Es el coleccionista de arte más importante de América Latina, con un acervo de más de 2,000 piezas. El heredero de uno de los imperios empresariales mexicanos más importantes afirma que la promoción del arte genera dividendos, pero, sobre todo, una incomparable felicidad.

 

 

“Do I hear 107 million dollars? 107 million dollars there. Anybody else? No? For the historic sum of 107 million dollars. Sold!” La emoción podía palparse con los dedos.

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Doce minutos bastaron para que un golpe de martillo determinara el curso de una compra millonaria. Era 2012 y El grito (1895), la obra maestra de Edvard Munch, fue vendida en 107 millones de dólares (mdd), colocándose así como la obra más cara jamás licitada en la casa de subastas Sotheby’s (al inicio de la puja, ésta se tasaba en 40 mdd).

Esa misma adrenalina que fluyó a raudales por las venas de los coleccionistas fue la que sintió Eugenio López cuando asistió a su primera subasta en Sotheby’s. “Recuerdo que quedé paralizado por la energía de la escena y la velocidad con la que una obra subía de precio en una marea de manos a la alza. Pensé: ‘Si alguien va a pagar esa cantidad de dinero, tiene que haber algo.’ Nunca olvidaré ese momento. Me dije: ‘Esto es serio, tienes que aprenderlo muy bien.’”

Y, como del dicho al hecho hay un paso, Eugenio desembolsó 80 mdd de la fortuna familiar para construir la Colección Jumex, el acervo privado de arte más grande de América Latina que aglutina alrededor de 2,000 piezas, incluyendo a muchos de los maestros americanos y europeos, desde Cy Twombly a Jeff Koons o Damien Hirst.

“El Medici mexicano” es heredero de Eugenio López Rodea, fundador de Jumex, una de las compañías productoras de jugos más grande de América Latina, que exporta a más de 15 países y registra ventas anuales que superan los 1,000 mdd. “Los artistas se han vuelto un bono canjeable”, afirma Eugenio López, en entrevista con Forbes México.

 

Es uno de los grandes mecenas

De nuestro tiempo. Así es como Jeffrey Deitch, ex director del Museo de Arte Contemporáneo (MOCA) de Los Ángeles y del New Museum de Nueva York, define a Eugenio. Algo hay de razón en ello: en 1994 abrió la Chac Mool Gallery en Los Ángeles, donde impulsaba a artistas de América Latina; después pasó a formar parte de la junta directiva del MOCA, donde también fungió como vicepresidente en 2013.

Para educar el ojo, Eugenio supo que debía viajar. La galería Saatchi, en Londres, le inspiró, dado que era un espacio de dimensiones industriales; un ambiente que le recordaba la fábrica de Jumex. Para entonces, sus hábitos de compra empezaban a tomar un toque poco común, ya que no mostró interés por muralistas mexicanos como David Alfaro Siqueiros o Diego Rivera. Su pulso, en cambio, se aceleraba observando a artistas como Damián Ortega (1967), autor de Cosmic Thing (2002), un Volkswagen escarabajo de 1976 desensamblado que parece explotar en el aire perpetuamente, pieza por la que pagó 500,000 dólares.

“Un artista es aquel que hace lo que realmente quiere hacer, en cualquier sentido”, sentencia Eugenio, quien reconoce que el mercado del arte no es una ciencia exacta, sino todo lo contrario: “Hay artistas que se van a precios estratosféricos en una subasta. ¿Qué los sostiene? Sólo dos personas que compiten ferozmente por una pieza. Como sea, no puedes quitarle el valor monetario a una obra, ya que sin éste no vive la galería ni el curador, y no trasciende el arte.”

Eugenio hizo su adquisición más inteligente a principios de la década de 1990, cuando compró la obra del artista conceptual mexicano Gabriel Orozco (1962). Poco después, la carrera de Orozco despegó. ¿Casualidad o visión? Hoy podemos encontrar una impresión digital del artista, firmada y fechada, en Morton Casa de Subastas en México, por 150,000 pesos.

“Me considero coleccionista pero debo pensar como un empresario”, sostiene Eugenio. “Debo tomar decisiones inteligentes y estar atento a lo que está sucediendo en los negocios. Cuando gastas mucho dinero en una subasta tienes que asegurarte que no estás tirando la fortuna a la basura. No me gusta el riesgo y no me endeudo. Tampoco acepto préstamos de casas de subastas.”

Digamos entonces que no estamos necesariamente frente a un inversionista de alto riesgo: compra porque le gusta la obra, y luego mira el nombre. Aunque es reacio a dar números, afirma que lo que ha invertido en arte, lo ha triplicado. “La clave de un buen coleccionista es el amor. El dinero no te asegura tener buena colección. Yo no pongo mi dinero en cosas que no entiendo.”

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Foto: Adrián Burns.

 

Jumex es una empresa 100%

Mexicana y es considerada como la segunda empresa más importante en su segmento (jugos y néctares) en el país. Algo caracteriza al sector en el que se desenvuelve: la ferocidad de sus competidores, tomando en cuenta los atractivos niveles de rentabilidad y grandes oportunidades de crecimiento que ofrece este mercado.

De acuerdo con datos de Euromonitor, al cierre de 2013 el mercado de jugos y néctares en México está liderado por tres grandes jugadores, mismos que representan 43% del volumen de ventas del mercado. En primer lugar está Jugos del Valle, con 15% del volumen del mercado, empresa que en noviembre de 2007 fue adquirida por un grupo de embotelladores del Sistema Coca- Cola en México, y The Coca Cola Co., lo que potenció la marca a nivel nacional al contar con una amplia red de distribución.

El segundo jugador es Jumex, con 14% de participación. En 2013, Jumex realizó una alianza con el grupo de embotelladores de PepsiCo, para comercializar Jumex Fresh, lo que le ha generado buenos resultados.

En tercer lugar se ubica Grupo Lala, empresa productora de leche que ha entrado a la categoría de jugos y que por su amplia red de distribución ha capturado 13% del mercado.

Dadas las perspectivas del consumidor en México hacia productos más saludables, la expectativa de crecimiento para Jumex en México y en los mercados que participa pretende tasas de crecimiento de doble dígito. Las cifras de Euromonitor consideran que el mercado de jugos tendrá una tasa de crecimiento promedio de entre 4% y 5%, hasta alcanzar un volumen de 5.3 billones de litros en 2018.

Al margen de las expectativas, Eugenio López —quien estuvo al frente del área de mercadotecnia de Jumex durante 11 años— prefirió dejar en manos de su primo Manuel Martínez la dirección del negocio, y asumir “en serio” la promoción del arte. “Llegué a un acuerdo con mi padre y ahora trabajamos juntos pero desde otra perspectiva, viéndolo como un negocio menos familiar.”

Así, siguiendo los principios más elementales de la mercadotecnia (que, al final del día, buscan la multiplicación de las ventas), Eugenio tiene presente que su vinculación con el arte le aporta positivamente a su empresa, aunque también reconoce que ésta tiene que ser exitosa por sí misma. “[La colección] no va a traer ventas a Jumex. Sí es un complemento, pero no es un elemento lucrativo.”

El Museo Jumex busca constantemente patrocinios y ofrece becas para ayudar a los creativos mexicanos, aunque no falta alguna que otra decepción cuando se descubre la picaresca juvenil que convierte las becas en unas vacaciones pagadas en Nueva York.

Anécdotas aparte, Eugenio persiste en su voluntad de acercar las obras al público. “El arte contemporáneo crea interés en todos los niveles sociales. Mi gran acierto ha sido llamar la atención de gente de todo el mundo, que se interesa por la Colección Jumex. Hasta en la ciudad más remota hoy saben qué es la Colección Jumex.”

 

¿Cuál es la clave para proyectar a un artista?

No comprándole su obra, a menos que haya un intermediario de por medio. Comprar directo del artista es lo peor que un coleccionista puede hacerle al propio artista, porque es una galería con músculo financiero y contactos la que lleva a un artista a ferias internacionales.

Eugenio lo explica con una anécdota: “Hace tres años pasaba unos días en Londres, y cada día que volvía al hotel veía una galería que mostraba una exposición. Al final me di cuenta que era obra de Gabriel Guzmán. Entré a la galería y compré obra. Me preguntaron por qué compraba esa obra en Londres cuando la podía comprar en México. Muy simple: si no apoyo en Londres a un artista mexicano, el galerista no le dará espacio otra vez en un futuro.”

Para Eugenio López, la cadena de valor del arte debe tomar en cuenta tres eslabones: al artista mismo —que debe ser reconocido por sus pares—, a los curadores de los museos —quienes llegan a rechazar precios desorbitados por algunas obras— y, finalmente, a la galería.

Él encarna al tercer eslabón, y en ese papel celebra la primera exposición en América Latina de Cy Twombly, pintor estadounidense complejo incluso para los iniciados del arte del periodo de la posguerra. “No puedo creer que Cy esté entre las paredes de Jumex.”

¿Qué pinta el futuro? “La vida cambia en un abrir y cerrar de ojos. Si las cosas salen como uno espera y tomo decisiones inteligentes, espero que el museo tenga un gran patrimonio”, dice Eugenio. “Vivimos en países con una inestabilidad fluctuaria en la moneda, que influye a la hora de tomar decisiones, pero tenemos muchos proyectos en mente.”

Entre sus planes está crear un fondo para que la aventura que inició quede en manos de “gente honrada”, que vele por el futuro de la Colección. “Para ser relevantes tenemos que traer cosas que no se hayan traído al país todavía y seguir apoyando a los jóvenes. Por ejemplo, hacer catálogos ¡es importantísimo! Hay que fijarse en las mejores plataformas existentes y seguir su ejemplo.”

En noviembre de 2013, a la inauguración del Museo Jumex asistieron 800 personas procedentes de todo el mundo. “Espero que esta semilla dé resultados. Si de aquí a 10 años traemos las exposiciones más relevantes del mundo y logramos atraer al público, entonces sabré que he hecho algo significativo. O si alguien becado por Jumex termina trabajando de curador en un museo de Berlín, podré sentirme satisfecho.”

Eugenio se rebeló y decidió dedicar sus horas a visitar museos y galerías y no a pensar estrategias de marketing. Hoy, su persistencia y ojo para elegir a los artistas y obras adecuadas se manifiestan en un volumen de hormigón blanco que suscita comentarios en los círculos artísticos más respetados. Ahora, el consolidado mecenas tiene en mente construir la biblioteca Jumex en Polanco, en un lugar muy cercano al museo, para mostrar su acervo de catálogos de arte contemporáneo. “Por supuesto, estará abierta al público. Es muy importante dejar un legado.”

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Foto: Adrián Burns.

 

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