El derrumbe de Pemex sigue, ahora en el aspecto más visible para la población: la bomba de gasolina. O, para ser precisos, las bombas sin gasolinas. Esas estaciones sean vacías, sin combustible, o bien con colas gigantescas. El desabasto en varios estados en días recientes muestra a la empresa en otra faceta de deterioro.

Un creyente en teorías de conspiración pensaría que el gobierno busca mostrar una impactante ineptitud para que la población espere a los inversionistas privados, nacionales y extranjeros, con los brazos abiertos. México, otrora una potencia petrolera, muestra hoy incapacidad hasta para surtir adecuadamente de gasolina a la población.

Ya son varios los días de desabasto en ciertas regiones y numerosos los pretextos que los altos funcionarios de la paraestatal han presentado tratando de explicar la escasez (y siempre prometiendo que el problema no tardará en solucionarse). Primero fue que el mal clima en Veracruz había obligado a cerrar el puerto de Tuxpan, después que “compras de pánico” habían llevado al desabasto. Que las tomas clandestinas habían impedido el flujo habitual de combustible también es bastante socorrido como motivo. Muy raro, pues se sabe que las extracciones ilegales son un problema recurrente desde hace años.

Algo de la escasez sin duda se explica por compras excesivas cuando se encuentra el necesario combustible, pero si algo causó ése pánico fue la propia paraestatal con sus fallas. La empresa no tiene en su página de internet un solo comunicado detallando el problema, aunque sí emitió uno el 26 de diciembre exhortando a la ciudadanía a no almacenar gasolina en recipientes como garrafones. La escasez de información, sin duda, es un elemento que amplía la potencia de cualquier rumor en redes sociales. Pero los rumores sin sustento se desvanecen, mientras que lo que difunden las redes son videos y fotografías de gasolineras cerradas o con colas gigantescas.

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Hay un problema estructural, que es la caída en la capacidad de refinación. Pemex ha reducido drásticamente las inversiones en dicho rubro, a la espera de poder atraer capitales privados que entren a dicha actividad (ojalá, aunque mucho habrá que ofrecer para interesar a posibles inversionistas). Mientras tanto, es más barato importar gasolinas. El problema, claro, es transportar lo que ahora se adquiere en el exterior. La producción de gasolina Premium ha caído de manera importante, lo que explica su escasez en semanas recientes (aparte del desabasto generalizado).

El elemento adicional, clave, está en la incertidumbre sobre la liberalización de los precios de las gasolinas durante 2017. La Comisión Reguladora de Energía publicó apenas el 21 de diciembre el calendario a seguir. Es entendible que muchas personas consideren que la gasolina escasea, además, porque podrá ser vendida a un precio más elevado en algunos días. Esto es, un acaparamiento con ganancia segura.

La ironía es que, de nuevo, la Reforma Energética ha mostrado que Petróleos Mexicanos no era un gigante industrial que necesitaba de libertad para despegar, sino una paraestatal ineficiente prácticamente quebrada. La liberalización en los precios de las gasolinas debe entenderse no como una medida de reforma para hacer más eficiente el mercado de combustibles, sino como una acción desesperada (y que será muy impopular entre la ciudadanía) para reducir las impresionantes pérdidas financieras de la paraestatal.

 

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