O eso establecen diversos estudios realizados al respecto desde hace 5 años. La felicidad es un asunto complejo, plagado de diferencias culturales e individuales, ¿por qué, entonces, es posible ponerle un número?

 

Una investigación conducida durante el 2010 por la Universidad de Princeton reveló que si bien el dinero no compra la felicidad, ciertamente ayuda, por lo menos en el caso de aquellos con un sueldo anual de más de 75,000 dólares. El autor y Premio Nobel de Economía Angust Deaton enfatiza, no obstante, que no se trata del tipo de felicidad que los hace despertar con alegría en las mañanas, sino un sentido de plenitud, éxito y satisfacción con su vida en general.

Por su parte, el economista John Wolfers condujo un estudio similar el año pasado para actualizar la información al respecto. “La gente con mayor riqueza es mucho más feliz que aquellos con menos. Los países pobres son más infelices que los países ricos. Conforme los países se enriquecen, se hacen mucho más felices. La relación entre ingresos y felicidad es sumamente fuerte”, expuso en aquel entonces. “Sin embargo, no sé si es el dinero lo que los hace felices. (…) Tal vez sea la cantidad de oportunidades, la democracia, el respeto a la ley o tener mercados e instituciones políticas y sociales funcionales.”

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La felicidad es un asunto complejo, plagado de diferencias culturales e individuales, entonces, ¿por qué es posible ponerle un número de ceros? La simpleza de la correlación entre los conceptos es demasiada. ¿Podrá ser tan fácil? Principalmente tomando nuestro contexto sociocultural, en el cual se nos ha inculcado que, independientemente de nuestra posición socioeconómica, la felicidad va mucho más allá de nuestra capacidad adquisitiva.

Es comprensible que la falta de liquidez para cubrir las necesidades básicas cause un nivel de estrés significativo; sin embargo, también existen varios ejemplos de qué tan variado es el concepto de “necesidad”. Es posible que la felicidad en general tenga más que ver con expectativas y “querer más” que con el sueldo per se. Todos conocemos personas que ganan más que nosotros, y aun así no están conformes con lo que llega a sus bolsillos.

Si la felicidad pudiese ser reducida a una cifra, entonces ¿cómo explicar todas esas personas alrededor del mundo con pocos ingresos y niveles altos de felicidad? Nepal, por ejemplo. Es sorprendente lo poco que posee la población en general, y aun así se las arreglan para tener niveles más altos de alegría que muchos de nosotros. Ahora, tampoco hay que pensar que existe una reacción de causa-consecuencia con tener menos y ser más feliz.

Por supuesto, sería irrazonable pensar que el dinero no juega un papel crucial en la felicidad. El tener una cierta liquidez facilita el manejo del estrés, y estrés reducido influye en nuestros niveles de felicidad. Puede que exista una correlación, pero ¿qué tan clara y generalizable es?

Carl Richards, asesor financiero y autor de The Behaviour Gap, opina al respecto: “Podría ser que relacionar la felicidad al dinero sea parte de la continua obsesión que parecemos tener con medir, comparar y competir. Al momento seguimos sin contar con una unidad de ‘felicidad’, y no existe una manera estándar ni cuantitativa de medirla; sin embargo, si relacionamos felicidad con dinero, eso es algo que todos entendemos, y de esta manera se nos brinda una forma de comparar niveles de felicidad entre nosotros.”

Posiblemente sólo se trate de aceptar que entre más intentemos definir, medir y competir por la felicidad es mucho más difícil encontrarla.

 

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