Los motivos por los cuales la gente emprende son variados, pero hay una clase de personas que pasan por una montaña rusa emocional cuando inicia un nuevo proyecto, y eso los engancha, revela un nuevo estudio.

 

Por Karsten Strauss

 

Insomnio, obsesión, la exploración de tu entorno en busca de amenazas u oportunidades; momentos de triunfo exultante y euforia; baches de decepción y ansiedad, la vida de un emprendedor comprometido a veces puede lucir como la de un adicto. Para algunos, los picos y los valles de la vida pueden llegar a sentirse como un hogar, y a veces incluso convertirse en algo parecido a la adicción conductual.

Así lo afirma un reciente informe elaborado por April Spivack, de la Universidad de Wisconsin-Oskosh*, así como por los profesores de la Universidad de Syracuse Alexander McKelvie y J. Michael Haynie. Después de entrevistar a seis empresarios “habituales” razonablemente exitosos  de diversas industrias —habitual significa que podrían tener más de una empresa operando a la vez— los tres profesores postularon que los comportamientos de un vehemente emprendedor pueden reflejar los de otros tipos de adictos.

“Mientras hablábamos con los emprendedores,  en especial los habituales, comenzamos a escuchar un lenguaje que sonaba similar al de los adictos”, dice McKelvie, quien preside el Departamento de Emprendimiento y Empresas Emergentes en Syracuse. “(…) especialmente en términos de cosas como pensamientos obsesivos, el compromiso, la experimentación con la tolerancia de los recursos y la autoestima.”

La obsesión y determinación son elementos que se encuentran frecuentemente en el carácter de los emprendedores. Incluso pueden ser prerrequisitos para el éxito, pero cuando un fundador tiene éxito, el mundo exterior puede no ser tan crítico o incluso consciente de los negativos efectos secundarios de ese tipo de comportamiento.

Como emprendedor, el adicto conductual piensa constantemente acerca de su compañía. “Realmente no pueden apartar su mente de ello”, explica McKelvie. “Su práctica raya en la obsesión en la que no pueden pensar en otra cosa.”

Su misión de hacer despegar a la empresa y hacerla próspera se convierte en todo, y otros aspectos de la vida sufren por ello, de forma similar a lo que muchos llaman “adictos al trabajo”. Ellos se agotan y se sienten desconectados cuando no están en el trabajo. “Cuando no estás involucrado te sientes peor. Y ya que siempre estás involucrado y tienes estos pensamientos obsesivos, tienes relaciones más negativas. Lastima a la familia, lastima a los amigos, es una de esas cosas de las que hablas todo el tiempo, así que la gente termina cansándose de ti.”

Como cualquier adicción, cuando un usuario no está consumiendo, él o ella se sienten mal. En el caso de un emprendedor, los pensamientos inevitablemente vuelven a enfocarse en el negocio. “Tienes ansiedad y tensión.”

Cuando se les preguntó por qué sintieron un impulso tan grande para emprender, los individuos con los que habló Spivack describen haber tenido una emoción no muy diferente de la de un apostador. “Ellos se sentían mejor”, dijo McKelvie. “Tenían resultados fisiológicos muy claros, como aumento de la frecuencia cardiaca y la sudoración.”

También hay un elevador emocional en la resolución de problemas y la creación de algo. “Te sientes muy positivo acerca de lo que está pasando. Convierte la frustración y la ansiedad en sentimientos de alegría.” Lo que los sujetos del grupo de investigación tienen en común es que el dinero no es el objetivo, sino la experiencia y las sensaciones que experimentan mientras trabajan. En esencia, son adictos a los estímulos.

El trabajo de Spivack, McKelvie y Haynie no pretende ser un estudio definitivo de la naturaleza adictiva de los emprendedores habituales. Ellos dicen que aún se necesita más investigación. Es, sin embargo, el comienzo de una conversación acerca de si la montaña rusa emocional de la creación de emprendimientos puede llegar a ser, para algunos, un camino infeliz de obsesión y adicción. “Todavía no entendemos la adicción al emprendimiento”, dice McKelvie. “Mucho de esto genera buenas noticias y está cambiando al mundo. Se le presta una gran cantidad de atención a los logros sin comprender el potencial del lado oscuro.”

 

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