La situación de la economía mexicana comienza a empeorar por los efectos derivados de la pandemia. Inmersos en una doble crisis: sanitaria y económica, la economía mexicana comienza su desescalada con el pesimismo que deja el registro de empleo para el mes de abril. Un registro que, de acuerdo con los datos oficiales, deja en el país la friolera de 1.2 millones de empleos que, tras la incapacidad de generar actividad económica ante las medidas de distanciamiento social planteadas por el gobierno, han tenido que destruirse para garantizar la subsistencia de los negocios en el país.

Un dato realmente muy preocupante, pues el mercado laboral en México no solo se encuentra muy debilitado, sino que, como muestra la variación registrada durante los últimos años de nulo crecimiento económico, el mercado laboral en México sigue siendo un mercado débil e incapaz de soportar momentos en los que la economía se encuentra en una coyuntura delicada. Así, tal y como muestra el INEGI, con una Tasa de Participación Económica que ha registrado un descenso del 12,3%. De esta forma, dejando una participación en el mercado laboral equivalente a 45 millones de personas -en marzo 57 millones de personas-.

Así, con un descenso tan intenso de dicha tasa, la economía mexicana se ha visto duramente sacudida por el Coronavirus. Justo en un momento en el que el mercado laboral en el país comenzaba a dinamizarse y a generar empleo, la pandemia, en un escenario en el que las previsiones vuelven a arrojar tasa de crecimiento negativas para el futuro, ha acabado con todo lo generado hasta el momento. Una situación que, teniendo en cuenta las peculiaridades que muestra el país, en contraste al menos con otras economías, deja un escenario muy perjudicado para este, un escenario del que deberá recuperarse lo antes posible.

Y es que, cabe destacar los elevados niveles de informalidad en el empleo mexicano. Este tipo de empleo, dado que estamos hablando de empleos informales, no se recoge de forma clara y precisa en las estadísticas oficiales. Las aproximaciones tratan de estimar en cuanto se cifra el empleo destruido en el mercado informal, pero dichas aproximaciones, como su propio nombre indica, no dejan de ser lo que son. En 2018, estamos hablando de que la economía informal en el país, a la vez de supeditar cerca del 22% del PIB, empleaba al 56% del total de trabajadores en el país. Con estos datos, podemos hacernos una idea de lo que estamos hablando.

Por tanto, tal y como refleja la estadística, cerca de 10 millones de mexicanos, de los 12 millones que se han encontrado en situación de desempleo, estarían dentro de la economía informal. Es decir, habrían perdido su empleo, sin siquiera ser computados anteriormente. Esto es algo que no solo nos muestra una situación delicada por una pandemia que está sacudiendo duramente al país, sino que, de la misma forma, refleja, entre líneas, esa precariedad del mercado laboral mexicano. Así como, también, un reflejo de cómo el empleo que se está creando en el país, visto en el contraste que arroja la estadística, es un empleo de muy mala calidad, empleo precario; pues, como decíamos, estamos hablando de que cerca de un 84% del empleo destruido se encontraba en situación de informalidad económica.

Asimismo, la mayoría de  personas que contestó no tener un empleo durante el cuarto mes del año pasó a formar parte de la Población No Económicamente Activa . Esto ha provocado que, siendo así por primera vez en la historia, dicho indicador sea superior que, en contraste, el de la Población Económicamente Activa. En este sentido, mientras que el indicador que se recogía para la Población Económicamente activa fue de 47 millones de personas para el mes de abril, la Población No Económicamente Activa se ubicó en un nivel máximo que lo situaba en los 52.5 millones; reflejando así la drástica situación. 

Además, La Tasa de Subocupación en el país fue otro de los que más ha llamado la atención de los economistas. Pues estamos hablando de que esta pasó de 9% durante el mes de marzo, a un 25.4% en el mes de abril. Esto significa que más de 11 millones de mexicanos se encuentran en búsqueda de un segundo empleo para cubrir sus gastos. En este sentido, estaríamos hablando de que, en términos absolutos, dicha tasa sufrió un incremento de 5.9 millones de personas más para el mes de abril. Unos datos a los que, cabe añadir, debemos computarle el empleo que se está dejando de crear en el país. Pues, únicamente nos estamos fijando en la destrucción, pero no en aquel empleo que se está dejando de crear.

En este sentido, estamos hablando de una situación bastante compleja para la economía mexicana. Pues, de la misma forma que dichos contratos están suspendidos, la falta de medidas que garanticen el empleo deja en el limbo la posibilidad de que estos empleos, tras la reapertura de la actividad económica, vuelvan al mercado laboral de forma activa. De la misma forma que, dichos empleos, regresen como empleo formal y no como agregado a un empleo informal que, como recoge la estadística, arroja un nivel que, en contraste con las economías desarrolladas en occidente, resulta pasmoso ante la mirada de cualquier economista. Pues, pese a que ya sea la normalidad presente, estamos hablando de un mercado laboral que, a la luz de los datos, refleja unas carencias y una inseguridad tremendamente elevada.

Es momento de que México comience a recuperarse, pero que lo haga de una forma que, en aras de recuperar la economía y volver a crear empleo, se muestren incentivos a la contratación y a la reapertura de los negocios; todo ello, teniendo en cuenta que la incapacidad del país para suministrar inyecciones de capital público supone una limitación que otros países, por ejemplo, no tienen. Por tanto, el mejor incentivo, teniendo en cuenta el escaso fondo de maniobra para operar desde el sector público, debe ser el incentivo a la apertura de empresas, con ayudas en los pagos de impuestos y en la contratación. Pues en esta coyuntura, con una buena actuación, incluso parte del empleo que se está destruyendo en el mercado informal, cuando regrese, podría hacerlo como formal; pues los incentivos y los planes que promueva el Gobierno en este sentido podrían ser determinantes. Incentivos que, de la misma forma, traten de reforzar un mercado laboral que, de seguir así, seguirá destruyendo empleo en masa.

Por último, debemos tener en cuenta el deterioro de las cuentas públicas, así como el deterioro que están sufriendo las materias primas, así como toda fuente de ingresos en el país mexicano. Y es que, con una economía dependiente del comercio que no puede comerciar; con un empleo que deja de reportar beneficios fiscales al país; con unos ingresos de PEMEX muy alejados de los previsto; con una actividad económica prácticamente paralizada; así como una economía informal que se muestra excesivamente elevada; el país debe comenzar a retomar la situación, tratando de corregir desequilibrios que dejan al país en situaciones muy arriesgadas en momentos en los que la economía comienza a desacelerarse; máxime con un escenario de estancamiento, con previsiones futuras de contracción económica. 

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