La agencia de inteligencia estadounidense tuvo un presupuesto de más de 300 millones de dólares para sus operaciones, comprar gobiernos extranjeros e indemnizar a los sospechosos detenidos por error.

 

Por Nathan Vardi

 

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El informe sobre el programa de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA por sus siglas en inglés) para aprehender e interrogar a sospechosos de terrorismo dado a conocer por el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense documenta algunas horripilantes técnicas como la asfixia con agua que la CIA ha empleado durante años después de los ataques del 9/11. El informe extenso y detallado, que tomó cinco años para ser completado, también deja claro que hubo una gran cantidad de recursos monetarios involucrados en la construcción del programa, el que dependía de contratos con empresas del sector privado e implicaba pagos en efectivo.

En total, el informe afirma que el costo del programa de detenciones e interrogatorios de la CIA fue de “más de 300 millones de dólares en costos no relacionados con personal”. Una persona asociada al programa de la CIA en campo dijo a los investigadores del gobierno que el programa tuvo “más dinero del que creíamos ser capaces de gastar, pero resultó ser exacto”. El programa de la CIA fue ideado por dos psicólogos contratistas, retirados de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y quienes jugaron “un papel central en el funcionamiento, la evaluación y la gestión del programa de interrogatorios y detenciones de la CIA”, dice el informe.

Los dos psicólogos, James E. Mitchell y Bruce Jessen, fueron identificados en el informe bajo los seudónimos Grayson Swigert y Hammond Dunbar. Fundaron una empresa en 2005 con el fin de facilitar su trabajo en la CIA, en la época en la que la CIA efectivamente externalizaba las operaciones relacionadas con su programa de detenciones e interrogatorios, dice el informe. En 2006, la compañía obtuvo un contrato de la CIA por valor de más de 180 millones de dólares (mdd) y los contratistas recibieron 81 millones antes de que el contrato fuera rescindido en 2009. La CIA también proporcionó a la empresa y a sus empleados un acuerdo de indemnización como protección ante posibles demandas y ha pagado 1.1 mdd en el marco del acuerdo para cubrir gastos legales. La compañía contrató a ex agentes de la CIA y bajo el contrato la empresa proporcionó interrogadores, psicólogos operacionales y personal de seguridad en los lugares de detención de la CIA.

Pero los contratistas no fueron los únicos que recibieron grandes pagos bajo el programa reforzado de interrogatorios de la CIA. Según el informe “la CIA proporcionó millones de dólares en pagos en efectivo a funcionarios de gobiernos extranjeros” para lograr que esos gobiernos extranjeros acogieran y apoyaran los sitios de detención secretos de la CIA. Por ejemplo, el informe dice que un país que fue sede de un centro de detención secreto de la CIA rechazó la transferencia de Khalid Shaykh Muhammad, el arquitecto de los ataques del 9/11, pero la decisión fue revocada tras la intervención del embajador estadounidense en ese país. El mes siguiente, la CIA proporcionó más de 1 mdd a un ente no identificado en ese país, según el informe. Según un cable al que se hace referencia en el informe, “la estación de la CIA especula que el cambio de postura fue ‘al menos atribuible en parte… a nuestro regalo de XX millones….’” Según versiones, Khalid Shaykh Muhammad fue recluido por la CIA en Polonia y Rumanía antes de ser trasladado a Guantánamo.

Funcionarios de la CIA estaban muy conscientes de lo fácil que sería para ellos usar el dinero para conseguir que ciertos países facilitaran su programa de interrogatorios. “¿Te das cuenta de que puedes comprar [XXXXXXXX País] por XXXX dólares?”, dijo presuntamente un jefe de estación citado en el informe. Coincidentemente, los pagos a los funcionarios de gobiernos extranjeros para facilitar la tortura se produjeron al mismo tiempo que el Departamento de Justicia de Estados Unidos trabajaba en la mayor reforma a la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero en la historia, yendo tras de decenas de empresas estadounidenses que supuestamente habían hecho pagos a funcionarios de gobiernos extranjeros para fines comerciales. La sede de la CIA también alentó a las estaciones de la CIA a elaborar “listas de deseos” y a “pensar en grande” en cuanto a la asistencia financiera propuesta a los brazos de gobiernos extranjeros que podrían colaborar con el programa, dice el informe.

La CIA también proporcionó millones de dólares para construir y mantener centros de detención secretos en países extranjeros, entre ellos dos instalaciones que nunca se utilizaron. En 2002, la CIA proporcionó 200,000 dólares de financiamiento para la construcción de un centro de detención ubicado en Afganistán, aunque el informe no identifica el país. El informe denomina al lugar de detención como Cobalt, pero previamente se le ha denominado como Salt Pit. El gerente de Cobalt fue recomendado por la estación de la CIA en Afganistán para un “premio en efectivo” de 2,500 dólares por su “trabajo consistentemente superior” cuatro meses después de que un sospechoso de terrorismo, Gul Rahman, murió en las instalaciones después de haber sido encadenado a una pared de frío cemento.

Según el informe, los sospechosos de terrorismo que fueron detenidos por error recibieron indemizaciones después de ser puestos en libertad, y también fueron instruidos para no hablar sobre la experiencia. Por ejemplo, Sayeb Habib, Modin Nik Mahoma y Ali Saeed Awadh, recibieron pagos de la CIA después de haber sido mantenidos en confinamiento solitario, dice el informe. Como parte de un programa de entregas, el ciudadano alemán Khalid al-Masri fue entregado a un país no identificado, según el informe. Se le pagaron 14,500 en el momento de su liberación. La CIA también tuvo que pagar más de 1 millón a tres países terceros por la atención médica de los cinco detenidos con enfermedades agudas.

Una persona relacionada con el programa de la CIA dijo a los investigadores del gobierno que los pagos de más de 1 millón se hicieron sin ningún papeleo, en efectivo, y en cajas que contenían billetes de 100 dólares. “Nunca lo contamos. No voy a contar esa cantidad de dinero para un recibo”, dijo el individuo no identificado citado por el informe.

En un comunicado, el director de la CIA, John Brennan, dijo que la CIA reconoce “que el programa de detención e interrogatorio tuvo deficiencias y que la Agencia cometió errores”. Agregó que “la inteligencia adquirida por el programa fue fundamental para nuestra comprensión de Al-Qaeda y continúa dando forma a nuestros esfuerzos antiterroristas hasta hoy”.

 

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