Por André Silva da Cruz*

Es ampliamente conocido que Brasil es uno de los países más difíciles del mundo cuando se trata de trasladar bienes y servicios a sus fronteras. Si alguna vez ha intentado exportar a Brasil, entonces está muy familiarizado con la cantidad interminable de papeleo y la burocracia que se requieren para las importaciones de su empresa. Brasil no solo tiene algunas de las tasas de derechos más altas del mundo, sino que también tiene algunos de los requisitos de documentación más estrictos, por ejemplo, las facturas comerciales deben firmarse con tinta azul. Además, Brasil depende en gran medida de las carreteras, ya que carecen de ferrocarriles, lo que provoca un sinfín de cuellos de botella cuando se trata de transportar mercancías.

En el Índice de Libertad Económica del Patrimonio, Brasil ocupa el puesto 153 entre 180 países. En el índice ICC, Brasil está clasificado como 69 entre 75 de las economías del mundo. Se podría decir que el aislamiento comercial brasileño comenzó en la década de 1990 y, durante casi 30 años, la política exterior de Brasil se ha basado en la premisa de que la importación es perjudicial para la economía. Estas creencias han impedido que Brasil participe y negocie en algunos de los acuerdos comerciales más grandes hasta la fecha.

Este posicionamiento ha dejado a Brasil muy por detrás de algunos de sus países vecinos en lo que respecta a la integración internacional. Las exportaciones brasileñas en virtud de acuerdos comerciales solo alcanzan alrededor del 8% de los consumidores del mundo, en comparación con el 57% para México, el 74% para Perú y el 83% para Chile.

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Teniendo en cuenta estos antecedentes, será interesante ver lo que el nuevo presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro aportará a las políticas comerciales internacionales de Brasil. En el manifiesto del nuevo presidente, se concluye está decidido a romper con creencias proteccionistas y empujar a Brasil a convertirse en una de las cadenas de valor de suministro más grandes del mundo. Según el manifiesto de Bolsonaro, él planea crear una nueva era para Brasil, donde los acuerdos comerciales con importantes actores globales se convertirán en realidad. Bolsonaro cree que facilitar el comercio con Brasil será una de las formas más efectivas de promover el crecimiento económico a largo plazo del país.

La evidencia sobre este nuevo concepto es sólida al considerar que otros países tienen más dinero. Estados Unidos es un excelente ejemplo, según el Banco Mundial, con un tipo de derecho de importación promedio en Estados Unidos del 1.67%; una de las más bajas del mundo, mientras que su PIB per cápita es de 59,531.66 dólares. En comparación, Brasil, tiene una de las tasas de derechos de importación más altas del mundo. El promedio de Brasil es de 8.01% con un PIB per cápita de 9,821.41 dólares.

Un resultado adicional de la falta de políticas comerciales abiertas de Brasil ha sido evidente en su capacidad para competir en segmentos de alta tecnología. Según el Banco Mundial, la proporción de productos de alta tecnología exportados por Brasil en 2016 (últimas estadísticas disponibles) representó el 30,43% del total de las exportaciones brasileñas. En comparación con algunos de los países más abiertos del mundo: Canadá (69,57%), Emiratos Árabes Unidos (83,09%), Estonia (84,36%), Reino Unido (87,77%), Irlanda (90,82%), Singapur (96,08%) y Suiza (96,77%), podemos concluir que existe una relación estrecha entre la libertad económica y el desarrollo.

Lo que Bolsonaro aporta a Brasil es su creencia de que el país debe comenzar a cambiar las relaciones de Brasil con países como Estados Unidos, Israel e Italia. En América Latina, la promesa de Bolsonaro es profundizar la integración de Brasil con sus vecinos democráticos para construir asociaciones mucho más fuertes.

Los países que en el pasado buscaron relaciones más cercanas con Brasil, pero que fueron rechazados por razones políticas y el costo de hacer negocios en Brasil, debido a las altas tasas de aranceles y aranceles de importación, tienen mucho que ofrecer en términos de intercambio, Ciencia, Tecnología, Innovación, Educación y Cultura. El manifiesto electoral de Bolsonaro lo ha reconocido y está decidido a cambiar la dirección de Brasil hacia relaciones y acuerdos bilaterales más abiertos.

Debemos tener en cuenta que un país como Brasil, que se ubica entre las diez economías más grandes del mundo, no puede seguir siendo clasificado entre países como Afganistán y Uzbekistán en el ranking mundial de libertad económica. Con la presidencia de Bolsonaro, se espera que Brasil esté más integrado al resto del mundo económico y que se implementen medidas sustanciales que no sólo promoverán el crecimiento económico para su mercado interno, sino también para el comercio internacional.

*Gerente de Tratados de Libre Comercio en Thomson Reuters, especializado en tratados de libre comercio y cumplimiento comercial con una licenciatura en Comercio Exterior y Derecho y un MBA en Negocios Internacionales.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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