Con la bandera de una ardua defensa de la transparencia y el acceso a la información, para la opinión pública la trama en la que se ha visto envuelto Julian Assange pasó del mundo de los hackers y los activistas sociales al de las figuras políticas polarizantes, incómodas y que proponen como un dilema ético los matices de la libertad de expresión.

Assange es precursor de la posverdad, de la exacerbada necesidad de revelar secretos de Estado y de una opinión pública disruptiva y ávida de información.

La detención de Assange en la embajada ecuatoriana en Inglaterra, abre un nuevo capítulo en la trama de Wikileaks y Assange, pero conlleva dos nuevos puntos de conflicto. Por un lado, reaviva la confrontación entre dos regímenes, el de Lenin Moreno y el de Rafael Correa, y por el otro, retoma el principio de esta trama, el nuevo dilema ético del acceso a la información. Incluso la actual situación de Julian Assange, revive la participación de la actual presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas en la trama al retomar la oferta de la entonces canciller de darle un cargo diplomático a Assange con el fin de ayudarle a sortear las acusaciones que el gobierno británico tenía ya sobre el fundador de Wikileaks.

Más allá de las implicaciones propias del caso, hoy se pone nuevamente en tela de juicio la posible infiltración Assange en asuntos de seguridad nacional en diversos países, la violación de protocolos internacionales durante su estancia como asilado político de Ecuador en Inglaterra y sin duda alguna constituye un momento vulnerable para la libertad de expresión. Y con mayor fuerza, las acusaciones del gobierno de Lenin Moreno, en las que se afirma la vinculación entre el Mashi Correa y Assange para desprestigiar al actual gobierno ecuatoriano.

La sombra rusa también ha recaído innumerables veces sobre Assange y su equipo, pues dentro de las numerosas interrogantes que tendrá que despejar en las próximas semanas, está el constante cuestionamiento sobre su posible vínculo con el presidente ruso, pues hasta ahora, poco o nada se ha ventilado sobre temas militares o de interés nacional para ese gobierno.

En al menos siete años, este controvertido caso ha generado una amplia polarización y diversos frentes de debate y argumentación. Uno de ellos es la violación a los derechos humanos, y puntualmente la violación al derecho de expresión y libre prensa; también ha propiciado amplios grupos de apoyo, numerosos premios internacionales y nominaciones por seis años consecutivos al Premio Nobel de la Paz.

De darse la formalización de las acusaciones a Julian Assange y su criminalización como periodista extranjero por violar las leyes de secrecía estadounidenses, no sólo estarán fuera del orden constitucional y de cualquier precedente jurídico; sino que además constituirán en sí mismas un peligroso precedente para la libertad de expresión para los periodistas estadunidenses y podrían abrir la puerta a la conducción de investigaciones criminales hacia sistemas de noticias que actualmente son señalados de violentar las leyes de secrecía con el objetivo de hacer pública información vital para el interés público (y no necesariamente valiosa para el interés nacional).

 

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