Por Matthew Herper

Durante años, Michael Becker fue uno de los ejecutivos de medicamentos que navegaban entre enjambres de oncólogos en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica, donde 40,000 personas se reúnen cada año para hablar sobre los medicamentos más populares contra el cáncer. Este año regresó, pero fue muy diferente. Esta vez habló con un público de ejecutivos de medicinas como un paciente que vivía de tiempo prestado.

Becker ha estado en una cruzada personal para crear conciencia sobre el virus del papiloma humano (VPH) que causó el cáncer que probablemente lo matará, posiblemente pronto. “He elegido tratar de encontrar una manera de hacer limonada con limones”, dice. Parte de su viaje, además de un blog y un libro ampliamente leído, A Walk With Purpose, fue abrir su vida a Forbes, lo que nos permitió ingresar a su casa, jugar con su perro y asistir a su última sesión de quimioterapia, después de que decidió suspender su tratamiento de cáncer.

“La forma en que Michael ha utilizado su experiencia para educar a los demás ha sido increíble”, dice Brad Loncar, fundador del ETF Cancer Immunotherapy, que conoce a Becker desde hace seis años. “Su franqueza sobre vacunar a los niños contra el VPH salvará vidas”.

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Becker dice que está “frustrado” al saber que el 60% de los niños no reciben todas las dosis de la vacuna Gardasil, lo que podría evitar que contraigan el tipo de cáncer que podría matarlo. 30,000 cánceres, principalmente en la garganta y el cuello uterino, son causados por el VPH cada año. Pero no ha limitado su nueva voz ante el VPH. También se ha convertido en un vocero opositor de la ley “right to try” recién firmada por el presidente Donald Trump, que busca brindar acceso a medicamentos experimentales a pacientes con enfermedades terminales como él.

Después de pasar su vida trabajando para desarrollar nuevas medicinas (nunca lo consiguió), éstas le fallaron a Becker. Se abrió camino en un ensayo clínico de una droga experimental, pero los efectos secundarios eran insoportables ya que uno de sus pulmones estaba lleno de líquido y necesitaba un tubo para drenarlo. Después de eso, tuvieron que convencerlo para que probara la quimioterapia, lo que, de hecho, hizo que sus tumores, que se habían extendido a sus pulmones, se encogieran. Él es una prueba viviente, dice, de que incluso un experto puede ser seducido por la promesa de una droga experimental, incluso cuando hay una mejor alternativa. “Las empresas que son menos que éticas podrían promocionar medicamentos para los pacientes de una manera en la que hoy se les prohibe hacerlo”, dice.

La quimioterapia redujo sus tumores al principio, pero finalmente se detuvo y Becker decidió que no podía soportar sus crecientes efectos secundarios. Hizo un viaje con sus padres a Lake Louise, y luego recorrió cinco millas y media de la ruta de los Apalaches con su perro querido, Humphrey. Sin tratamiento se ve mejor. Su cabello volvió a crecer. Su cara tiene color. Él sabe que sus próximos escaneos pueden mostrar que sus tumores vuelven a crecer, pero dice que todavía no cree que quiera probar otro tratamiento. “Ya he pasado por tres terapias muy difíciles y prefiero la calidad de vida a la cantidad de vida”, dice.

Queremos agradecerle a Mike por permitirnos, y ahora a ustedes, entrar a su vida.

 

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