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Andrés Contreras tiene apenas 19 años, pero su experiencia en el desarrollo de startups es causa de envidia para muchos veteranos de los negocios. Ésta es su historia.

 Este texto fue publicado originalmente el 27 de agosto. 

 

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Por Geizel Torres

Desde siempre fue un niño inquieto y no había aparato electrónico que se le escapara. En su natal Castilla-La Mancha no había mucha tecnología a la que pudiera acceder, pero aprendió a punta de armar y desarmar. A los 12 años se las ingenió para convencer a sus padres de apoyarle legalmente y poder instaurar su propio negocio de reparación de computadoras.

Andrés Contreras es hijo de un oficial de construcción y una ama de casa. A pesar de sus orígenes humildes, siempre tuvo muy claro que si quería alcanzar el sueño de ser un especialista de la tecnología, tenía que poner más empeño que nadie. “Siempre fui muy curioso y autodidacta, no tenía de otra. Aprendí haciendo”, dice. Con su nuevo negocio aparecieron las primeras piedras en su camino: como es costumbre la gente buscaba los servicios del chaval, pero gratis. A brincos y saltos consiguió juntar un capital para poner su segundo negocio (ojo que el muchacho no llegaba aun a los 15 años).

“Desarrollé una plataforma social, que al final se convirtió en mi proyecto de carrera. Este programa me permitía conectarme a la gente en un entorno más abierto de lo que hay actualmente. No era un microblogging como Twitter, ni tan desarrollado como Facebook, sino que tenía espacios personales para poder compartir archivos, pero con un enfoque más corporativo que de ocio social”.

Fue este programa que consiguió vender por unos 3.2 millones de dólares (más de 146 millonesde pesos de República Dominicana) a una empresa americana. Para cualquier joven de 15 años, tener semejante cantidad en los bolsillos era toda una hazaña; pese a la presión de su familia, Contreras prefirió reinvertirlo. Aquel refrán de que a la tercera es la vencida le jugó una mala pasada. A los 16 años, junto con unos socios, inició una empresa de análisis de redes sociales para temas de comportamiento humano, que quebró tras enfrentar problemas legales con ellos. “Cierta parte de la familia dejó de hablarme debido al incidente, pero es parte de la vida. Tienes que recuperarte y eso un emprendedor tiene que tenerlo claro”, afirma con rotundidad.

Relata la historia con tanta naturalidad que al final uno entiende su punto: “Antes no tenía nada, y ahora estoy igual. La sensación es que te quedas con lo que aprendes. Esta experiencia no te lo da ningún MBA ni ningún otro título que tengas. Es un “algo” que solo te da la calle, cuando estás trabajando con grandes empresas, hay que aprender a sobreponerte y seguir adelante”.

Esto no significa que no le haya afectado. “Te da fuerte, sin duda. Pero esa oportunidad me dio esperanzas y muchos sueños a futuro. Además, tu empresa es como un hijo porque es una idea en la que has puesto todo tu empeño y trabajo y cuando ves que se te va es muy doloroso”, reflexiona al final.

¿Qué hace un muchacho de 16 años después de este trago amargo? Había dos opciones, quedarse en su casa en España y seguir siendo el chaval que arregla computadoras o limpiarse las rodillas y volver a empezar.andres_contreras_foto_buena

Foto: Reynol Rosado. 

Lecciones de vida 

La oportunidad que se le presentó más adelante le cambió su visión sobre los negocios. Una tía suya fue a trabajar a Estados Unidos y él nuevamente convenció a sus padres de que le otorgaran la patria potestad para irse con ella a Los Ángeles.

En EU cursó la secundaria y dice que fue donde aprendió a aprender. Para él la falla del sistema educativo español tiene que ver con la memorización y no con el análisis, el modelo americano era más de razonar. A su parecer, esto contribuye a la formación del carácter, el poder de adaptación que tiene un individuo a las diferentes situaciones, volverse multidisciplinario y trabajar en equipo.

Aunque irse le abrió los ojos y cambió la forma en que asumió las lecciones que la vida le enseñó antes, lo cierto es que ya para ese entonces, Andrés tenía muy claro lo que quería en la vida: tener sus propias empresas siempre vinculadas a la tecnología, algo que a pesar de su talento, no ha sido nada fácil.

Para empezar, dice que las grandes empresas del sector tecnológico quieren que las startups trabajen de forma gratuita porque está la falsa creencia que es bueno trabajar a cambio de referencias para luego tocar las puertas de otros clientes. “A los emprendedores nos cuesta mucho plantarnos desde el primer momento y cobrar por nuestro trabajo”.

Otro de los retos más grandes que tienen las empresas nacientes es precisamente el capital inicial. Hay que aprender a sobrevivir durante los periodos que tardan en cerrar las negociaciones. “Pueden pasar seis o siete meses antes que las empresas decidan por fin adquirir tu producto y mientras tanto tienes que costear todas las operaciones”. Aquí es donde entran las tres famosas “F” de financiamiento de las startups: family, friends and fools (familia, amigos y aquellos “locos” que sin ser amigos o familia apuestan por tu proyecto).

Según Contreras, las startups que empiezan de esta forma tienen un alto índice de no llegar a materializar su proyecto, porque no son capaces de aportar el valor suficiente para que les paguen, no porque su proyecto sea malo, sino porque puede ser demasiado tecnológico y no tiene un punto de vista comercial.

Otra de las lecciones de oro del emprendedor es la gestión de las expectativas. Hay momentos de mucha euforia cuando llega el primer cliente y de altibajos cuando comienzan las negociaciones: los requerimientos cambian, no pagan a tiempo, no funciona el producto y realmente hay que tener cabeza fría para analizar cuál es la circunstancia de cada situación y saber ponderar cuáles son las mejores situaciones.

“Además, aprendes a comunicarle a la familia las cosas de una forma diferente para que no se hagan ideas en un futuro que a lo mejor no es como quieres y aprendes a manejar esas expectativas también con tus compañeros de empresa, pues en la mayoría de los casos quienes trabajan en tus proyectos lo hacen a cambio de acciones o como cofundadores. Generar falsas expectativas puede desembocar en una falta de motivación y eso hace peligrar a la empresa”, comenta Andrés.

Estas expectativas también influyen en las decisiones que debe tomar la empresa y que pueden tener su impacto a mediano o largo plazo. “Algunas veces hay que decirle que no a un cliente para no perder el foco de lo que estamos haciendo, o tal vez decirle que sí a un cliente que sabemos que va a pagar seis meses después porque podemos seguir el ritmo de lo que buscan. Las startups suelen abrir diferentes frentes y entonces la diversificación hace que no puedan enfocarse debidamente y que no sean capaces de trabajan en todos los proyectos que están ofreciendo en ese momento”.

Casi toda su formación en el mundo de los negocios ha sido a punta de “hacer” relaciones con los inversionistas, el mundo de las startups y todo lo que implica. Aunque se le nota cierto escepticismo cuando habla de la universidad, ha pasado por algunas con cierta particularidad. Las carreras que tiene han sido casi todas a distancia porque su estilo es autodidacta. Tiene un título en ingeniería en informática de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, que obtuvo cuando llegó de Estados Unidos. Después hizo un master en inteligencia artificial y visión por computadora en la Universidad Autónoma de Barcelona de forma semipresencial.

Aunque actualmente trabaja con multinacional japonesa NTT en el área de Innovación y Robótica, tiene tres proyectos personales en marcha: Datacean empresa de big data, otra de impresiones 3D y una tercera vinculada a los temas de neurociencia aplicada a los negocios y en cada uno de ellos se aloja la esperanza de que algún día podrá vivir enteramente de su propio trabajo. Y todo esto, ¡con 19 años!

 

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