una vez armado el plantel con grandes jugadores, probados por sus habilidades y talento, en algunos casos durante el desarrollo de la temporada no se dan los resultados, no llegan las victorias, no se cumplen los objetivos y parece que los atletas han perdido el toque y la pasión por su camiseta. La calidad no está en duda, pero entonces surgen las preguntas: ¿El equipo está bien dirigido? ¿El timonel está aprovechando al máximo su potencial, tanto individual como en grupo? De no hacerlo, se traduce en pérdidas económicas y fracaso.

Este escenario no dista mucho del mundo corporativo, ya que las compañías buscan cada año armar un equipo directivo competitivo, con elementos talentosos y comprometidos que ayuden a alcanzar sus objetivos de negocio. Pero no basta contar con el capital humano correcto, es necesario que sea bien dirigido y desarrollado por su capitán.

Es por eso que el CEO y los diferentes niveles directivos de la empresa deben desarrollar habilidades de coaching para dirigir a sus equipos de trabajo y desarrollar su máximo potencial. Al ser un término que viene del mundo del deporte, el coach tiene habilidades y competencias en los campos de la observación y la escucha. El perfil de un buen coach incluye ser positivo, directo, observador, entusiasta, confiable, orientado a la meta, paciente, claro y seguro.

Al tener una visión analítica del grupo y de los individuos, establece una radiografía e identifica lo que le está faltando al equipo para alcanzar el resultado deseado. Además, al aprender y desarrollar la escucha profesional permitirá hacer las preguntas correctas y recibir las respuestas para aclarar y comprender a su equipo de trabajo, con la ventaja de no pensar por ellos o malinterpretar. Se minimiza la sordera profesional, ya que no es lo mismo oír que escuchar.

De esta manera, el coach detecta en los ejecutivos o equipos qué competencias, cualidades o habilidades no se están poniendo “en juego”, con el fin inspirarlos a través de compromiso, seguimiento y supervisión para que las apliquen y desarrollen, así como acompañarlo en su proceso de aprendizaje y entrenamiento.

Dentro de los beneficios de aplicar el coaching se encuentran la mejora en el trabajo en equipo y las relaciones entre compañeros de trabajo, mayor satisfacción por el empleo, disminuye los conflictos, se establece una política de confianza y responsabilidad dentro de la empresa y con los clientes, se facilita la retroalimentación y se aprende de ella, desarrolla el liderazgo, así como conocer las áreas de oportunidad y cómo capitalizarlas.

En resumen, el resultado de un proceso continuo de coaching corporativo son ejecutivos que no sólo saben hacer correctamente y con excelencia su función, sino que amplían sus competencias para obtener desempeños que ayer eran imposibles imaginar y, por consecuencia, se cumplen los objetivos de negocio de la compañía.

Dentro de mi carrera profesional he estado bajo la dirección de más de 100 gerentes, de los cuales sólo 12 impactaron e inspiraron mi vida profesional, al retarme y tomarse un tiempo para compartir su conocimiento y experiencia en beneficio de mi trabajo y crecimiento profesional.

Como diría el politólogo estadounidense Jonathan Pool, “la mayoría de los profesores enseñan hechos, los buenos profesores enseñan ideas y los grandes profesores enseñan cómo pensar”. Esa es la tarea del coach, ser ejemplo dentro y fuera de la cancha y mostrar el camino hacia el éxito y el logro de los objetivos. ¿Usted, está listo para ser el timonel que inspire al equipo a ir más allá de sus metas?

 

 

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